jueves, 21 de enero de 2010

Borrón y cuenta nueva

Publicado el 1 de enero en la sección de Opinión de www.ElEspectador.com

Dos casos que implican hacer borrón y cuenta nueva me llamaron la atención esta semana.
Primero: El vaticano declaró recientemente que Pío XII fue una “figura de heroica virtud” lo cual es una manera de avanzar un escalafón en su camino hacia la santidad. Eso no tendría nada de raro si no fuera porque es bien conocido que Pío XII fue el Papa regente durante el Holocausto, y además sabía lo que Hitler iba a hacer para solucionar “el problema judío” y no hizo nada al respecto.

El asunto es más políticamente incorrecto aún porque Benedicto XVI es alemán y perteneció en el pasado a las juventudes nazis. Este título para Pío XII, aunque sea burocrático y nominal, es un gesto que sugiere que se quiere disipar la responsabilidad de la iglesia católica en el Holocausto, una responsabilidad efectiva, porque los católicos pecan de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Segundo: Basados en el informe de la Comisión de la Verdad sobre la tragedia del Palacio de Justicia, algunos piden que se revoque el indulto concedido tras el acuerdo de paz con el M-19. Ante esto Navarro Wolff opina que es una pérdida de tiempo agitar fantasmas del pasado y que remover el indulto es un paso atrás en el proceso de paz. Por otro lado, Carlos Medellín, propone indultar a militares y policías que resulten culpables de la matanza y desaparición de los rehenes de la toma guerrillera de 1985.

En el primer caso, el nuevo título de Pío XII funciona como una especie de indulto a los victimarios del Holocausto, es como decir que para los católicos, las víctimas judías no son importantes, al punto que un Papa desentendido puede llegar a ser un héroe. Es una muestra de olvido, no de perdón y una disipación de responsabilidad.

En el segundo caso por fin, después de 20 años, renace la esperanza de saber qué diablos pasó en el Palacio de Justicia, pero claro, eso implica alborotar el avispero. Creo que remover el indulto a los miembros del M-19 es contraproducente para un país que lleva tantos años en guerra, después de todo, el M-19 se desmovilizó y se reintegró a la sociedad y muchos, como Wolff, han usado esto para seguir luchando por las mismas causas que los impulsaron a unirse a la guerrilla en primer lugar, pero por vías legales. El proceso del M-19 es tal vez la desmovilización más exitosa que ha tenido Colombia, del que hay que tomar ejemplo porque en este país hay mucho paraco y guerrillero por desmovilizar, y si no se reintegran exitosamente a la vida civil lo que tendremos es una Colombia llena de personas que lo único que saben hacer es seguir órdenes y disparar, y que se verán sin trabajo por el repudio social. En este caso, pienso que es importantísimo perdonar, y vale el borrón y cuenta nueva porque perdón no significa olvido, si no creer en la posibilidad de que la gente enmiende sus acciones.

Por otro lado, a mí también me sorprendió la propuesta de indulto a militares y policías de Medellín, pero entiendo que su prioridad es conocer la verdad, no castigar gente, y la posibilidad de indulto puede estimular las confesiones de muchos. El indulto que Medellín propone es posterior a las investigaciones, que según sus expectativas, contribuirán a que se individualicen responsabilidades, lo que es necesario tanto para la fuerza pública como para el M-19.

Colombia está llena de rencores generacionales que envenenan y promueven una actitud guerrerista. Lo que puede sanar a este país no es el castigo, si no la verdad y el perdón. Mi deseo para el 2010 es que se ejerza el borrón y cuenta nueva, pero no como una forma de olvido, banalización y sinvergüencería si no como proceso de adjudicar responsabilidades correctamente, despejar la verdad de las atrocidades del pasado, y perdonar.



El riesgo es que te quieras quejar

“Luché contra la burocracia y la burocracia ganó.”



El martes me vi teniendo un episodio de ira en plena séptima. La ira no es una de mis emociones frecuentes, yo suelo recurrir al sarcasmo, a la angustia y a la procrastinación; y sentir la sangre en la cabeza no es para mí un síntoma familiar.

Sin embargo, el martes me vi fuera de mis casillas después de rogarle dos meses a Davivienda que me repusieran mi tarjeta Diners. Como los funcionarios del banco no habían visto nunca una turca brava, llamaron una patrulla de policía para que me sacaran del banco. Debo aclarar, como se prueba en el video que seguramente haría las delicias de Youtube, que nunca use esos términos conocidos como “malas palabras” ni del ataque ad hominem porque “una es ante todo una señorita” y que me molestó aún más la falta de empatía e la subgerente del banco que no supo manejar mi reacción ante un error de ellos, reacción, que así como sus errores, no será la primera ni la última que reciban de un cliente.

Tal vez esto está dentro del campo de la tragedia personal pero yo quiero quejarme en público porque seguramente no soy la única que se siente frustrada ante un tan sistema ineficiente para entender percances y para adjudicar responsabilidades como el bancario.

Para los que no se han aburrido todavía de este post, adjunto la carta que mandé a Davivienda y a cuantaparte, en done especifico los sucesos que me llevaron al borde de la embolia.

Bogotá, 2010-01-05

Señores

DAVIVIENDA

Atención al Cliente

Ciudad

Presento a ustedes mi queja por la pésima atención dada por el personal y la subgerente, de la Oficina Davivienda, Sucursal Javeriana, gerenciada por Darmka Patiño, en el trámite y entrega de la renovación de mi tarjeta de crédito Diners Nº xxxx xxxxxx xxxx.

Informo que al vencimiento de la tarjeta que fue en noviembre de 2009 no me llamaron para avisarme de la renovación de esta, como es usual cuando esta fecha llega. En diciembre 10 me comuniqué con el banco, quien informó que “ni siquiera la hemos mandado a renovar y por esta demora procederemos a darle una mejor atención y entregarla el 16 de diciembre”. Reporté la dirección de mi oficina, en la Revista Semana, para que la entregaran allí: calle xx # xx-xx Bogotá. Llamé el 16 de diciembre para confirmar la entrega y me contestaron que “no hemos generado el plástico, este se le entregará el 23 de diciembre de 2009”.

El 22 Llamé a Davivienda para que me informaran sobre una hora aproximada de entrega del plástico para estar pendiente de recibirlo. Nadie me dio respuesta alguna, solo el nombre de la empresa que la entregaría, llamé y en esta empresa tampoco sabían nada. Volví a llamar e informaron que la enviaron a una dirección que queda en el sur de Barranquilla (dirección no registrada) y por supuesto, allí no estaba yo y no la entregaron. Quedaron en hacer la entrega en la oficina de Davivienda el día 28 de diciembre.

Fui el 29 por la mañana a recogerla, me pidieron que volviera por la tarde, no había llegado y que volviera el 4 de enero.

Estuve en el banco el día 5 de enero y me dijeron que, “la empresa que hace las entregas la llevó y como es entrega personalizada, no la dejó”. En ningún momento me llamaron previamente a concertar una cita, para que yo pudiera estar presente en Davivienda. Pregunté qué día lo irían a hacer para volver y la respuesta fue “llame nuevamente, nosotros no hacemos compromisos y por tanto no nos comprometemos con usted”. Ante esto, me molesté muchísimo, reclamé respeto para mi persona, pedí una mejor atención, solicité seriedad para con el cliente. La contestación que recibí fue una réplica sobre que “no irrespetara al personal y procedieron a llamar a una patrulla para que me sacaran del banco”.

¿Cómo es posible que “aunque el banco no hace compromisos”, sí me hayan puesto 4 citas para entrega de la tarjeta? ¿Eso es seriedad del banco?

¿Si la tarjeta se venció, dónde está el Dpto. de Mercadeo o de atención al Cliente para renovarla, especialmente para la época de fin de año, fechas de incremento de las compras y de mayor número de utilización del crédito?

¿Existe una base de datos para que Davivienda esté pendiente y motivando el uso frecuente de los productos por parte del cliente? ¿Cómo está el manejo de la información y comunicación con el cliente?

¿Dónde está la empatía y sensibilidad para con el cliente molesto, y con razón, por el incumplimiento repetitivo de los compromisos por parte de Davivienda? ¿Se le olvidó a la subgerente cuáles son las tácticas de atención al cliente inconforme por las fallas de logística del personal de su oficina? ¿Fue incapaz de dar una buena atención y por eso recurrió a ayuda externa como la policía?

Espero respeto, seriedad, cumplimiento, eficiencia y buen trato por parte de Davivienda.

CATALINA RUIZ NAVARRO

Cc xx.xxx.xxx

Carrera x Nº xx-xx apto xxx, Bogotá

C.C. Superintendencia Bancaria

C.C. Periódico El Espectador Blog Catalinapordios http://blogs.elespectador.com/cruiz/

C.C. Confederación Colombiana de Consumidores

Al día siguiente la gerente llamó a disculparse por el incidente y a decirme que ya tenían mi tarjeta. A mí me queda el mal sabor e pensar que mis gritos aceleraron el proceso.

domingo, 27 de diciembre de 2009

El último sabelotodo

Columna publicada en El Heraldo, Revista Dominical, el 20 de diciembre de 2009.



“José Arcadio Buendía, cuya desaforada imaginación iba siempre más lejos que el ingenio de la naturaleza, y aun más allá del milagro y la magia, pensó que era posible servirse de aquella invención inútil para desentrañar el oro de la tierra“.

Así nos presenta García Márquez al patriarca de su mito fundacional. Las páginas siguientes nos cuentan como José Arcadio estaba interesado en Todo: en la alquimia, las lupas, los imanes, y el descubrimiento de que la tierra era redonda.

Ese era el héroe de la modernidad, el polímata, el hombre que, fascinado con el conocimiento, quería condensarlo todo en su cabeza.

La Costa Caribe colombiana tiene grandes ejemplos de hombres que eran sabelotodos; enciclopedias ambulantes como no se verán nunca jamás. Hombres como Alberto Assa, educador, traductor, humanista (que es otra palabra para todero), dominaba el alemán, el español, catalán, inglés, flamenco, ladino y francés. Fundó el Instituto de Lenguas Modernas, la Escuela Superior de Idiomas, la Universidad Pedagógica del Caribe, el Instituto Pestalozzi, la Facultad de Educación de la Universidad del Atlántico, y donó su cadáver para las prácticas de los estudiantes de la Facultad de Medicina de la Universidad Libre de Barranquilla. Assa dedico su vida a fomentar la educación en Barranquilla, pero ninguno de sus pupilos llegó a saber tanto como él o como alguno de los sabios de principios de siglo de la ciudad.

Entre otros muchos polímatas locales están Julio Enrique Blanco, uno de los iniciadores de la filosofía moderna en Colombia, José Felix Fuenmayor, periodista, político y escritor, al igual que Karl Parrish, Ramón Vinyes, Carlos Flórez y Amiro Támara Merlano.

El lector coincidirá conmigo en que estos eran hombres de otra época. Dudo mucho que alguien de mi generación pueda alcanzar un rango tan variado de conocimiento. Los polímatas han muerto. Fueron un invento de la época moderna. Eso de que la juventud de hoy no lee ni se concentra no es un mito. Ante la multitud de estímulos de la vida de hoy un conocimiento profundizado solo puede darse, si acaso, en una sola área.

En el Renacimiento había hombres como Leonardo da Vinci, quien incursionó en una diversidad de campos que iban desde el arte hasta la física. Con el paso de los años los polímatas han ido delimitando sus campos de acción e interés, pues la humanidad ha acumulado tantos conocimientos, de una profundidad tan aguda, que difícilmente se puede innovar en un área específica, mucho menos en varias.

En el Renacimiento estaba todo por saberse, y, además, hay que decirlo, Leonardo no tenía televisión. Hoy en día nadie puede ser un polímata porque los campos de conocimiento se han especializado tanto que si la empresa por saberlo todo era una quimera en la modernidad, hoy en día es un craso imposible.

No estoy diciendo que todo tiempo pasado fue mejor. Todo tiempo pasado fue diferente. Que hoy en día nadie pueda reunir tal cantidad de conocimiento en un mismo cerebro no quiere decir que la educación haya desmejorado, lo que muestra es que el conocimiento tambiénpuede ser almacenado en una enciclopedia externa a nosotros, infinita y casi omnipresente: Wikipedia. Esto quiere decir que hoy en día podemos saberlo todo, pero porque cada uno sabe una pequeña parte y casi todos estamos interconectados. El conocimiento de hoy es un conocimiento de referencia que resulta de fácil acceso para todos.

CONOCE TUS MASAS. En su libro del 2004, Sabiduría de las Multitudes: cómo los muchos son más inteligentes que los pocos y cómo la sabiduría colectiva forma empresas, economías sociedades y naciones, James Surowiecky habla de cómo las decisiones grupales son mejores que las individuales. Cuenta una anécdota en la que Francis Galton, polímata inglés (era antropólogo, explorador tropical, geógrafo, inventor, meteorólogo, proto-genetista, y tenía amplios conocimientos en psicometría y estadística), se sorprende cuando el público.

en una feria rural logra adivinar el peso exacto de un buey cuando se promedian todas las aproximaciones individuales. La anécdota muestra cómo ni la predicción más educada de un individuo resulta menos acertada que la que viene de la sabiduría de masas.

La dispersión del conocimiento en el mundo contemporáneo puede obligarnos, cada vez más, a tener que tomar decisiones colectivas. En última instancia, la muerte de los polímatas puede ser buena en la medida en que significa que el conocimiento está más ampliamente distribuido y, según Surowiecki, esto permite tomar mejores decisiones.

HAY UN PERO. No todas las multitudes son aptas para tomar buenas decisiones. Surowiecki dice que una multitud sabia necesita: Diversidad de opinión para poder encontrar varios puntos de vista y generar un proceso dialéctico que permita llegar a un consenso.

Si todos piensan igual, sus ideas se vuelven estáticas mientras el mundo cambia constantemente, y una idea que ya no se relaciona con su entorno se vuelve obsoleta. Las multitudes sabias también necesitan Independencia, esto, en términos de Kant, es la “mayoría de edad”, es decir, servirse del entendimiento propio sin la guía de otro. También necesitan Descentralización: el traspaso del poder y toma de decisión hacia núcleos periféricos de una comunidad; e Inclusión: lo que impide que solo una pequeña oligarquía tome las decisiones.

Precisamente porque venimos de un mundo de polímatas los ámbitos de toma de decisiones suelen ser grupos pequeños y cerrados de poder que ignoran a las multitudes, porque ellas caen ante el ¡opio!, o cualquier placebo que les permita no informarse y participar en su futuro.

Después de todo es cierto que en Colombia no cumplimos las condiciones de una ‘multitud sabia’. Nuestras masas se caracterizan por su homogeneidad, su respuesta favorable a la centralización, su ‘minoría de edad’ y emocionalidad.
Ante este tipo de multitudes parece apenas razonable que algún polímata asuma labores de mesías, de líder, de patriarca, como Aureliano Buendía en Macondo. Pero ya no son los tiempos de Aureliano y los polímatas no existen. Hoy en día no se trata de acumular conocimiento sino de tener acceso ilimitado a él, y saberlo manejar.

Existen facilidades para tener una multitud ilustrada, el conocimiento por Internet es de libre acceso, y se podría pensar en inculcar a las generaciones venideras valores como la curiosidad, la iniciativa, y el pensamiento independiente (valores de polímata). Entonces no necesitaremos un gran y único líder del rebaño, un gran salvador, un patriarca, un patrón. Nuestra independencia está al alcance de nuestras manos, es solamente tomar la decisión de convertirnos en una multitud sabia, que aproveche la dispersión del conocimiento para unir fuerzas y ser, en conjunto, una comunidad más justa y más innovadora que el mayor sabelotodo del mundo

Carta abierta a María Alejandra, Natalia y Ángela María Ordoñez

Columna publicada en la sección de Opinión de ElEspectador.com el 4 de diciembre de 2009.


María Alejandra, Natalia y Ángela María:

Les escribo porque me intriga saber qué piensan de la demanda que ha interpuesto la Procuraduría para sacar del mercado la Píldora del día después, o Postinor, alegando que es abortiva. Quiero saber qué piensan ustedes, no lo que piensa su papá, porque este es un problema entre ustedes y yo y todas las chicas de Colombia en edad reproductiva que tenemos sueños y planes de vida, y úteros.
Lo que piensa su padre no me importa. A él no le ha venido la regla, no ha tenido un retraso, no ha cruzado fuertemente las piernas ante la impresión de ver el video de un parto en el colegio, no teme a las estrías, no ha dado ni dará de mamar y su barriga solo es tierra fértil para el tejido adiposo.
Estoy segura de que ustedes, como yo, saben de una de sus amigas cercanas que haya abortado, y estoy segura de que aun la quieren y no la condenan como a una asesina. Imagino que si es una amiga cercana saben de la difícil decisión que fue abortar, física y emocionalmente, sabrán del frío y la maluquera que producen las pepas abortivas o del infinito desagrado de un aborto quirúrgico, de sus líos para conseguir un lugar seguro donde realizarlo, de su tristeza y de su valentía por tomar esta decisión.
También estoy segura de que conocen y quieren a más de dos mujeres que han tomado la píldora del día después, tal vez ustedes mismas se han encontrado o se hallarán en la necesidad de hacerlo. Se habrán enterado entonces de que una pastilla del día después es diferente de la pepa abortiva. La segunda produce contracciones que expulsan al feto, a veces sin éxito, y la pastilla del día después es una sobredosis de anticonceptivos que previene que el óvulo se fecunde o que se pegue a la pared del útero. Saben también que una vez fecundado el óvulo, es poco probable que el Postinor impida el embarazo, es más, de pronto conocen a alguien que quedó embarazada aun a pesar de tomar la pastilla, seguro que sí, yo conozco a dos.
Creo que ustedes, como yo, quieren tener la posibilidad de escoger quién será el padre de sus hijos, en el caso de que quieran tenerlos. Creo que también les gustaría llegar a la maternidad porque lo decidieron y están preparadas, no por error. Sé que ustedes, como yo, de ser posible, no quieren pasar por el terrible percance que es tener un aborto. Sé que como yo y como todas, un día se equivocarán, no se aguantarán las ganas, o se les olvidará el anticonceptivo, o se morderán el labio mientras él les dice que el condón se rompió. Pienso que entonces querrán echar el tiempo atrás, ctrl+z, abrumadas ante las imágenes de lo que se viene si quedan embarazadas. Debe ser muy difícil encontrarse en una situación así, más aun con un padre como el suyo, y no las juzgaría si quisieran correr a la farmacia, antes de 72 horas.
Imaginen que son alguna de las mujeres de Colombia estrato uno y dos, menores de edad, sin condiciones para criar un hijo. Ahora díganme si en ese caso no les gustaría tener la posibilidad de acceder gratis a una pastilla del día después.
Me dirán que porqué lo vuelvo personal, pero es que ¡es personal! es mi problema y su problema, es algo tan íntimo como la relación que tenemos con nuestros propios cuerpos. Es personal porque sus úteros son suyos, y mi útero es mío y no del Estado. Por eso les pido su respuesta y las tuteo. ¿Estarían dispuestas exponerse a la incertidumbre de un embarazo (que les puede joder la vida) por un error del que pueden o no ser culpables?

sábado, 26 de diciembre de 2009

Feliz 2010

martes, 15 de diciembre de 2009

La estupidez también es un crimen

Unabomber FBI Sketch (as woodcut)
Digital poster, 2005



Columna publicada en la sección de Opinión de ElEspectador.com el 4 de diciembre de 2009.

Creo que Nicolás Castro, un estudiante de 23 años que creó un grupo en Facebook en contra de Jerónimo Uribe no tenía pensado materializar sus amenazas. Baso mi deducción en el sentido común.

Quienes se ponen en la bobada de hacer un grupo en Facebook contra Jerónimo Uribe, tienen 23 años, y estudian artes en la Tadeo; usualmente están vaciados, preocupados por el futuro sin trabajo que se viene y por salir a tomar el viernes. Además creo que alguien que tuviera planeado llevar a cabo acciones contra Jerónimo Uribe no las contaría en Facebook tan a la ligera.

Miguel Olaya, fiscal antiterrorismo, acusa a Castro de “intentar persuadir a otras personas para que asesinaran al hijo del presidente”. Esto me preocupa porque quiere decir que a uno lo pueden encanar con una acusación que tiene dos verbos como “intentar” y “persuadir” cuyas acciones recaen apenas en el campo de la posibilidad. Otra cosa sería si lo acusaran de “haber convencido a Sutanito” (Sutanito como nombre propio, más específico que el “otras personas” del fiscal) para que matara a Jerónimo, y Sutanito efectivamente llevara a cabo un atentado contra la vida del delfín.

Pero bueno, es cierto que no es prudente ni sabio andar por ahí diciendo que uno se compromete a matar a alguien, menos al hijo del presidente, pues por amenaza se pueden imputar cargos, que es lo que asumo que ocurrió con Castro. En el articulo 347 del código penal colombiano dice “El que por cualquier medio apto para difundir el pensamiento atemorice o amenace a una persona, familia, comunidad o institución, con el propósito de causar alarma, zozobra o terror en la población o en un sector de ella, incurrirá, por esta sola conducta, en prisión de uno (1) a cuatro (4) años y multa de diez (10) a cien (100) salarios mínimos legales mensuales vigentes.” ¿Tenía Castro la intención de causar terror o zozobra? Yo no creo, pero es apenas comprensible que Jerónimo se queje con su papá porque otros niños lo odian; todos lo hemos hecho alguna vez, pero frente a padres que no podían hacer nada al respecto.

Castro no debe estar hablando de matar a nadie, sobre todo si no tiene los medios para llevar acabo una acción contundente, el mismo dice “solamente soy un estudiante, no soy criminal ni terrorista.” Aun así el miércoles se le dictó medida de aseguramiento sin beneficio a excarcelación, después de haberlo detenido gracias a un operativo de la Dijín (imagínense ustedes, ¡un operativo!) en Chía. Más que neutralizar a su enemigo mandándolo a la cárcel, pienso que Jerónimo debería sentarse a pensar por qué le cae tan mal a alguien como para que le hagan un grupo en Facebook en su contra. También sería bueno que el abogado, Jaime Lombana, el mismo que defendió exitosamente a Jerónimo cuando lo acusaron de plagio en los Andes, nos explique, en honor a la libre expresión, qué palabras debería usar un joven para hacer un grupo legalmente funcional en Facebook que expresara sus deseos de ver “desaparecer” al hijo del presidente.

En realidad la falta de Castro ha sido ser tan lengüilargo y me asusta que eso pueda provocar una medida de aseguramiento, sobre todo, porque en este país habladores, que se enorgullecen de su malicia indígena y de “poder vender hasta los papás” no hay cárceles suficientes para todos. ¿Qué será entonces de Pachito Santos que sale con cada ocurrencia, o peor, de nuestro presidente que, según me entere por Internet, amenazó a Luis Fernando Herrera con “darle en la cara, marica”?

Si nos tomamos en serio todas las amenazas pendejas que corren por ahí entraríamos en una cacería de brujas que sería terriblemente injusta y dispendiosa, pero también haría las delicias del morbo de los colombianos de paladares antropófagos (un gusto heredado, seguro, de los ilustres inquisidores de la colonia). Pero no. Afortunadamente no se le hace caso a todas las amenazas tontas porque si eso fuera así habría muchos encarcelados por amenazar en Facebook a Piedad Córdoba.

Hay procesos judiciales y operativos de la Dijín que serian mas útiles para la comunidad que arrestar a Nicolás Castro, hay políticos cafres que roban plata y dejan a otros colombianos con hambre pero ninguno ha cometido un crimen tan tonto como Castro, por eso él está encerrado, y ellos no. Lo que este caso evidencia es que 1. Que nadie tiene claro como dirimir entre una amenaza real y un insulto grandilocuente. 2. Que ante la duda, se procesará solo a quienes amenacen a gente importante y 3. La estupidez también es un crimen.

Esto último es terrible porque la justicia colombiana ya tiene las manos llenas con el crimen, como para ponerse por ahí a combatir la estupidez.

Perros y gatos



En octubre el gobierno iraní liberó al periodista Maziar Bahari, detenido pocos días después del comienzo de las manifestaciones postelectorales de junio pasado. Bahari fue acusado de ser un espía de la CIA, el MI-6, Mossad y “Newsweek”, revista americana para la que trabaja. Fue retenido por el IRGC, Cuerpo de Guardia Revolucionaria Islámica, una unidad poco conocida antes de las elecciones.

Estuvo retenido por 118 días. Su torturador lo consideraba americano aunque fuera canadiense. Le contó cómo sus hermanos se habían especializado en “romper el alma de un hombre sin usar mucha violencia contra el cuerpo”. Lo encerraron en una celda de 20 pies cuadrados que parecía una tumba, lo interrogaron sobre las fiestas a las que había asistido que debían ser “como tener su propio New Jersey en Tehran” en donde urdían planes para “erradicar la religión pura de Muhammad y reemplazarla con el Islam americano, el Islam de New Jersey”. Algunos de los argumentos que sustentaban su cautiverio incluía frecuentar mujeres sin velo, ser amigo de intelectuales y artistas iraníes (espiás según el guardia) y haber sido entrevistado en The Daily Show, un programa de comedia política estadounidense.



Es evidente que el asunto fue un malentendido, pero a Bahari no le fue posible convencer a sus captores y sólo lo liberaron gracias a la presión internacional. El problema fue básicamente que un mismo gesto, ej. “que una mujer no use velo”, es interpretado de maneras diametralmente distintas en dos culturas. Si no hay un conocimiento de la otra cultura no hay traducción posible, sin un conocimiento previo del contexto cultural, el captor de Bahari no puede comprender que Newsweek es una revista y no una organización americana para el espionaje.

Este incidente me recordó un capítulo de un libro de Vitus B. Dröscher (un zoologo popular en los 70) Hay que aullar con los lobos. En uno de los capítulos del libro Dröscher habla sobre por qué no se entienden los perros y los gatos. Según Dröscher, el enfrentamiento perpetuo entre perros y gatos se debe a un problema de lenguaje. Cuando los perros estiran sus patas delanteras y levantan y mueven la cola, esto indica que quieren jugar. Cuando los gatos lo hacen, esta posición indica una amenaza. Cuando los gatos ronronean suavemente quieren cariño, mientras los perros entienden esto como un gruñido. Cuando perros y gatos se crían juntos no tienen estos problemas de lenguaje y se llevan bien, al menos según Dröscher.

Gringos e iraníes se comportan, en este caso, como perros y gatos, pues lo que unos hacen con fines cómicos los otros lo interpretan como una afrenta. Si ambas culturas tuvieran una mejor comprensión la una de la otra probablemente se resolverían muchos problemas.

La mayor dificultad que solo una minoría tiene suficientes conocimientos culturales y/o herramientas para entender al otro. Pero los soldados, los que se encuentran cara a cara en la calle, fundan su comportamiento solo en paradigmas culturales. Así como los captores de Bahari estaban convencidos de que New Jersey era un paraíso del consumismo y el pecado, occidente está convencido de muchas otras afirmaciones sobre oriente, como “que son el enemigo terrorista del imperio”.

No me crean tan hippie. La diplomacia cultural no va a solucionar todo, pero la enemistad cultural es también lo único que podemos combatir desde lo cotidiano. Tanto los iraníes como los estadounidenses se identifican el uno al otro como barbaros. En realidad, ser civilizado consiste en entender que lo bárbaro no existe.



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Me gusta pensar en soluciones como la educación diplomática en pequeñas esferas, en que cada individuo pueda hacer un microejercicio de diplomacia. Y comenzare por dejar de creer que las casas en Venezuela están todas pintadas de color curuba.

Va va voom


Cuando Eva, en toda su sensual perfidia, obnubiló a Adán para que probara la manzana, se inventó la femme fatale. Al parecer el pobre Adán, no sabiendo con cuál cabeza pensar, decidió desobedecer a dios, y como consecuencia lo obligaron a trabajar, todo por una chica de cuya desnudez ahora era consciente y que prefería ver cubierta para evitar tentaciones, e impulsos que se volvían irrefrenables ante un par de tetas.

En nuestra cultura nos han enseñado que es la mujer la que se debe cubrir, pues mostrar su cuerpo es una invitación, no solo a que la miren, si no también a que la toquen, como si su desnudez la revelara como un objeto. News flash: las mujeres son sujetos hasta cuando están desnudas.

La Archidiócesis de México publicó en Internet una “ficha de valores” sobre el pudor en la que recomienda a las mujeres católicas que, para evitar agresiones sexuales, no usen “ropa provocativa” ni entren en “conversaciones o chistes picantes” con personas del otro sexo. En estos consejos “prácticos” se llega a asegurar que la pornografía es una “prostitución mental”.

“Si quieres evitar una agresión sexual… No uses ropa provocativa… Cuida tus miradas y tus gestos… No te quedes sola con un hombre, aunque sea conocido… No permitas familiaridades de tus amigos o parientes… No admitas pláticas o chistes picantes…”, afirma la archidiócesis en una ficha que se usó como material preparatorio previo al VI Encuentro Mundial de las Familias que se celebró en México en enero de 2009. Fue escrita por el sacerdote Sergio Román del Real, y publicada en la página electrónica del semanario católico.

“Cuando exhibimos nuestro cuerpo sin recato, sin pudor, lo prostituimos porque provocamos en los demás sentimientos hacia nosotros a los que no tienen derecho, a no ser que deseemos ser propiedad pública, es decir, que nos prostituyamos aunque sea mentalmente”, sostiene el sacerdote. “Eso es la pornografía: una prostitución mental”, añade.

Esto es una barbaridad por el simple hecho de que no hay nada que podamos hacer para que nuestro cuerpo sea “propiedad pública”, hasta una prostituta es dueña de su cuerpo, es un sujeto. Bueno, diràn ustedes, los curas siempre dicen esas cosas. Pero al menos ellos dicen lo que piensan. Muchos, que se las tiran de igualitarios también entienden la poca ropa en las mujeres como una provocación.

En Brasil, país famoso por sus garotas topless, expulsaron de la universidad a una estudiante de 20 años, que fue perseguida y humillada por sus compañeros por ir a clase vestida con minifalda.

El asunto ocurrió el 22 de octubre en la ciudad industrial de Sao Bernardo de Campo, vecina a Sao Paulo. La joven, que acababa de iniciar sus estudios en la Escuela de Turismo, abandonó la universidad llorando, escoltada por funcionarios y por agentes de la policía militarizada.

La Universidad Bandeirantes aumentó el escándalo al confirmar que ha decidido expulsar de sus filas no sólo a uno de los alumnos que participaron en la persecución de la chica, sino también a ella.

Decir que la estudiante instó, con su minifalda, al mal comportamiento de sus compañeritos de estudio suena como a cuando los curas le echan la culpa a “las pintas provocativas” por el aumento de violaciones a mujeres.

Si a uno le parece que alguien se viste feo, lobo, de mal gusto o inapropiadamente es problema de uno. A uno le puede caer mal, y entonces uno mira para otro lado, pero hacer un juicio de valor sobre una persona por la ropa que tiene puesta es una invasión de espacios. Peor, es un acto de arrogancia e ingenuidad, es pensar que esa otra persona se viste para uno, y que uno está en una posición superior que le permite saber qué es lo mejor para el otro.

¿Qué habrá movido a los estudiantes e Bandeirantes a masificarse en contra de una chica en minifalda? ¿Le tuvieron miedo a sus piernas? ¿A sus curvas todo poderosas? Lastimosamente nadie es tan irresistible, la femme fatale no existe y ningún hombre esta irremediablemente a su merced. Todos podemos escoger controlar nuestros más oscuros instintos y ser respetuosos con los demás y entender que si sus acciones no invaden nuestro espacio no tenemos que invadir el suyo. Es decir, podemos escoger no ser tan sapos, y respetar las libertades individuales, y recordar, sobre todo, que haga lo que haga una persona sigue siendo una persona, y nada en su comportamiento justifica objetizarla.

Déjenme sana


http://www.flickr.com/photos/24966308@N06/

Un trofeo de sala, diciembre de 2006.

Yo soy un trofeo de sala. Muy buenas notas en el cole y en la universidad, dos carreras, lindas piernas. Soy responsable. Tengo relaciones estables. A veces me siento gorda.

Me gustan las flores, y el mar y los arco iris y los libros. No fumo.

Todo esto lo sabe mi mamá. Todo esto lo saben sus amigas que me quieren casar con sus hijos. Lo que no saben ninguna de las dos es que a mis tardíos 24 he desarrollado un gusto por las drogas.

Y entonces ¿por qué, una niña como yo, con un “futuro por delante” de buena familia y sin ninguna necesidad básica latente se echaría par plums en una rumba?

La primera respuesta podría ser culpar a mis malas compañías. Pero estas malas compañías han estado siempre ahí. Me emborrache con mis amigas del colegio por primera vez a los 12 y no soy una alcohólica. (Tengo que confesar, sin embargo, que este texto me hace dar ganas de una cerveza). Un mancito con el que salía me ofreció cigarrillo por primera vez a los 15, lo probé y no me gusto y hoy no fumo. Mi novio de la adolescencia tenía un desenfreno deliberado por probarlo todo. Yo no lo hice.

Consumir, en mi caso, es una decisión que tome a los 24, sin vestigios de la rabia adolescente. Una que era necesaria para poder autotildarme de marihuanera, pues no es como si uno se quedara pegado con su primer contacto con las drogas. Las drogas son ungusto aprendido como el café y el cammenbert. Me tomo un año al menos trabarme por primera vez y no se fumar directamente del cigarrillo. Para ser una marihuanera se necesita mas fuerza de voluntad que para no serlo. El dolor de garganta de los primeros plums es suficiente para desistir.

¿Que me pueden hacer daño? Claro, tanto como el smog y el trabajo en exceso. ¿Que puedo rumbiar sin?, por supuesto, sin embargo me divierto un poquito mas rumbiando con. ¿Que cada cuanto me dan unas ganas que se sienten malévolas? cierto, y me preocupa. A mí, sin embargo, antes que despertarme sentimientos de culpa, me alegra haber probado las drogas, yo siento que era algo que tenía que vivir para entender muchas cosas sobre mi y sobre el mundo. Ya no tengo esa miradita juzgante e ingenua que a veces se me salía y que aun en mis años de extrema sobriedad me molestaba. Probar las drogas para mí fue una decisión clara, conciente, que tomó tiempo. Una decisión sustentada en Nietszche y en Bergson. Una decisión que no me hace perder mi estatus de trofeo de sala y que no me impide levantarme por la mañana a trabajar. Que me ha dado, eso si, buenas rumbas y buenos orgasmos. Y también sí, que conlleva el peligro latente de ser una decisión sin vuelta atrás, por que yo también soy conciente de mis tendencias adictivas pero estas tendencias están dentro de mí y no creo que me les pueda escapar sustrayéndome del mundo. He sido conciente de esto desde hace mucho tiempo, y me espere a los 24, cuando me sentía suficientemente fuerte para encararlas. Tal vez las drogas para mi sean una etapa. Tal vez me terminen volviendo mierda. Tal vez me convierta en una consumidora conciente y responsable. En realidad no se. Pero al menos ahora también puedo hablar de ese oscuro pedazo de mí, que ni yo ni nadie vemos cuando tomo onces en la sala. Una oscuridad que se aclara cada vez más porque la estoy conociendo íntimamente a medida que las drogas y yo vamos midiendo fuerzas.



Si usted, como yo, no quiere que gente que no lo conoce dictamine sobre su salud mental, suba su video a www.dosisdepersonalidad.com y únase a la nueva campaña “Déjenme sano”.

jueves, 26 de noviembre de 2009

El chocoloco bogotano



Publicado en la revista Cartel Urbano, No 29, Bogotá, noviembre de 2009.

Te levantas a medio día y enciendes tu iPhone para encontrar rápidamente un link curioso con el que puedas saludar al mundo. Prendes entonces tu Pielroja y miras malgeniado por la ventana de tu apartamento de La Soledad, que pagas con tu trabajo como freelance y con una ayudita de tus papás, que entienden que, en la carrera creativa que estudiaste, la plata llega tarde y hay que dedicar buen tiempo al ocio porque si no, no aparecen las ideas ni se puede pasar el guayabo con tranquilidad.

En realidad, tu vida es tranquila, las cosas van bien, tu piercing expansor ya tiene como 5mm, estás flaco, y el corte de pelo irregular resalta tus defectos con ironía. La vida está llena de color, como un mural de Excusa2, pero tú no eres feliz, Uribe va para un tercer periodo, y ese man está en contra de la legalización, y del aborto; además, todo el mundo ya se copió de las mismas gafas Rayban que usas porque ahora las venden en todas las esquinas a 10.000. Tu postmomiseria se ve acrecentada porque la noche anterior, después de Mai Lirol, el portero de Invitro no te reconoció, y te tocó pagar la entrada y gorrear trago y otras cosas por ahí. Por eso el guayabo.

Vas a la cocina y te sirves un tinto negro, de un sabor tan amargo como caer en cuenta de que todo lo que quieres hacer ya se lo inventó Duchamp. Después te bañas, te calas una camiseta con la ilustración de un casete, porque los ochenta son tan chéveres, y claro, unos Converse. Te toma un rato escoger de entre tus cinco pares cuál pega con los jeans que te vas a poner.

Tu roomate ha puesto The Killers a todo volumen y se da besos tibios con una chica que ahora tiene las medias de tu ex, porque las medias rotan al mismo ritmo que las venéreas. Tú le gustaste una vez y la hiciste la portada de ese fanzine vegano que fracasó porque se dañó la fotocopiadora, y por eso dejó de quererte y no volvieron a tener esas dates en Crabs; claro que como Crabs ya cerró, hoy irían mejor a una exposición en La Residencia y comentarías cuánto quieres tener esos libros que no te puedes comprar, afortunadamente, porque no te los vas a leer.

Te pones los audífonos y sales a la calle. Bogotá es una chimba porque es fría y oscura como Londres, sólo que últimamente hace un sol que delata que Chapinero no forma parte de una ciudad del primer mundo. Sientes que el centro te llama y coges un bus. Al pasar por la plaza de toros, recuerdas con amargura ese libro de Foucault que te leíste, el que citas en todas las fiestas, no sabes muy bien por qué, pero ya es hora de que leas Lukács, porque alguien habló de él el fin de semana pasado, y a todos les gustó. Decides que vas a parar en la Lerner a comprar algo de él.

El libro es caro y la vida es una mierda. No vas a tener plata para ese mural de vinilo que quieres poner en tu oficina. Almuerzas en el restaurante árabe de ahí al lado del Icfes porque es barato y sólo alguien como tú reconocería un restaurante modesto y exótico que fuera realmente bueno. Cuando llegas al restaurante te encuentras Cartel Urbano, que te parece muy bien que sea gratis porque la libre información es el futuro del impreso, y en esta edición sale una amiga tuya que diseña ropa.

Vuelves a tu casa, donde tu roomate te cuenta que su chica lo acapara, y maldices entre dientes haberla oído gritar anoche y le aconsejas que la deje.

El día ha pasado como cualquier otro, has reafirmado satisfactoriamente tu identidad a través de esas preferencias tan tuyas; no te caes mejor que ayer, pero para eso está el antidepresivo. Así que frente a tu computador trabajas y chateas hasta medianoche, y pides un domicilio a La Hamburguesería. La comida de allá es buena, pero es mejor pedir, porque el restaurante se la pasa lleno de chocolocos.

Buscando novio por Internet

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domingo, 22 de noviembre de 2009

Ajá porque ajá



Imagen vía http://www.elheraldo.com.co/ELHERALDO/BancoConocimiento/R/rdaja/rdaja.asp?CodSeccion=3

Publicado el 22 de noviembre de 2009 en la revista Dominical del periódico El Heraldo.

En realidad el ‘ajá’ costeño tiene 3 sentidos. En su primera acepción se dice ‘ajá’ cuando por fin te dan la razón o entiendes algo. En su uso epifánico, usualmente se alarga la segunda vocal: “Ajaaaaá”. Esta primera forma del ‘ajá’ es bastante comprensible, e incluso usada en varias regiones colombianas.

En su segunda acepción el ajá es un reclamo poco serio. Se dice“¿ajá y tú qué?” para llamar la atención de algún interlocutor (figura) con un delicado aviso de atención, que el aludido suele entender, según sus culpas personales, como “por fin te encuentro”, “por qué estás tan perdido”, “eres un acabarropa’ (sinvergüenza)” et al.

Su tercera acepción es tal vez la más complicada. Este ‘ajá’, el explicativo, es el que se usa cuando se contesta “porque ajá”: “Yo estaba saliendo con esta pelaá, pero ajá, tú sabes cómo es la cosa ahí y ajá, yo no iba a decirle nada”.

De esta afirmación puede deducirse que el emisor estaba saliendo con una joven, pero terminaron su agremiación debido a un problema recurrente de ella, que el emisor ya ha señalado repetidamente y que debido a su orgullo, no le reclamó ni reclamará más. Y esto es solo lo deducible de la frase. Podemos asumir que el receptor conoce al emisor, y por tanto, tiene información previa que marca los bemoles de los ‘ajá’ explicativos de la frase.

El ‘ajá’ explicativo exige que el interlocutor saque la información del contexto reciente. En esta acepción, el ‘ajá’ es una especie de acuerdo sobre lo de lo fundamental, es decir que quienes participan de la conversación están de acuerdo sobre unas premisas básicas sobre las cuales no hay que elaborar mucho. ¿Y cómo se llega a este acuerdo?

El acuerdo viene configurándose desde hace mucho, es étnico e histórico, es una exigencia del territorio que pide poner atención al contexto. Esta exigencia se convierte en una habilidad cuando se ha crecido en la región costeña, que está sumamente familiarizada con lo verbal, y funciona mejor con significados móviles, que son propios de la oralidad rural. Esta región, con pueblos de tejas de zinc y calles de tierra, manifiesta sus ideas con su cuerpo y su voz. Por eso hay una tradición musical tan consumada.

El lenguaje escrito agrega una importancia inmerecida al texto, tiene diccionarios y gramáticas, el lenguaje parece gobernado por un código, un código que consiste en un set de estrictas reglas escritas, ortografía, semiótica etc.

El resultado es que la gente olvida que se aprende a hablar antes de aprender a escribir, la secuencia natural se reversa. Olvidan también que las palabras son algo local, etnológico y etnográfico.

A diferencia de muchas palabras que tienen pretensiones de universalidad, el ‘ajá’ costeño es totalmente local, entenderlo es casi un santo y seña entre nosotros, los costeños colombianos.

Entenderlo marca la pertenencia a un grupo étnico, a un clan. También marca cierta distancia de las culturas urbanas, que, a diferencia de los territorios rurales, necesitan mayor precisión, más legislación, tantos significados precisos. Como si a más concreto se necesitara más concreción.

Tal vez esa es la dificultad que tienen culturas que se apoyan en lo escrito para entender el término. ‘¡Ajá!’ es una expresión que refleja un “darse cuenta” de algo, es la exclamación relacionada con un estado cognitivo-emocional cuando, ante un problema, las cosas se organizan de manera súbita y adquieren claridad.

Este es un significado común a todas las acepciones costeñas del ‘ajá’, sin embargo, costeños más practicantes que yo me dirán que desglosar la mística expresión en tres acepciones es una cachacada, y que este significado único es hábil ‘para cualquier vaina’.

Lo que pienso es que el ‘ajá’ es como Ygramul, el múltiple, un personaje de La historia interminable, de Michael Ende. En el libro corría la leyenda de que este era un monstruo que podía, al instante, tomar la forma de tus peores pesadillas.

Atreyu, uno de los protagonistas, descubre que Ygramul es en realidad un conglomerado de insectos que se reorganizan (reorganizan su significado) según su adversario (el contexto). Por eso, no es que el ‘ajá’ no signifique nada o sea una respuesta obviada. El ‘ajá’ en realidad es una palabra múltiple, cuyo significado se ajusta al movimiento de las manos, al recuerdo, a la intensidad de la voz, y no a un diccionario.

Porque ajá



Publicado el 15 de noviembre de 2009 en el periódico El Tiempo.

El 'ajá' costeño tiene varios sentidos. Se pronuncia alargando la última vocal cuando por fin te dan la razón o entiendes algo: "Ajaaaaá".

Se usa también para hacer un reclamo que el aludido suele entender según sus culpas: "Ajá, ¿y tú qué?"

Tiene también un sentido explicativo que se manifiesta en el conocido "porque ajá". En la frase hipotética "Yo estaba saliendo con esta pelaá, pero ajá, tu sabes cómo es la vuelta con ella, porque ajá, yo no voy a decirle nada", el hablante está diciendo que tenía una relación amorosa con una joven que debió terminar debido a una diferencia que, por orgullo, no reclamó ni reclamará nunca. En este caso el 'ajá' funciona como un acuerdo sobre lo que no necesita explicarse.

Existe un acuerdo étnico e histórico respecto al uso del 'ajá', una exigencia del territorio que pide -a emisores e interlocutores- atender a un contexto en el que, en el caso de los costeños, más familiarizados con lo verbal que con lo escrito, representa una habilidad que opera mejor con significados móviles propios de la oralidad rural.

Decir "¡Ajá!" es una expresión que implica "darse cuenta" de algo; usarlo exige que las cosas se organicen súbitamente y adquieran claridad.

Aunque costeños más practicantes que yo dirán que desglosar la mística expresión en estas acepciones es una cachacada, y que este significado único es hábil 'para cualquier vaina', 'ajá', a fin de cuentas es una palabra múltiple, cuyo significado se ajusta al movimiento de las manos, al recuerdo y a la intensidad de la voz, pero nunca al diccionario.

Por los valientes



Publicado el 20 de noviembre de 2009 en la sección de Opinion de ElEspectador.com

A mí me impresiona mucho que la gente quiera casarse. Es que casarse, es más que un simple contrato, público y privado.

Cuando uno se casa con alguien no solo le está diciendo “te amo” sino que también le está diciendo “estoy dispuesto a envejecer contigo aunque me canse de ti, y creo tan ilusamente que eso va a suceder que estoy dispuesto a firmar un papel y hacer un oso publico.” Esta diciendo, “no solo eres mi pareja si no que de ahora en adelante vas a ser mi familia, familia de mi familia, y viceversa”. Esta diciendo “creo que podría reproducirme contigo y me gustas tanto que no odiaré ninguna de tus características cuando las vea aparecer en mis hijos”. Para casarse se necesita ser muy valiente.

La mayoría de las personas de mi edad que conozco tienen problemas con el compromiso. Si sus susodichos se acercan demasiado huyen, y si se alejan los persiguen. Buscamos relaciones que sabemos que no pueden funcionar para poder mantener siempre la maleta debajo de la cama. Tenemos que estudiar y trabajar y cada vez es más difícil mantenerse solo, independizarse de los padres, hacerse una carrera y en realidad no queda tiempo para construir una relación.

Somos adictos al consumo y aun en nuestras relaciones emocionales queremos consumir y consumir y consumir. Muchos somos hijos del divorcio, solo podemos hablar con sarcasmo de una relación a largo plazo. Esa es mi generación, que no cree en nada y no se conforma con nada y que cuando le dicen la palabra matrimonio siempre niega que quiera casarse, se pone su máscara de autosuficiencia y con liberalidad dice que no, aunque por dentro sueñe con alguien que sepa a la perfección cómo prepararle los huevos y el café.

Si a pesar de todo eso uno sucumbe al amor la primera opción es vivir juntos, para poder escapar por si acaso, porque eso del contrato nos parece innecesario, anticuado, y porque no estamos dispuestos a poner las manos en el fuego por nadie. El estado debería estar agradecido de que alguien, en esta época, tenga la estabilidad/desequilibrio mental y emocional como para querer hacer un compromiso legal para toda la vida, llamarlo matrimonio, y formar una familia. Por eso no entiendo por qué se discute si debe ser legal el matrimonio entre homosexuales. Negar este derecho es negar que los homosexuales son parte activa de nuestra sociedad como si eso fuera nocivo, como si ser gay fuera un problema y no una condición natural, como si esa declaración de amor y confianza tan poco frecuente, no fuera deseable en cualquier circunstancia.

Los argumentos a en contra del matrimonio gay suelen ser que:

1. “El matrimonio debe ser entre un hombre y una mujer”: ¿por qué? ¿No debería ser simplemente entre dos personas dispuestas a formar juntas una unidad social?

2. “El matrimonio es para la procreación”, lo cual invalida cruelmente las uniones de parejas estériles y hace excusable que el marido deje a su mujer porque "no le supo dar un pelao".

3. “Las parejas del mismo sexo no deben criar hijos porque estos deben crecer con una figura masculina y una femenina clara”, pero ¿quién tiene realmente eso? Si muchos hemos sido criados por un solo padre, o por la aldea (el televisor) y no por eso somos unos desadaptados sociales. Lo que los niños necesitan para crecer bien es un hogar estable y amoroso, de ahí en adelante no importa cómo sea la conformación de ese hogar.

4. “Las relaciones homosexuales son inmorales y violan la institución de la familia” que supuestamente es algo así como “un papá y una mamá, un hijo y una hija”, felices y tranquilos como en un comercial de crema dental; algo que no existe ni en la Biblia, donde en la Sagrada Familia, María estaba teniendo el hijo de otro: el modelo familiar religioso en el que está fundada la sociedad en realidad es una ficción.

En septiembre se interpuso una demanda ante la corte constitucional contra las normas que prohíben el matrimonio como contrato civil entre parejas del mismo sexo y, por ende, les niegan la posibilidad de conformar un núcleo familiar a las personas homosexuales. De todo corazón espero que esta demanda pase porque que dos personas decidan casarse es un acontecimiento de valentía, es, como dice Neneh Cherry “ser suficientemente fuerte para hacerme débil en tus brazos”: no sé como un gesto como ese, venga de quien venga, pueda hacerle daño a una sociedad.