jueves, 18 de febrero de 2010

La fotocopia destiñe

Columna publicada el 13 de febrero de 2010 en ElEspectador.com

Como muchos de sus detractores, yo admiro al presiente Uribe. Lo admiro, claro, no por sus ideas sobre cómo gobernar este país sino por su magistral manejo del escenario.

Quedé particularmente anonadada al ver los videos del debate que se dio en la Tadeo el 3 de febrero. Uribe fue interpelado por una mesa de académicos, de mentes agudas y bravas, que no se midieron ni en la fuerza ni en la precisión de sus preguntas: "¿por qué un hombre de su prestigio y de su impresionante credibilidad política [...] aceptó cogobernar como parte de su coalición política con 9 de cada 10 parapolíticos?", preguntó Claudia López; José Fernando Isaza le dijo que "el 58 % de Colombia cree que la oposición no debe tener derechos", y preguntó si en esos casos rige el estado de opinión o el estado de derecho. De todo esto Uribe salió ileso y con aplausos, y sin contestar nada en realidad.

Habló de hechos, aunque no especificó cuáles, se hizo autopropaganda: "se necesitó que llegara este gobierno para que se develaran estos crímenes", "todo es anterior a mi gobierno, mi gobierno no ha sido indulgente con nadie", y coronó con un clásico, el "no se ofusque" pues es muy poco decente que alguien que no sea él se exalte.

El formato de defensa en el debate de Uribe es clarísimo: primero, apelar a la mala educación del oponente, como si los modales tuvieran más importancia que el debate; segundo desviar ese debate con argumentos ad hominem e intercalarse entre el papel de víctima y de salvador, porque claro, antes todo era peor. Eso, salpicado de "cercanía al pueblo" es decir, español chabacán, ha sido la fórmula estrella de este gobierno. Gracias a este formato, casi sin excepción, el atacante se termina defendiendo de Uribe, que se agarra a la palabra como un león.

No es extraño entonces que sus seguidores quieran imitar no solo sus ideas sino también sus estrategias discursivas. Andrés Felipe Arias nos dio esta semana una oportunidad perfecta para evaluar qué tan buen alumno ha sido: se enfrentó a Daniel Coronell en vivo, en la F.M., el 8 de febrero a las 6:06 am.

Dio pesar ver a Arias tratando de defenderse de Coronell. Probablemente no habría aceptado hablar con él de no haber sido por la encerrona de Vicky Dávila. El cuento era que Coronell, en su columna de Semana, acusaba a Arias de triangulaciones y triquiñuelas para financiar su campaña, con documentos de prueba, que pueden verse en la página web de la revista. Arias, como su maestro, decidió no responder directamente a la acusación del periodista y trató de desviar el debate acusando a Coronell de otra vaina, en este caso, de hacer un aporte a la campaña de Noemí en el 2002. Coronell lo negó, Arias dijo que tenía pruebas, y por internet anda rodando un papel en el que Coronell le da $728,037 a la campaña de Noemí, lo que, de ser cierto, no sería un crimen.

Coronell evidenció el truco, le dijo mentiroso, lo interrumpió, hasta logró que Arias especulara que el documento con que acusaba a Coronell podía ser falso. Así como Uribe le dijo a Natalia Springer "no se ofusque, permítame que usté ha hablao.", Arias le dijo a Coronell "calmese hombre que no le queda bien ese despliegue de furia ante los oyentes", y a eso se limitó su defensa porque lo repitió una y otra vez. Como si fuera poco, el debate comenzó con Arias cabizbajo, diciéndole a Dávila que Coronell tiene una ventaja porque "tiene su columna y él la usa" lo que solo puede ser risible en un país donde la pluma nunca ha sido más fuerte que la espada.

El argumento más fuerte de Arias fue tal vez el que afirmaba que todas las acciones de Coronell se debían al "odio que le tenía al presidente" a lo cual Coronell respondió que el interpelado aquí no era Uribe, sino él (Arias) y eso dejó claro que cuando Uribe dice "nosotros", se refiere a él mismo, mientras que cuando Arias dice "nosotros" también se refiere solo a Uribe.

Aquí es cuando uno dice ¡la fotocopia destiñe! Arias, al lado de su maestro, se ve realmente como un pequeño saltamontes, como un insecto brincador, y no entiendo como alguien así quiere darle continuidad a un gobierno cuyo poder reside en el carisma escénico de un presidente. Carisma que Arias no tiene.


La cartelera de los sapos

Columna publicada el 29 de enero en ElEspectador.com

“Hemos tomado una decisión, vincular a través de la Fuerza Pública a mil jóvenes universitarios de Medellín como informantes del Ejército” anunció el miércoles el presidente Uribe. Al parecer la delincuencia de Medellín, en la zona metropolitana, solo puede reducirse con la ayuda de un ejército de sapos.

Los primeros en pronunciarse frente a una medida tan atroz fueron los de la Asociación de Institutores de Antioquia, ADIDA, que agrupa a los docentes del departamento, quienes señalaron que esta medida pone a los estudiantes como blanco de los grupos criminales. Esto último es el problema más inmediato: unos estudiantes que por 100mil pesos van a arriesgar su vida y su buen nombre; como si Uribe pudiera pedir mil estudiantes a cien mil cada uno, y por esa módica suma hacerlos desfilar hacia el matadero, como si fueran ganado.

Según algunos candidatos presidenciales, como Martha Lucía Ramírez, la medida beneficiará a los estudiantes, que por estar sapiando estarán muy ocupados como para consumir drogas, y que por eso, la medida debía extenderse a las comunas, acaso un tris mas salvajes que el área metropolitana, quien quita que bandas de delincuentes y jóvenes sapos se autodestruyan y así el gobierno sale de ese problemita.

Un sapo es una persona que mete la lengua, pega la oreja y manda la mano donde no debe, y es tal vez de lo mas deplorable de la fauna humana. Hay una diferencia muy grande entre denunciar un delito y sapiarlo. Los denunciantes, actúan desde una motivación y una ética propias, su idea de bien es su única motivación, por lo tanto, es una motivación individual. A los sapos en cambio, no puede importarles menos si lo que informan es o no es un delito, lo que les interesa es su beneficio ulterior, esos cien mil pesitos que a duras penas alcanzaran para una rumba y un cuarto de motel, y en el mejor de los casos, para ayudar en la casa, aun cuando conviertan a su familia en blanco de la delincuencia.

Además, una cultura de sapos no es ni segura ni democrática. Genera desconfianza, paranoia, divide, glorifica eso de vender los principios al mejor postor, y el malo no es quien hace algo incorrecto según mis parámetros, sino quien contraviene a quien me paga. Ninguna cultura de sapos ha salido bien parada, invariablemente la gente termina acusando inocentes por los beneficios de la denuncia, pasó en la inquisición, ha pasado en varias dictaduras, y ahora pasará en Colombia, donde ser sapo, en realidad, solo paga para Manolo Cardona.

Infiltrarse es trabajo de los policías, los estudiantes deben estudiar, porque la educación y las oportunidades es lo que acaba con la delincuencia, no los señalamientos. Concentrarse en ser excelentes, en desarrollar un pensamiento crítico y propio, eso es lo que puede mejorar este país a futuro, pero este gobierno no solo no hace de la educación una prioridad sino que además interfiere con su buen desarrollo, porque muchos de esos sapos, no alcanzarán ni a pasar al tablero.



La Trampa es Armando

Columna publicada en la edición de febrero de 2010 de la revista SoHo.

En la azotea de un viejo edificio sobre la 85 queda Armando Records. Se dice que es el mejor bar de Bogotá, el más cool, el más play, el que salió reseñado en una revista neoyorquina por su originalidad, según un mito urbano que corre por ahí. Para ver si tanta maravilla es cierta pasé por allá un sábado por la noche con una amiga, Juanita. En nuestro primer encuentro con los bouncers, tal vez los personajes más memorables del sitio, nos dijeron que no podíamos entrar, que todo estaba reservado. Hicimos caritas, "pero, señor, somos dos niñas". Eso seguido de pucheros, los conmovió y nos dejaron pasar.

A medida que se acercaba la medianoche el sitio empezó a llenarse. La música tiene un volumen decente y se puede hablar, eso es vital porque aquí la gente quiere mostrarse; en el sitio pulula la farsándula publicitaria, que son como los únicos del gremio de carreras creativas que pueden pagar un cover de 15.000 pesos no consumible. Hay que decir que Armando es caro, y es un bar que pide que uno se emborrache, en parte, para que el discurso publicitario coja sentido y los chicos que invitan a tragos parezcan encantadores, y así poder ofrecer una sonrisa sincera al agradecer el refill de whisky.

Los que nos invitaron a tragos se alegran de que todo sea terraza, pues se puede fumar, y se quejan de que no haya datáfono. ¿Y qué es lo malo? Que a la entrada queda La Trampa Vallenata, nos dicen. De salida preguntamos a los bouncers de Armando, nuestros viejos amigos, que ya estaban dejando entrar a gente sin reserva, cuál era el criterio para negar o permitir la entrada. Después de insistir un rato uno confesó el secreto y es que a Armando no entra gente que entre a La Trampa Vallenata. Claro, es que en Armando, como en Bogotá, se está más cerca de las estrellas.

En La Trampa Vallenata, que queda un piso más abajo en el mismo edificio de Armando, no hay cover, y la gente baila pechito con pechito. Parecen felices. Las paredes sudan por el vaho propio de todo sitio de chucu chucu. La mayoría del personal es bien camisiabierto, y también nos invitan a tragos. En realidad nos dan la misma lora que los manes de Armando, con la ventaja de que si aceptas bailar con ellos, se callan.

La Trampa es consecuente y sincera con su propio concepto: un lupanar de vallenato en una calle poblada de menesterosos, ladrones y prostitutas de una ciudad desbaratada y sucia del tercer mundo. Con un bar play en el piso de encima.

Concluyo entonces que el nombre de los chuzos es intercambiable. En La Trampa, casi invariablemente se arma verguero, y Armando es una trampa, en la que cae incauto todo el que quiera inflar pecho, reafirmarse como un clásico de la fauna nocturna bogotana, a cambio de pagar un cover caro que no se justifica con ningún espectáculo más allá de la comedia de jóvenes sibaritas que se sienten en la terraza del mundo cuando bailan lo que estaba de moda hace dos años en Nueva York.armando en cuatro tragos.

Las instalaciones

El sitio es bonito, la terraza es amplia, tiene muchas chimeneas que lo mantienen calientito, acaso demasiado cuando el dancing está en su apogeo. Los baños están limpios y tienen papel, y no hay una señora mirándolo a uno sospechosamente, como en InVitro.

La música

Esta noche el DJ es Armando Gonzales, Armandito digámosle para no confundirnos. Nos contó que la idea de los dueños es que en Armando se ponga rock, en el set de Armandito hay mucho Yeah Yeah Yeas, The Ting Tings, The Killers, MGMT y algunos clásicos de los ochenta. El trago

Pedimos whisky, no había Sello Rojo y nos dieron Something. Al parecer ese es el trago más pedido, o al menos eso dijo la barman. Además del cucaracho, que es un shot de ron, licor de café y brandy, flameados. Un martini vale 16.000 pesos y una cerveza nacional, 7.000.

La gente

Recuerde bañarse y acicalarse. No lleve sombrero vueltiao ni camisa de flores. Cargue tarjetas de presentación, plata y tenga a mano una buena historia de cómo tuvo que decirle a un portero "¿Usted no sabe quién soy yo?" para camuflarse entre la pasarela.

Dirección: Cl. 85 N.O 14- 46, piso 4

Teléfono: 300 552 5430



El me pegó y se sintió como un beso

Columna publicada en la sección de Opinión de El Heraldo el 21 de enero.



El me pegó y se sintió como un beso” dice una famosa canción de 1962 escrita por Carole King y Gerry Goffin e interpretada por The Crystals (He hit me. It felt like a kiss.) “El me pegó pero no me hizo daño, no pudo soportar oírme decir que estaba con alguien nuevo, y cuando lo dije, me pegó y se sintió como un beso, me pegó y supe que me amaba, porque si yo no le importara no lo habría enfurecido, pero me pegó y se sintió como un beso”.

¿Qué lleva a las mujeres a dejarse pegar de un hombre? De entrada, uno diría que por bobas, pero no; hay muchas mujeres, supuestamente astutas, que son maltratadas. ¿Por inseguras?, ¿porque tienen poca educación?, ¿dependencia económica?, ¿emocional?; ¿qué lleva a las mujeres -para que un tipo se quede con ellas- a sentirse tan inferiores a un hombre como para aguantar daños físicos y morales ? Este no es un problema de mujeres poco privilegiadas, pobres, o con familias inestables. Creo que todas las mujeres nos hemos sentido ‘mermadas’ ante un hombre en algún momento. ¿Quién de nosotras, aún la más favorecida, puede decir que nunca, nunca, ha puesto a su pareja por encima de su propio bienestar? ¿Quién puede decir que no ha pasado una ofensa creyéndola una prueba de amor?

Muchas teorías feministas explican por qué los hombres le pegan a las mujeres y no por qué éstas se dejan pegar. La mayoría localiza el problema en la inequidad de género, en un sistema patriarcal y en la idea culturalmente arraigada de que la agresividad y la violencia son propias de lo masculino. Es así como las mujeres confundimos violencia (verbal o física) con virilidad. La sexualidad femenina puede llegar a ser cruel, perversa y masoquista, porque más allá de los traumas individuales, nuestro útero busca al macho Alfa, y nosotras lo confundimos con el que más grita. A todas nos ha pasado, desde la más rebelde hasta la más sumisa.

Casos como los de Alba Inés Reina Soto, Jennifer Paola Arboleda Cortés, Dolfay Rodríguez, Ana Luz Padilla Ponce, Claribeth Bayuelo Varela, Diana Orozco, Delma Goenaga y Clarena Acosta, algunas de las costeñas víctimas de un crimen pasional en los últimos años, me dejan perpleja. No porque me sorprenda que existan mujeres ‘que se dejen’, sino porque reconozco sus sentimientos en mí y en las mujeres a mi alrededor.

“Leela está experimentando la alegría de cualquier mujer: venerar a un idiota despreciable”, dice Bender en Futurama y me doy cuenta de que Leela, y yo, y muchas otras mujeres en el mundo hemos experimentado ese placer enfermo. No se trata de culpar a los hombres, nosotras jugamos con ellos el juego de la sumisión, no se trata de culparnos a nosotras porque tal vez todas las mujeres nos hemos sentido alguna vez inferiores frente a un hombre amado. Tal vez, ser mujer se trata un poco de sentir eso y superarlo. Pero quiero entender por qué lo sentimos. Decir que es problema de unas cuantas es decir que el sida sólo enferma a los homosexuales; es torpe e ingenuo.

Creo que las estadísticas y los perfiles psicológicos no explican el miedo o la reverencia que a veces tenemos frente a los hombres. Y sí queremos que eso mejore debemos empezar a preguntarnos qué es lo que todas tenemos en común que hace que alguna vez hayamos recibido un golpe, y lo hayamos sentido como un beso.

Felicidades pildorita

Publicado el 3 de febrero en el blog de ElEspectador.com

Hoy me encuentro en El Heraldo un texto de opinión sobre la píldora anticonceptiva escrito por, quien sospecho es un sacerdote barranquillero, José Manuel Otaolaurruchi, L.C.

El artículo es a propósito de que la píldora anticonceptiva está cumpliendo 50 años, una pepa que como él bien dice, inauguró un cambio en la vida de la mujer la familia y la maternidad. Bien señala el autor que la píldora permite que la mujer pueda controlar perfectamente su fecundidad, es decir, nos hizo dueñas de nuestros cuerpos, nos permitió decidir cuándo tener hijos y quién sería su padre, con un medio menos inverosímil que la abstinencia o la dependencia de que un man quiera ponerse condón.

Otaolaurruchi dice que “La píldora introdujo serios problemas éticos y morales en la sociedad de los que aún seguimos palpando su alcance y sus consecuencias. La píldora reforzó la cultura antinatalista que ya se venía gestando desde otras perspectivas políticas y económicas; rompió el vínculo entre sexualidad y maternidad, liberando una y sofocando a la otra; hipotecó el vínculo entre sexualidad y amor, pues expuso a la pareja a la práctica sexual sin mayor trascendencia que su uso, privándola del amor que es lo único que dignifica y humaniza el acto sexual; abrió la puerta a la infidelidad conyugal y los hijos comenzaron a encargarse a la carta, siguiendo las normas del consumismo materialista. ¡Felicidades ‘pildorita’!”

Pienso que la píldora no ha introducido problemas éticos o morales que no tuviéramos ya, antes de la píldora había infidelidad y sexo sin amor, al igual que después, pero gracias a la píldora este tipo de acciones no tienen consecuencias que repercutan en la vida de los demás. Sí, la píldora divorció el vinculo entre sexualidad y maternidad, y yo le doy las gracias, porque la sexualidad es necesaria y la maternidad es difícil, y cuando yo tenga hijos quiero que sea porque me siento preparada para ser mamá, no por un arranque de arrechera.

jueves, 21 de enero de 2010

La revolución en bata

Publicado el 16 de enero en la sección de Opinión de El Espectador y www.ElEspectador.com
SAPERE AUDE!, ES UN GRITO DE BAtalla. Tal vez no es tan pegajoso como ¡Adelante presidente!, pero es mucho más útil.

La expresión es de Kant y significa: “atrévete a servirte de tu propio entendimiento”. Kant, no era adepto de las revoluciones sudorosas o de las marchas, de hecho, él difícilmente salía de su casa, pero muchas veces un giro en la forma de pensar es más revolucionario que un desfile de camisetas blancas y puños al aire.

Sin el carisma de otros héroes europeos como William Wallace, Kant escribió un texto en donde dice qué es la Ilustración. La definió como un proceso público que implica cuestionamiento y crítica y que permite pasar de la minoría de edad a la mayoría de edad. Un menor de edad, para Kant, es alguien que, debido a su pereza y su cobardía, no hace uso de su propio entendimiento y prefiere que otros le digan qué hacer; por ejemplo el oficial (que dice ¡adiéstrate!), el consejero de finanzas (que dice ¡paga!) y el pastor (que dice ¡cree!). En cierta medida el texto es una rebelión contra Federico II, rey de Prusia, que dijo “razona lo que quieras razonar pero obedece siempre”.

Para pasar a la mayoría de edad es vital hacer un uso público y educado de la razón, preguntarse políticamente si uno realmente cree en la causa que defiende, y despegarse de andaderas como tutores o prejuicios. Para lograr la mayoría de edad o gracias a esta, se necesita o se adquiere “libertad” que para Kant puede ser civil (se provee) o libertad del espíritu, que se alcanza. Por eso, si un Estado no provee las condiciones para hacer un uso público de la razón, no hay libertad civil, y si sus habitantes están decididos a que otros piensen por ellos, la libertad de espíritu también es inviable.

Cuando escucho a alguien apoyar el tercer mandato de Uribe diciendo que nadie más puede manejar este país pienso en Kant, y en los votantes que a pesar de ser mayores de 18 son menores de edad, y necesitan un líder patriarcal que los defienda y piense por ellos. Aún si Uribe fuera una buena opción, muchos de los que lo apoyan piensan que la continuidad de su mandato mantendrá el país a flote y les permitirá desentenderse de tener que pensar, opinar, o criticar. Hay otros, claro, que apoyan el tercer mandato haciendo uso de su propio entendimiento; lo hacen porque les conviene, pero como casi siempre los beneficiados directamente son pocos, y la gran colectividad lo que quiere es alguien que los ampare en su flojera.

Son esos mismos menores de edad los que tienden a masificarse, a hacer lo que les dicen bajo la premisa de un slogan efectista; ya sea pedir por la paz, sin pensar siquiera en lo que la palabra implica; o blandir un machete a diestra y siniestra porque sí, como sucede en un cuento de Hernando Téllez sobre el Bogotazo: “—¡Viva la revolución!— Yo respondí automáticamente: —¡Que viva!— y, sin saber cómo, me encontré blandiendo el arma poseído de insólita ira. —¡Recoja el machete, miserable!—Ordenó a mi espalda una voz autoritaria —Recójalo o si no yo le enseño a obedecer—Insistió la voz.” Cuando me encuentro con citas como esta, que aunque ficción retratan el proceso mental de muchos violentos en Colombia, pienso que la guerra perpetua del país tiene que ver con la inmadurez de muchos de sus habitantes.

La revolución de Kant se trata de dar un giro, un cambio de perspectiva en el que podamos confiar en nuestro propio entendimiento para discernir entre lo que nos conviene y lo que no, en vez de esperar que alguien ajeno a nosotros, o una entidad abstracta nos diga qué hacer. La revolución de Kant es menos sangrienta que la de las masas furibundas, es una revolución individual que se puede llevar a cabo desde la casa, en bata, en pijama, sin aspavientos ni declaraciones grandilocuentes. Consiste en preguntarnos crítica y honestamente por qué hacemos lo que hacemos, si en realidad Colombia no funciona sin un arriero, si de verdad nadie puede manejar este país, y si este país necesita que lo manejen porque nosotros no nos podemos manejar a nosotros mismos.

Borrón y cuenta nueva

Publicado el 1 de enero en la sección de Opinión de www.ElEspectador.com

Dos casos que implican hacer borrón y cuenta nueva me llamaron la atención esta semana.
Primero: El vaticano declaró recientemente que Pío XII fue una “figura de heroica virtud” lo cual es una manera de avanzar un escalafón en su camino hacia la santidad. Eso no tendría nada de raro si no fuera porque es bien conocido que Pío XII fue el Papa regente durante el Holocausto, y además sabía lo que Hitler iba a hacer para solucionar “el problema judío” y no hizo nada al respecto.

El asunto es más políticamente incorrecto aún porque Benedicto XVI es alemán y perteneció en el pasado a las juventudes nazis. Este título para Pío XII, aunque sea burocrático y nominal, es un gesto que sugiere que se quiere disipar la responsabilidad de la iglesia católica en el Holocausto, una responsabilidad efectiva, porque los católicos pecan de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Segundo: Basados en el informe de la Comisión de la Verdad sobre la tragedia del Palacio de Justicia, algunos piden que se revoque el indulto concedido tras el acuerdo de paz con el M-19. Ante esto Navarro Wolff opina que es una pérdida de tiempo agitar fantasmas del pasado y que remover el indulto es un paso atrás en el proceso de paz. Por otro lado, Carlos Medellín, propone indultar a militares y policías que resulten culpables de la matanza y desaparición de los rehenes de la toma guerrillera de 1985.

En el primer caso, el nuevo título de Pío XII funciona como una especie de indulto a los victimarios del Holocausto, es como decir que para los católicos, las víctimas judías no son importantes, al punto que un Papa desentendido puede llegar a ser un héroe. Es una muestra de olvido, no de perdón y una disipación de responsabilidad.

En el segundo caso por fin, después de 20 años, renace la esperanza de saber qué diablos pasó en el Palacio de Justicia, pero claro, eso implica alborotar el avispero. Creo que remover el indulto a los miembros del M-19 es contraproducente para un país que lleva tantos años en guerra, después de todo, el M-19 se desmovilizó y se reintegró a la sociedad y muchos, como Wolff, han usado esto para seguir luchando por las mismas causas que los impulsaron a unirse a la guerrilla en primer lugar, pero por vías legales. El proceso del M-19 es tal vez la desmovilización más exitosa que ha tenido Colombia, del que hay que tomar ejemplo porque en este país hay mucho paraco y guerrillero por desmovilizar, y si no se reintegran exitosamente a la vida civil lo que tendremos es una Colombia llena de personas que lo único que saben hacer es seguir órdenes y disparar, y que se verán sin trabajo por el repudio social. En este caso, pienso que es importantísimo perdonar, y vale el borrón y cuenta nueva porque perdón no significa olvido, si no creer en la posibilidad de que la gente enmiende sus acciones.

Por otro lado, a mí también me sorprendió la propuesta de indulto a militares y policías de Medellín, pero entiendo que su prioridad es conocer la verdad, no castigar gente, y la posibilidad de indulto puede estimular las confesiones de muchos. El indulto que Medellín propone es posterior a las investigaciones, que según sus expectativas, contribuirán a que se individualicen responsabilidades, lo que es necesario tanto para la fuerza pública como para el M-19.

Colombia está llena de rencores generacionales que envenenan y promueven una actitud guerrerista. Lo que puede sanar a este país no es el castigo, si no la verdad y el perdón. Mi deseo para el 2010 es que se ejerza el borrón y cuenta nueva, pero no como una forma de olvido, banalización y sinvergüencería si no como proceso de adjudicar responsabilidades correctamente, despejar la verdad de las atrocidades del pasado, y perdonar.



El riesgo es que te quieras quejar

“Luché contra la burocracia y la burocracia ganó.”



El martes me vi teniendo un episodio de ira en plena séptima. La ira no es una de mis emociones frecuentes, yo suelo recurrir al sarcasmo, a la angustia y a la procrastinación; y sentir la sangre en la cabeza no es para mí un síntoma familiar.

Sin embargo, el martes me vi fuera de mis casillas después de rogarle dos meses a Davivienda que me repusieran mi tarjeta Diners. Como los funcionarios del banco no habían visto nunca una turca brava, llamaron una patrulla de policía para que me sacaran del banco. Debo aclarar, como se prueba en el video que seguramente haría las delicias de Youtube, que nunca use esos términos conocidos como “malas palabras” ni del ataque ad hominem porque “una es ante todo una señorita” y que me molestó aún más la falta de empatía e la subgerente del banco que no supo manejar mi reacción ante un error de ellos, reacción, que así como sus errores, no será la primera ni la última que reciban de un cliente.

Tal vez esto está dentro del campo de la tragedia personal pero yo quiero quejarme en público porque seguramente no soy la única que se siente frustrada ante un tan sistema ineficiente para entender percances y para adjudicar responsabilidades como el bancario.

Para los que no se han aburrido todavía de este post, adjunto la carta que mandé a Davivienda y a cuantaparte, en done especifico los sucesos que me llevaron al borde de la embolia.

Bogotá, 2010-01-05

Señores

DAVIVIENDA

Atención al Cliente

Ciudad

Presento a ustedes mi queja por la pésima atención dada por el personal y la subgerente, de la Oficina Davivienda, Sucursal Javeriana, gerenciada por Darmka Patiño, en el trámite y entrega de la renovación de mi tarjeta de crédito Diners Nº xxxx xxxxxx xxxx.

Informo que al vencimiento de la tarjeta que fue en noviembre de 2009 no me llamaron para avisarme de la renovación de esta, como es usual cuando esta fecha llega. En diciembre 10 me comuniqué con el banco, quien informó que “ni siquiera la hemos mandado a renovar y por esta demora procederemos a darle una mejor atención y entregarla el 16 de diciembre”. Reporté la dirección de mi oficina, en la Revista Semana, para que la entregaran allí: calle xx # xx-xx Bogotá. Llamé el 16 de diciembre para confirmar la entrega y me contestaron que “no hemos generado el plástico, este se le entregará el 23 de diciembre de 2009”.

El 22 Llamé a Davivienda para que me informaran sobre una hora aproximada de entrega del plástico para estar pendiente de recibirlo. Nadie me dio respuesta alguna, solo el nombre de la empresa que la entregaría, llamé y en esta empresa tampoco sabían nada. Volví a llamar e informaron que la enviaron a una dirección que queda en el sur de Barranquilla (dirección no registrada) y por supuesto, allí no estaba yo y no la entregaron. Quedaron en hacer la entrega en la oficina de Davivienda el día 28 de diciembre.

Fui el 29 por la mañana a recogerla, me pidieron que volviera por la tarde, no había llegado y que volviera el 4 de enero.

Estuve en el banco el día 5 de enero y me dijeron que, “la empresa que hace las entregas la llevó y como es entrega personalizada, no la dejó”. En ningún momento me llamaron previamente a concertar una cita, para que yo pudiera estar presente en Davivienda. Pregunté qué día lo irían a hacer para volver y la respuesta fue “llame nuevamente, nosotros no hacemos compromisos y por tanto no nos comprometemos con usted”. Ante esto, me molesté muchísimo, reclamé respeto para mi persona, pedí una mejor atención, solicité seriedad para con el cliente. La contestación que recibí fue una réplica sobre que “no irrespetara al personal y procedieron a llamar a una patrulla para que me sacaran del banco”.

¿Cómo es posible que “aunque el banco no hace compromisos”, sí me hayan puesto 4 citas para entrega de la tarjeta? ¿Eso es seriedad del banco?

¿Si la tarjeta se venció, dónde está el Dpto. de Mercadeo o de atención al Cliente para renovarla, especialmente para la época de fin de año, fechas de incremento de las compras y de mayor número de utilización del crédito?

¿Existe una base de datos para que Davivienda esté pendiente y motivando el uso frecuente de los productos por parte del cliente? ¿Cómo está el manejo de la información y comunicación con el cliente?

¿Dónde está la empatía y sensibilidad para con el cliente molesto, y con razón, por el incumplimiento repetitivo de los compromisos por parte de Davivienda? ¿Se le olvidó a la subgerente cuáles son las tácticas de atención al cliente inconforme por las fallas de logística del personal de su oficina? ¿Fue incapaz de dar una buena atención y por eso recurrió a ayuda externa como la policía?

Espero respeto, seriedad, cumplimiento, eficiencia y buen trato por parte de Davivienda.

CATALINA RUIZ NAVARRO

Cc xx.xxx.xxx

Carrera x Nº xx-xx apto xxx, Bogotá

C.C. Superintendencia Bancaria

C.C. Periódico El Espectador Blog Catalinapordios http://blogs.elespectador.com/cruiz/

C.C. Confederación Colombiana de Consumidores

Al día siguiente la gerente llamó a disculparse por el incidente y a decirme que ya tenían mi tarjeta. A mí me queda el mal sabor e pensar que mis gritos aceleraron el proceso.

domingo, 27 de diciembre de 2009

El último sabelotodo

Columna publicada en El Heraldo, Revista Dominical, el 20 de diciembre de 2009.



“José Arcadio Buendía, cuya desaforada imaginación iba siempre más lejos que el ingenio de la naturaleza, y aun más allá del milagro y la magia, pensó que era posible servirse de aquella invención inútil para desentrañar el oro de la tierra“.

Así nos presenta García Márquez al patriarca de su mito fundacional. Las páginas siguientes nos cuentan como José Arcadio estaba interesado en Todo: en la alquimia, las lupas, los imanes, y el descubrimiento de que la tierra era redonda.

Ese era el héroe de la modernidad, el polímata, el hombre que, fascinado con el conocimiento, quería condensarlo todo en su cabeza.

La Costa Caribe colombiana tiene grandes ejemplos de hombres que eran sabelotodos; enciclopedias ambulantes como no se verán nunca jamás. Hombres como Alberto Assa, educador, traductor, humanista (que es otra palabra para todero), dominaba el alemán, el español, catalán, inglés, flamenco, ladino y francés. Fundó el Instituto de Lenguas Modernas, la Escuela Superior de Idiomas, la Universidad Pedagógica del Caribe, el Instituto Pestalozzi, la Facultad de Educación de la Universidad del Atlántico, y donó su cadáver para las prácticas de los estudiantes de la Facultad de Medicina de la Universidad Libre de Barranquilla. Assa dedico su vida a fomentar la educación en Barranquilla, pero ninguno de sus pupilos llegó a saber tanto como él o como alguno de los sabios de principios de siglo de la ciudad.

Entre otros muchos polímatas locales están Julio Enrique Blanco, uno de los iniciadores de la filosofía moderna en Colombia, José Felix Fuenmayor, periodista, político y escritor, al igual que Karl Parrish, Ramón Vinyes, Carlos Flórez y Amiro Támara Merlano.

El lector coincidirá conmigo en que estos eran hombres de otra época. Dudo mucho que alguien de mi generación pueda alcanzar un rango tan variado de conocimiento. Los polímatas han muerto. Fueron un invento de la época moderna. Eso de que la juventud de hoy no lee ni se concentra no es un mito. Ante la multitud de estímulos de la vida de hoy un conocimiento profundizado solo puede darse, si acaso, en una sola área.

En el Renacimiento había hombres como Leonardo da Vinci, quien incursionó en una diversidad de campos que iban desde el arte hasta la física. Con el paso de los años los polímatas han ido delimitando sus campos de acción e interés, pues la humanidad ha acumulado tantos conocimientos, de una profundidad tan aguda, que difícilmente se puede innovar en un área específica, mucho menos en varias.

En el Renacimiento estaba todo por saberse, y, además, hay que decirlo, Leonardo no tenía televisión. Hoy en día nadie puede ser un polímata porque los campos de conocimiento se han especializado tanto que si la empresa por saberlo todo era una quimera en la modernidad, hoy en día es un craso imposible.

No estoy diciendo que todo tiempo pasado fue mejor. Todo tiempo pasado fue diferente. Que hoy en día nadie pueda reunir tal cantidad de conocimiento en un mismo cerebro no quiere decir que la educación haya desmejorado, lo que muestra es que el conocimiento tambiénpuede ser almacenado en una enciclopedia externa a nosotros, infinita y casi omnipresente: Wikipedia. Esto quiere decir que hoy en día podemos saberlo todo, pero porque cada uno sabe una pequeña parte y casi todos estamos interconectados. El conocimiento de hoy es un conocimiento de referencia que resulta de fácil acceso para todos.

CONOCE TUS MASAS. En su libro del 2004, Sabiduría de las Multitudes: cómo los muchos son más inteligentes que los pocos y cómo la sabiduría colectiva forma empresas, economías sociedades y naciones, James Surowiecky habla de cómo las decisiones grupales son mejores que las individuales. Cuenta una anécdota en la que Francis Galton, polímata inglés (era antropólogo, explorador tropical, geógrafo, inventor, meteorólogo, proto-genetista, y tenía amplios conocimientos en psicometría y estadística), se sorprende cuando el público.

en una feria rural logra adivinar el peso exacto de un buey cuando se promedian todas las aproximaciones individuales. La anécdota muestra cómo ni la predicción más educada de un individuo resulta menos acertada que la que viene de la sabiduría de masas.

La dispersión del conocimiento en el mundo contemporáneo puede obligarnos, cada vez más, a tener que tomar decisiones colectivas. En última instancia, la muerte de los polímatas puede ser buena en la medida en que significa que el conocimiento está más ampliamente distribuido y, según Surowiecki, esto permite tomar mejores decisiones.

HAY UN PERO. No todas las multitudes son aptas para tomar buenas decisiones. Surowiecki dice que una multitud sabia necesita: Diversidad de opinión para poder encontrar varios puntos de vista y generar un proceso dialéctico que permita llegar a un consenso.

Si todos piensan igual, sus ideas se vuelven estáticas mientras el mundo cambia constantemente, y una idea que ya no se relaciona con su entorno se vuelve obsoleta. Las multitudes sabias también necesitan Independencia, esto, en términos de Kant, es la “mayoría de edad”, es decir, servirse del entendimiento propio sin la guía de otro. También necesitan Descentralización: el traspaso del poder y toma de decisión hacia núcleos periféricos de una comunidad; e Inclusión: lo que impide que solo una pequeña oligarquía tome las decisiones.

Precisamente porque venimos de un mundo de polímatas los ámbitos de toma de decisiones suelen ser grupos pequeños y cerrados de poder que ignoran a las multitudes, porque ellas caen ante el ¡opio!, o cualquier placebo que les permita no informarse y participar en su futuro.

Después de todo es cierto que en Colombia no cumplimos las condiciones de una ‘multitud sabia’. Nuestras masas se caracterizan por su homogeneidad, su respuesta favorable a la centralización, su ‘minoría de edad’ y emocionalidad.
Ante este tipo de multitudes parece apenas razonable que algún polímata asuma labores de mesías, de líder, de patriarca, como Aureliano Buendía en Macondo. Pero ya no son los tiempos de Aureliano y los polímatas no existen. Hoy en día no se trata de acumular conocimiento sino de tener acceso ilimitado a él, y saberlo manejar.

Existen facilidades para tener una multitud ilustrada, el conocimiento por Internet es de libre acceso, y se podría pensar en inculcar a las generaciones venideras valores como la curiosidad, la iniciativa, y el pensamiento independiente (valores de polímata). Entonces no necesitaremos un gran y único líder del rebaño, un gran salvador, un patriarca, un patrón. Nuestra independencia está al alcance de nuestras manos, es solamente tomar la decisión de convertirnos en una multitud sabia, que aproveche la dispersión del conocimiento para unir fuerzas y ser, en conjunto, una comunidad más justa y más innovadora que el mayor sabelotodo del mundo

Carta abierta a María Alejandra, Natalia y Ángela María Ordoñez

Columna publicada en la sección de Opinión de ElEspectador.com el 4 de diciembre de 2009.


María Alejandra, Natalia y Ángela María:

Les escribo porque me intriga saber qué piensan de la demanda que ha interpuesto la Procuraduría para sacar del mercado la Píldora del día después, o Postinor, alegando que es abortiva. Quiero saber qué piensan ustedes, no lo que piensa su papá, porque este es un problema entre ustedes y yo y todas las chicas de Colombia en edad reproductiva que tenemos sueños y planes de vida, y úteros.
Lo que piensa su padre no me importa. A él no le ha venido la regla, no ha tenido un retraso, no ha cruzado fuertemente las piernas ante la impresión de ver el video de un parto en el colegio, no teme a las estrías, no ha dado ni dará de mamar y su barriga solo es tierra fértil para el tejido adiposo.
Estoy segura de que ustedes, como yo, saben de una de sus amigas cercanas que haya abortado, y estoy segura de que aun la quieren y no la condenan como a una asesina. Imagino que si es una amiga cercana saben de la difícil decisión que fue abortar, física y emocionalmente, sabrán del frío y la maluquera que producen las pepas abortivas o del infinito desagrado de un aborto quirúrgico, de sus líos para conseguir un lugar seguro donde realizarlo, de su tristeza y de su valentía por tomar esta decisión.
También estoy segura de que conocen y quieren a más de dos mujeres que han tomado la píldora del día después, tal vez ustedes mismas se han encontrado o se hallarán en la necesidad de hacerlo. Se habrán enterado entonces de que una pastilla del día después es diferente de la pepa abortiva. La segunda produce contracciones que expulsan al feto, a veces sin éxito, y la pastilla del día después es una sobredosis de anticonceptivos que previene que el óvulo se fecunde o que se pegue a la pared del útero. Saben también que una vez fecundado el óvulo, es poco probable que el Postinor impida el embarazo, es más, de pronto conocen a alguien que quedó embarazada aun a pesar de tomar la pastilla, seguro que sí, yo conozco a dos.
Creo que ustedes, como yo, quieren tener la posibilidad de escoger quién será el padre de sus hijos, en el caso de que quieran tenerlos. Creo que también les gustaría llegar a la maternidad porque lo decidieron y están preparadas, no por error. Sé que ustedes, como yo, de ser posible, no quieren pasar por el terrible percance que es tener un aborto. Sé que como yo y como todas, un día se equivocarán, no se aguantarán las ganas, o se les olvidará el anticonceptivo, o se morderán el labio mientras él les dice que el condón se rompió. Pienso que entonces querrán echar el tiempo atrás, ctrl+z, abrumadas ante las imágenes de lo que se viene si quedan embarazadas. Debe ser muy difícil encontrarse en una situación así, más aun con un padre como el suyo, y no las juzgaría si quisieran correr a la farmacia, antes de 72 horas.
Imaginen que son alguna de las mujeres de Colombia estrato uno y dos, menores de edad, sin condiciones para criar un hijo. Ahora díganme si en ese caso no les gustaría tener la posibilidad de acceder gratis a una pastilla del día después.
Me dirán que porqué lo vuelvo personal, pero es que ¡es personal! es mi problema y su problema, es algo tan íntimo como la relación que tenemos con nuestros propios cuerpos. Es personal porque sus úteros son suyos, y mi útero es mío y no del Estado. Por eso les pido su respuesta y las tuteo. ¿Estarían dispuestas exponerse a la incertidumbre de un embarazo (que les puede joder la vida) por un error del que pueden o no ser culpables?

sábado, 26 de diciembre de 2009

Feliz 2010

martes, 15 de diciembre de 2009

La estupidez también es un crimen

Unabomber FBI Sketch (as woodcut)
Digital poster, 2005



Columna publicada en la sección de Opinión de ElEspectador.com el 4 de diciembre de 2009.

Creo que Nicolás Castro, un estudiante de 23 años que creó un grupo en Facebook en contra de Jerónimo Uribe no tenía pensado materializar sus amenazas. Baso mi deducción en el sentido común.

Quienes se ponen en la bobada de hacer un grupo en Facebook contra Jerónimo Uribe, tienen 23 años, y estudian artes en la Tadeo; usualmente están vaciados, preocupados por el futuro sin trabajo que se viene y por salir a tomar el viernes. Además creo que alguien que tuviera planeado llevar a cabo acciones contra Jerónimo Uribe no las contaría en Facebook tan a la ligera.

Miguel Olaya, fiscal antiterrorismo, acusa a Castro de “intentar persuadir a otras personas para que asesinaran al hijo del presidente”. Esto me preocupa porque quiere decir que a uno lo pueden encanar con una acusación que tiene dos verbos como “intentar” y “persuadir” cuyas acciones recaen apenas en el campo de la posibilidad. Otra cosa sería si lo acusaran de “haber convencido a Sutanito” (Sutanito como nombre propio, más específico que el “otras personas” del fiscal) para que matara a Jerónimo, y Sutanito efectivamente llevara a cabo un atentado contra la vida del delfín.

Pero bueno, es cierto que no es prudente ni sabio andar por ahí diciendo que uno se compromete a matar a alguien, menos al hijo del presidente, pues por amenaza se pueden imputar cargos, que es lo que asumo que ocurrió con Castro. En el articulo 347 del código penal colombiano dice “El que por cualquier medio apto para difundir el pensamiento atemorice o amenace a una persona, familia, comunidad o institución, con el propósito de causar alarma, zozobra o terror en la población o en un sector de ella, incurrirá, por esta sola conducta, en prisión de uno (1) a cuatro (4) años y multa de diez (10) a cien (100) salarios mínimos legales mensuales vigentes.” ¿Tenía Castro la intención de causar terror o zozobra? Yo no creo, pero es apenas comprensible que Jerónimo se queje con su papá porque otros niños lo odian; todos lo hemos hecho alguna vez, pero frente a padres que no podían hacer nada al respecto.

Castro no debe estar hablando de matar a nadie, sobre todo si no tiene los medios para llevar acabo una acción contundente, el mismo dice “solamente soy un estudiante, no soy criminal ni terrorista.” Aun así el miércoles se le dictó medida de aseguramiento sin beneficio a excarcelación, después de haberlo detenido gracias a un operativo de la Dijín (imagínense ustedes, ¡un operativo!) en Chía. Más que neutralizar a su enemigo mandándolo a la cárcel, pienso que Jerónimo debería sentarse a pensar por qué le cae tan mal a alguien como para que le hagan un grupo en Facebook en su contra. También sería bueno que el abogado, Jaime Lombana, el mismo que defendió exitosamente a Jerónimo cuando lo acusaron de plagio en los Andes, nos explique, en honor a la libre expresión, qué palabras debería usar un joven para hacer un grupo legalmente funcional en Facebook que expresara sus deseos de ver “desaparecer” al hijo del presidente.

En realidad la falta de Castro ha sido ser tan lengüilargo y me asusta que eso pueda provocar una medida de aseguramiento, sobre todo, porque en este país habladores, que se enorgullecen de su malicia indígena y de “poder vender hasta los papás” no hay cárceles suficientes para todos. ¿Qué será entonces de Pachito Santos que sale con cada ocurrencia, o peor, de nuestro presidente que, según me entere por Internet, amenazó a Luis Fernando Herrera con “darle en la cara, marica”?

Si nos tomamos en serio todas las amenazas pendejas que corren por ahí entraríamos en una cacería de brujas que sería terriblemente injusta y dispendiosa, pero también haría las delicias del morbo de los colombianos de paladares antropófagos (un gusto heredado, seguro, de los ilustres inquisidores de la colonia). Pero no. Afortunadamente no se le hace caso a todas las amenazas tontas porque si eso fuera así habría muchos encarcelados por amenazar en Facebook a Piedad Córdoba.

Hay procesos judiciales y operativos de la Dijín que serian mas útiles para la comunidad que arrestar a Nicolás Castro, hay políticos cafres que roban plata y dejan a otros colombianos con hambre pero ninguno ha cometido un crimen tan tonto como Castro, por eso él está encerrado, y ellos no. Lo que este caso evidencia es que 1. Que nadie tiene claro como dirimir entre una amenaza real y un insulto grandilocuente. 2. Que ante la duda, se procesará solo a quienes amenacen a gente importante y 3. La estupidez también es un crimen.

Esto último es terrible porque la justicia colombiana ya tiene las manos llenas con el crimen, como para ponerse por ahí a combatir la estupidez.

Perros y gatos



En octubre el gobierno iraní liberó al periodista Maziar Bahari, detenido pocos días después del comienzo de las manifestaciones postelectorales de junio pasado. Bahari fue acusado de ser un espía de la CIA, el MI-6, Mossad y “Newsweek”, revista americana para la que trabaja. Fue retenido por el IRGC, Cuerpo de Guardia Revolucionaria Islámica, una unidad poco conocida antes de las elecciones.

Estuvo retenido por 118 días. Su torturador lo consideraba americano aunque fuera canadiense. Le contó cómo sus hermanos se habían especializado en “romper el alma de un hombre sin usar mucha violencia contra el cuerpo”. Lo encerraron en una celda de 20 pies cuadrados que parecía una tumba, lo interrogaron sobre las fiestas a las que había asistido que debían ser “como tener su propio New Jersey en Tehran” en donde urdían planes para “erradicar la religión pura de Muhammad y reemplazarla con el Islam americano, el Islam de New Jersey”. Algunos de los argumentos que sustentaban su cautiverio incluía frecuentar mujeres sin velo, ser amigo de intelectuales y artistas iraníes (espiás según el guardia) y haber sido entrevistado en The Daily Show, un programa de comedia política estadounidense.



Es evidente que el asunto fue un malentendido, pero a Bahari no le fue posible convencer a sus captores y sólo lo liberaron gracias a la presión internacional. El problema fue básicamente que un mismo gesto, ej. “que una mujer no use velo”, es interpretado de maneras diametralmente distintas en dos culturas. Si no hay un conocimiento de la otra cultura no hay traducción posible, sin un conocimiento previo del contexto cultural, el captor de Bahari no puede comprender que Newsweek es una revista y no una organización americana para el espionaje.

Este incidente me recordó un capítulo de un libro de Vitus B. Dröscher (un zoologo popular en los 70) Hay que aullar con los lobos. En uno de los capítulos del libro Dröscher habla sobre por qué no se entienden los perros y los gatos. Según Dröscher, el enfrentamiento perpetuo entre perros y gatos se debe a un problema de lenguaje. Cuando los perros estiran sus patas delanteras y levantan y mueven la cola, esto indica que quieren jugar. Cuando los gatos lo hacen, esta posición indica una amenaza. Cuando los gatos ronronean suavemente quieren cariño, mientras los perros entienden esto como un gruñido. Cuando perros y gatos se crían juntos no tienen estos problemas de lenguaje y se llevan bien, al menos según Dröscher.

Gringos e iraníes se comportan, en este caso, como perros y gatos, pues lo que unos hacen con fines cómicos los otros lo interpretan como una afrenta. Si ambas culturas tuvieran una mejor comprensión la una de la otra probablemente se resolverían muchos problemas.

La mayor dificultad que solo una minoría tiene suficientes conocimientos culturales y/o herramientas para entender al otro. Pero los soldados, los que se encuentran cara a cara en la calle, fundan su comportamiento solo en paradigmas culturales. Así como los captores de Bahari estaban convencidos de que New Jersey era un paraíso del consumismo y el pecado, occidente está convencido de muchas otras afirmaciones sobre oriente, como “que son el enemigo terrorista del imperio”.

No me crean tan hippie. La diplomacia cultural no va a solucionar todo, pero la enemistad cultural es también lo único que podemos combatir desde lo cotidiano. Tanto los iraníes como los estadounidenses se identifican el uno al otro como barbaros. En realidad, ser civilizado consiste en entender que lo bárbaro no existe.



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Me gusta pensar en soluciones como la educación diplomática en pequeñas esferas, en que cada individuo pueda hacer un microejercicio de diplomacia. Y comenzare por dejar de creer que las casas en Venezuela están todas pintadas de color curuba.

Va va voom


Cuando Eva, en toda su sensual perfidia, obnubiló a Adán para que probara la manzana, se inventó la femme fatale. Al parecer el pobre Adán, no sabiendo con cuál cabeza pensar, decidió desobedecer a dios, y como consecuencia lo obligaron a trabajar, todo por una chica de cuya desnudez ahora era consciente y que prefería ver cubierta para evitar tentaciones, e impulsos que se volvían irrefrenables ante un par de tetas.

En nuestra cultura nos han enseñado que es la mujer la que se debe cubrir, pues mostrar su cuerpo es una invitación, no solo a que la miren, si no también a que la toquen, como si su desnudez la revelara como un objeto. News flash: las mujeres son sujetos hasta cuando están desnudas.

La Archidiócesis de México publicó en Internet una “ficha de valores” sobre el pudor en la que recomienda a las mujeres católicas que, para evitar agresiones sexuales, no usen “ropa provocativa” ni entren en “conversaciones o chistes picantes” con personas del otro sexo. En estos consejos “prácticos” se llega a asegurar que la pornografía es una “prostitución mental”.

“Si quieres evitar una agresión sexual… No uses ropa provocativa… Cuida tus miradas y tus gestos… No te quedes sola con un hombre, aunque sea conocido… No permitas familiaridades de tus amigos o parientes… No admitas pláticas o chistes picantes…”, afirma la archidiócesis en una ficha que se usó como material preparatorio previo al VI Encuentro Mundial de las Familias que se celebró en México en enero de 2009. Fue escrita por el sacerdote Sergio Román del Real, y publicada en la página electrónica del semanario católico.

“Cuando exhibimos nuestro cuerpo sin recato, sin pudor, lo prostituimos porque provocamos en los demás sentimientos hacia nosotros a los que no tienen derecho, a no ser que deseemos ser propiedad pública, es decir, que nos prostituyamos aunque sea mentalmente”, sostiene el sacerdote. “Eso es la pornografía: una prostitución mental”, añade.

Esto es una barbaridad por el simple hecho de que no hay nada que podamos hacer para que nuestro cuerpo sea “propiedad pública”, hasta una prostituta es dueña de su cuerpo, es un sujeto. Bueno, diràn ustedes, los curas siempre dicen esas cosas. Pero al menos ellos dicen lo que piensan. Muchos, que se las tiran de igualitarios también entienden la poca ropa en las mujeres como una provocación.

En Brasil, país famoso por sus garotas topless, expulsaron de la universidad a una estudiante de 20 años, que fue perseguida y humillada por sus compañeros por ir a clase vestida con minifalda.

El asunto ocurrió el 22 de octubre en la ciudad industrial de Sao Bernardo de Campo, vecina a Sao Paulo. La joven, que acababa de iniciar sus estudios en la Escuela de Turismo, abandonó la universidad llorando, escoltada por funcionarios y por agentes de la policía militarizada.

La Universidad Bandeirantes aumentó el escándalo al confirmar que ha decidido expulsar de sus filas no sólo a uno de los alumnos que participaron en la persecución de la chica, sino también a ella.

Decir que la estudiante instó, con su minifalda, al mal comportamiento de sus compañeritos de estudio suena como a cuando los curas le echan la culpa a “las pintas provocativas” por el aumento de violaciones a mujeres.

Si a uno le parece que alguien se viste feo, lobo, de mal gusto o inapropiadamente es problema de uno. A uno le puede caer mal, y entonces uno mira para otro lado, pero hacer un juicio de valor sobre una persona por la ropa que tiene puesta es una invasión de espacios. Peor, es un acto de arrogancia e ingenuidad, es pensar que esa otra persona se viste para uno, y que uno está en una posición superior que le permite saber qué es lo mejor para el otro.

¿Qué habrá movido a los estudiantes e Bandeirantes a masificarse en contra de una chica en minifalda? ¿Le tuvieron miedo a sus piernas? ¿A sus curvas todo poderosas? Lastimosamente nadie es tan irresistible, la femme fatale no existe y ningún hombre esta irremediablemente a su merced. Todos podemos escoger controlar nuestros más oscuros instintos y ser respetuosos con los demás y entender que si sus acciones no invaden nuestro espacio no tenemos que invadir el suyo. Es decir, podemos escoger no ser tan sapos, y respetar las libertades individuales, y recordar, sobre todo, que haga lo que haga una persona sigue siendo una persona, y nada en su comportamiento justifica objetizarla.