domingo, 19 de abril de 2009

Weekend at Reyes


No soy la única que lo sospecha...

sábado, 18 de abril de 2009

Comics, zombies y Jane Austen

Pienso que debo mi feminismo señoritero, en gran medida, a haberme leído en la adolescencia Orgullo y prejuicio de Jane Austen. El libro me enseñó la, tal vez ingenua premisa, de que no necesito ser tonta y sumisa para que un mancito me quiera. La premisa es bien cambiavidas, sobre todo si uno ha crecido en Barranquilla, una ciudad llena de complacientes mujeres con visitos monos en el pelo. Creo, además, que mis abuelas, dentro de su liberalidad me enseñaro a ser una damita, de la capital, que supiera coser, que supiera bordar, y (aquí es donde salió el tiro por la culata) supiera abrir la puerta para ir a tomar. La tergiversación de la cancion infantil no sería posible si no hubiera tenido modelos a seguir como Elizabeth Bennet: femenina, encantadora, ingeniosa y un tris dificil de domesticar.
Incluso cuando mis innegables torpezas emocionales me hacen creer que me quedaré solterona y pobre, criando dálmatas en Cazucá, pienso que la soledad no puede ser tan mala si Austen pudo ser la mujer que fue, escribir las novelas que escribió y, a diferencia de sus heroínas, no casarse nunca.
Creo que Orgullo y prejuicio es un referente obligado para cualquier chica del siglo XXI, pero no puedo pretender, y menos en la era Facebook, que todo el mundo sea tan nerdo. Por eso me alegra descubrir que Marvel ha sacado una adaptación a novela gráfica del libro, hecha por Nancy Butler, ganadora del Rita Award. Paralelamente se ha publicado Orgullo, prejuicio y zombies, de Seth Grahame-Smith, que se firma como co-autor para dar crédito a la autora original y dejar en claro que lo que escribe es una alteración, en la que Lizzie enfrenta su aguda legua a monstruos comecerebro.
Estas reediciones son chistosísimas y evidencian que las novelas de Austen, en un mundo post-feminista, son más vigentes que nunca. Si las chicas de está época vamos a llenarnos la cabeza de pajaritos pintados mejor que estos canten que podemos ser autónomas, independientes y felices. Eso se puede aprender con buena literatura, no sólo con los libros de autoayuda de las cajas de los supermercados.
A continuación un pasaje de Pride Prejudice and Zombies, que prometo traducir cuando tenga más tiempo.

"As Mr. Darcy walked off, Elizabeth felt her blood turn cold. She had never in her life been so insulted. The warrior code demanded she avenge her honour. Elizabeth reached down to her ankle, taking care not to draw attention. There, her hand met the dagger concealed beneath her dress. She meant to follow this proud Mr. Darcy outside and open his throat.
But no sooner had she grabbed the handle of her weapon than a chorus of screams filled the assembly hall, immediately joined by the shattering of window panes. Unmentionables poured in, their movements clumsy yet swift; their burial clothing in a range of untidiness. Some wore gowns so tattered as to render them scandalous; other wore suits so filthy that one would assume they were assembled from little more than dirt and dried blood. Their flesh was in varying degrees of putrefaction; the freshly stricken were slightly green and pliant, whereas the longer dead were grey and brittle – their eyes and tongues long since turned to dust, and their lips pulled back into everlasting skeletal smiles.
A few of the guests, who had the misfortune of being too near the windows, were seized and feasted on at once. When Elizabeth stood, she saw Mrs. Long struggle to free herself as two female dreadfuls bit into her head, cracking her skull like a walnut, and sending a shower of dark blood spouting as high as the chandeliers."




miércoles, 15 de abril de 2009

Derecho pa'l mar

Straightway to the Sea
Muelle de Puerto Colombia
diciembre de 2008

Straightway to the Sea from Gabriel Castillo on Vimeo.

jueves, 9 de abril de 2009

Víctimas de la moda



Publicado el 27 de marzo de 2009 en la sección de Opinión de EL ESPECTADOR

“Fighters+Lovers” se define a sí misma como una organización que trabaja en el límite entre la moda, la cultura y la política, y que aboga por la solidaridad y el derecho de la libertad, por medio de ropa bien “funky”, accesorios y eventos culturales. La última colección se llama “La era de la liberación” y tiene lindos estampados de abejitas junto a siglas de las Farc.

Yo comparto esa ingenuidad-hippie-de-burguesita-de-izquierda y me gusta pensar que se puede salvar al mundo con camisetas. Lo que no me parece factible es salvar al mundo partiendo de la tontería de que toda organización que se llame a sí misma revolucionaria tiene derecho a la guerra.

Los integrantes de la firma de ropa danesa fueron condenados por El Tribunal Supremo de Dinamarca por intento de apoyo económico a las Farc y al FPLP palestino. Todas las penas de prisión fueron condicionales, en realidad lo que la firma recibió fue un coscorrón jurídico, porque seguro El Tribunal Supremo piensa, como yo, que más que un peligro son niños ingenuos, que como no tienen suficientes problemas en su propio país necesitan la emoción del nuestro.

En la página web de la marca aparece un corto panfleto donde le explican a sus coterráneos qué es lo que pasa con la guerra colombiana. La cosa se pone buena cuando citan a James Petra, sociólogo de la Binghamton University, quien aparentemente dice que las Farc sólo atacan fuerzas militares, nunca civiles inocentes, y defienden las cosechas de los pobres campesinos frente a los ataques del gobierno que arrasa con todo. Dicen que las Farc ni producen ni exportan drogas, que sólo se les llama narcoguerrilla gracias a una campaña de desprestigio conducida por Uribe para recibir fondos de EEUU. Finalizan con esta joya: “Las Farc también son un importante promotor de la cultura y manejan varias estaciones de radio en el territorio colombiano. Han producido 23 álbumes, con música tradicional colombiana como cumbia, salsa y vallenato.”

¿Qué ha llevado a “Fighters+Lovers” a creer estas cosas? Además de su evidente flojera para la investigación (su manifiesto sólo cita a Petra y a “Iván Cepedo”, y fuera de contexto); creo que hay dos factores de fondo que los motivan a pensar que las Farc necesitan sus camisetas. Lo primero es una visión europea paternalista y llena de culpa, hacia todos los países con traumas poscoloniales. Ciertos círculos de jóvenes, educados con películas de Disney, se dan cuenta de la atrocidad del proceso de colonización de los países del tercer mundo y empatizan con cualquiera que ataque un régimen cualquiera.

La segunda razón, la que me preocupa, es que así como su comprensión del problema colombiano está llena de absurdos, también aciertan en muchos puntos. Es cierto que la situación de los derechos humanos en Colombia en los últimos 20 años ha sido crítica, que ha habido muchas víctimas del paramilitarismo, falsos positivos falsas acusaciones, crímenes contra minorías, ataques a la libertad de expresión, y un gobierno que solapadamente aspira a 12 años en el poder. Es decir, nadie se frunce cuando nos dicen “régimen” o “gobierno autoritario” porque hay algo de cierto en eso. También es cierto que las Farc, entre otras muchas cosas, son un grupo rebelde que tiene por enemigo un gobierno de derecha. Eso es suficiente razón para que un europeo desinformado se crea el cuento de que las Farc son un grupo de producción de música folclórica.

Estas camisetas serían una simple bobada si no fuera porque la situación evidencia que para que el mundo nos crea que las Farc son terroristas no basta mostrar sus atrocidades. También hay que mostrar un gobierno que no parezca el antagonista clásico de un grupo revolucionario. Cada aparición de Uribe como un patrón-patriótico los legitima como grupo rebelde. Si el gobierno quiere cambiar la buena imagen de las Farc en el exterior tiene que cambiar también su mala imagen y esto es difícil, porque en que en muchos aspectos, no es sólo una imagen.

¿Un periódico de ayer?



Publicado el 29 de marzo de 2009 en la Revista Dominical de EL HERALDO.

Siempre hay alguien que defiende el impreso. Cada vez que los espeluznantes índices de crisis de la prensa impresa nos obligan a preguntarnos si el papel está destinado a desaparecer, alguien dice “no, el papel no morirá”.

Entonces, con un romanticismo victoriano, ese alguien habla de su olor, de su textura, de la tinta, de la tradición. Dice, que es portátil, que lo puede subrayar, apropiárselo, en fin, virtudes que la tecnología ya reemplaza con creces.

Ni siquiera hablar de las ventajas milenarias del periódico para llevarlo al baño resulta un argumento viable: hoy en día se empiezan a desarrollar aparatos como el Kindle (dispositivo de lectura, que es a los libros lo que fue el Ipod a los cedés), perfectamente portátil y que permite cargar una biblioteca entera en un solo dispositivo.

Existen varias organizaciones como www.newspaperproject.com, que nos explican, —vía web, para mayor ironía— por qué el impreso es indispensable. Lo que parece más desesperado de estas campañas es que el impreso se ha aliado con los medios virtuales pensando que si no puede con su enemigo debe unirse a él, y esta posición es una franca derrota.

La industria editorial impresa se enfrenta hoy en día a 3 problemas: el primero es que casi toda la información en Internet es gratuita, y accesible en cualquier parte, el segundo es que muchas personas leen cada vez menos y se desesperan cada vez más rápido con un texto largo, y el tercero es que no solo el papel es carísimo; su competencia directa, Internet, es prácticamente gratis en comparación.

Es cierto que es mucho más cómodo leer en papel que en una pantalla, sin embargo, la producción masiva de impresos es insostenible. Para fabricar una tonelada de papel a partir de celulosa virgen se necesitan 2.400 kilos de madera, 200.000 litros de agua y cerca de 7.000 Kw/h de energía. Tanto esfuerzo debe dedicarse a objetos que permanezcan en el tiempo.

Los libros son objetos bellísimos a los que uno puede volver a lo largo de su vida, y esta calidad de objetos de memoria puede justificar el papel. El papel será cada vez más caro, por eso su uso debe orientarse a impresos con textos y factura tan exquisitos, que valga la pena coleccionarlos.

El periódico, en cambio, es “sensacional cuando salió en la madrugada, a mediodía ya noticia confirmada y en la tarde materia olvidada”. Las noticias escuetas y claras están cubiertas por la red, que tiene la ventaja de ser inmediata.

Las noticias impresas tienen la desventaja de que son costosas y su vida es corta: nadie lee el periódico de ayer. Mientras los periódicos en Internet cumplan las mismas funciones de los periódicos impresos, estos últimos están destinados a morir.

Dicha muerte puede ser una ganancia. Durante mucho tiempo se pensó que un buen artista era aquel que podía representar la realidad lo más acertadamente posible en medios plásticos, como la pintura y la escultura.

El arte de ese entonces era útil, permitía la creación y reproducción de imágenes. Con la aparición de la fotografía muchos pintores fueron reemplazados y se vaticinó, como ya había pasado en el Romanticismo, la muerte de la pintura.

Lo que sucedió fue maravilloso: superado el problema técnico de la reproducción de la imagen, los pintores empezaron a reflexionar sobre el material, el soporte y la forma en que veían el mundo.

De ahí nacieron el Impresionismo, el Fauve, el Expresionismo, en fin, todas las vanguardias del siglo XX. La fotografía fue un avance tecnológico que liberó a la pintura de una función práctica y utilitaria, Internet podría representar lo mismo para los medios impresos. Una eventual muerte de la prensa impresa como la conocemos puede ser irremediable pero también es algo liberador: el impreso debe convertirse en algo que realmente no pueda ser reemplazado por Internet.

El caso de países como Colombia es interesante. Solo una minoría es tecnoletrada, y eso hace que la prensa diaria sea necesaria aún, lo cual no nos impide empezar a pensar desde ya en cómo transformar el periódico cuando su cambio sea inminente. Mientras más pronto inventemos un nuevo lenguaje para el impreso, mejor preparados estaremos.

Definitivamente, la solución no es disminuir la calidad en la carrera por ser más rápido que Internet. El periódico debe recuperar el prestigio editorial que tenían los impresos antes de abalanzarse al papel con errores de redacción y ortografía, para ganarle la carrera a los medios virtuales. Internet no es perfecta, no hay editores ni criterios de calidad, y todo el mundo puede publicar. La dignidad y calidad del impreso, que es una de sus ventajas, la que hay que enfatizar, sirve para abrir una brecha que lo independice, como medio, de la Internet.

Fortalecer cualidades como la credibilidad y diferenciarse de la Internet es lo que puede salvar a los impresos. El periódico podría también explorar sus posibilidades tridimensionales, como lo han hecho con creces ilustradores y artistas plásticos que se han dedicado al libro arte. Un buen ejemplo colombiano es Alejandro Castaño, (http://www.casazi.com/english/books.html), que experimenta con laminilla de oro, fuego, tipografías y soportes para crear libros-objeto profundos y sutiles, como un haikú.

Volverse un objeto de colección hace que valga la pena guardar el impreso y así este no se convierte, al día siguiente en la solución para los orines del perro. Se podría dedicar el impreso a la memoria y la red a la inmediatez.

La prensa impresa ya no se necesita para informar, la prensa impresa es un artículo de lujo que debe entenderse a sí mismo como tal, explorar sus posibilidades; de diagramación para proponer algo que no pueda encontrarse en Internet, de análisis para exigir un tiempo propio, y de su gran virtud: ser un objeto, tridimensional, palpable, mucho más que información.

La ganancia de los impresos del futuro está, no en la información que contienen sino en su valor como objeto (de lujo, de fetiche, de memoria). La prensa impresa como substancia se ha desligado de su contenido. La añoranza por el papel es válida, pero la añoranza de las noticias impresas es tonta, porque la función del periódico como soporte de información es obsoleta. Los periódicos deben encontrar una función en sí, que los redefina como objeto de colección y consumo, y olvidarse de lo que fueron una vez para no tener un problema tan indigno como la competencia con un medio advenedizo pero tremendamente eficiente: la Internet.

Papel: apuntes sobre las ventajas de un clásico

1.Profundidad Vs. velocidad. El papel, más que un soporte, debe convertirse en un objeto de lujo que puede aprovechar lo que Internet no tiene. Su tridimensionalidad, y la posibilidad de explorarlo con todos los sentidos, son ventajas que hacen de los impresos plataformas para desarrollar contenidos en los que prime la profundidad y la narración detallada de los sucesos.

2. Fortalecer la credibilidad. Internet es tierra de nadie, por eso no es extraño encontrarse con textos de los cuales ignoramos su procedencia o su veracidad. Uno de los valores agregados de un buen impreso es que, antes de ser enviado a la prensa, un editor se ha tomado el trabajo de escogerle a sus lectores qué leer. Un impreso bien editado tiene dignidad y genera mucha más confianza de la que jamás podrá generar un medio virtual.

3. Calidad antes que cantidad. El espacio de los impresos será el de la exclusividad, el detalle, la narración, la exquisitez y la memoria. Hay que sacrificar cantidad (para eso está Internet) por calidad. Cuando el impreso deja de ser masivo se vuelve un objeto de deseo, de colección, y se valoriza.

4. Reinventar el lenguaje. El impreso debe tener un lenguaje propio, imposible de emplear en otro soporte. El reto es acercar este ‘idioma’ a los lectores.

Reinterpretación postmoderna de la diatriba carnavalera

viernes, 27 de marzo de 2009

Los marihuaneros trabajan



Cuando apareció por primera vez en Facebook la convocatoria a la marcha Porte su dosis de personalidad, la hora para el encuentro eran las 4:00pm. Las quejas no se hicieron esperar. Alguien comentó “los marihuaneros también trabajamos” y precisamente por eso la marcha se paso a las 6:00pm. A diferencia de otras marchas, esta no se trataba de capar trabajo o universidad, y eso sí que es interesante siendo que la percepción que se tiene de los marihuaneros es que son unos vagos peludos que miran fijamente al infinito.
El cliché no es gratis. Farid, mi amigo fotógrafo y yo llegamos tarde a la marcha, tipo 6:30. Íbamos con Cristi, que llevaba su dosis de espejo, y Maria Luisa y Ana, que llevaban cigarrillos. Cuando llegamos no vimos una marcha multitudinaria, de hecho, la palabra marcha habría que cambiarla por congregación. La luz gris de las seis de la tarde no dejaba ver nada muy bien, y el granizo siempre le da unos matices lúgubres a la ciudad, o eso me parece a mí, porque soy costeña y friolenta. Antes de llegar a donde todos estaban cantando “huele a maracachafa” caímos en cuenta que efectivamente, olía a mariacachafa y había varios hippies peludos que decían lentamente, estirando sus vocales como si en ese lapso se les revelara el mundo, “péeeeegueeeeeeelooooo”.
Lo significativo es que estos marihuaneros se tomaron el tiempo de ir a manifestarse, en horas no laborales, en vez de quedarse riendo en el sofá de la casa.
Otro detalle curioso: la marcha ocurre en el aniversario de la muerte de Tirofijo. Esto último estoy segura que no significa nada, pero es un papayazo para la habladera de mierda y la retorcida interpretación semántica. Sólo quiero señalarlo por si alguien está aburrido, se va a fumar un porro, y quiere teorizar un rato sobre pendejadas.
Debo decir que aún con el frío la oscuridad, y las nubes de humo, la marcha fue bastante calida. Se trataba de verse ojo a ojo sin bajar la cabeza y eso es reconfortante. Pensar que Uribe lo oye a uno gritar “no Alvarito si al bareto” produce un calorcito en el alma. El debate sobre la libertades individuales que ha suscitado esta marcha ha sido muy bien argumentado por sus organizadores y todo ha tenido amplia cobertura mediática. Que haya un debate bien fundamentado y que les pide a los droguis que muevan el culo y salgan del sofá es otra de las cosas que seguro le dibuja a todos una sonrisa en la cara.
Particularmente esta manifestación me obligó a preguntarme cuál es mi dosis personal y fue muy difícil dar una respuesta, televisión, cobijas, comida, ropa, zapatos, libros, antihestamínicos, anticonceptivos, acetaminofen, para no mencionar dosis más obvias. Lo que vi es que mi personalidad está profundamente ligada a mis dosis, tienen una bonita relación. Pero entonces, ¿son estas dosis variadas unas muletas para mi personalidad? O, por el contrario, esas muletas son, efectivamente, mi personalidad. Si me acojo al modelo del rizoma tengo que decir que sí, que mi personalidad está regada en todas estas cosas a mi alrededor en las que, como una adolescente, trato de encontrarme. Mi libre identificación con los objetos es mi razón para marchar.
Mi segunda razón es que los grandes errores de mi vida los he cometido sobria. Recordarlo amerita una cerveza, 2, o 3, cuando vuelvo a mi casa y quiero traer a mi garganta el frío de la noche.

Fotos: Farid Cortez

Arenga política de unos manes de la distrital. El tipo tiene un vozarron potente y no necesitó micrófono.

Chicas emocionadas con sus pancartas.

Con los de El Pequeño tirano: http://parodiario.tv

Laserna pide la llamada.


Daniel Pacheco, uno de los organizadores, con su pinta de mamerto-chic.


Marihuanero diva.


Asediada por los medios.


La mano y el letrero se levantan de entre la masa.

jueves, 26 de marzo de 2009

Necia nostalgia




Sólo se puede ser cursi al hablar del muelle de Puerto Colombia. Yo me inventé, en ese muelle, mi crisis existencial de adolescente. Me iba caminando hasta la punta, veía el atardecer y esperaba a que oscureciera, que era lo más bonito, porque todo era totalmente negro, no había adelante ni atrás, solamente estrellas y mar, y la sensación conmovedora de un mundo profundo e inconmensurable.
La caída del muelle nos despierta algo que, según escuché hace poco, es una clásica nostalgia barranquillera (nostalgia que cómo podemos ver en el párrafo anterior, está a un paso de la cursilería). Yo nunca habría caracterizado la ciudad así, porque Barranquilla es una sociedad abocada hacia el futuro, pero me di cuenta que había mucha razón en decirlo. Los barranquilleros llevamos muchos años añorando la ciudad que fuimos antes de los cincuenta, esa ciudad cosmopolita, ingeniosa y esperanzada. Esa Barranquilla de los cincuenta era una ciudad sin pasado que sólo miraba hacia el progreso. No sabemos manejar nuestros recuerdos porque nunca nos interesaron en realidad. Como no tenemos los rancios abolengos cartageneros nuestro orgullo viene de lo nuevo, de lo que vendrá. No está de más decir, cada tanto, que tuvimos el primer radio, y contentarnos con eso.
Como recordar un pasado incierto no ha sido nunca la prioridad de la ciudad, escogimos la forma más cómoda del recuerdo: la nostalgia. La nostalgia se ha convertido en nuestra forma natural de manejar la memoria. Se sienta con una cervecita a pensar y sentir la brisa. Eso nos encanta. Mientras el muelle se cae nada nos quita la cara de foto, la mirada al infinito, y la anécdota reveladora. Tiene la ventaja de que se ve muy bien, y no hay que hacer nada, por eso se nos ha vuelto un delicioso vicio con el que dejamos pasar la historia de la ciudad.
Barranquilla vive de eso y llora al muelle como suyo, aun cuando fue precisamente la construcción de bocas de ceniza lo que desencadenó su larga muerte. Adoptamos el muelle en nuestra nostalgia porque es símbolo de la llegada de la modernidad y de múltiples migraciones, los dos pilares sobre los que se construye el orgullo de la ciudad. Orgullo que en cualquier momento se lleva la brisa, porque la estructura mental de la ciudad es igualita al muelle, descuidada, porosa y nostálgica. El muelle caído es una alegoría bastante cruda cómo para pasarla por alto.
Los intentos para su restauración se dilataron en el tiempo y muchos tuvimos la sospecha de que, con la tal restauración iban a plastificarle el aura como se hizo con el Castillo de Salgar, que paso de vestigio romántico de la conquista a salón de eventos con aire acondicionado. Ante eso yo prefería que se lo llevara el mar. Ahora que el mar se lo llevó, su caída llama la nostalgia llama con intensidad orgásmica porque es un tótem de nuestras glorias pasadas.
Entender a Barranquilla como una ciudad nostálgica explica muchas cosas. Explica porqué la ciudad se ha caído frente a nuestras narices, mientras recordábamos las fragantes mujeres francesas (¿eran realmente tan fragantes? Es decir… ¡eran francesas!) y el color de los sombreros Borsalinos de los italianos. Recuerdos todos idealizados en una nostalgia brumosa que los desdibuja, no los mantiene.
A mí me dio duro que se cayera el muelle pero me gustaría no sentir nostalgia. Sospecho que esta nostalgia es un poco pastiche, un poco necia, un poco una oportunidad farandulera para verse profundo y circunspecto. Prefiero sentir culpa, como si el mar nos hubiera pegado un regaño por recordar sólo de dientes para afuera un pasado que llevaba tanto tiempo silencioso. El muelle de puerto Colombia se cayó el sábado, pero se había callado hace rato. Era una voz ahogada por la que siempre fue más glamoroso no hacer nada.

Tu amor; un periódico de ayer


Publicado el 13 de marzo de 2009 en la sección de Opinión de EL ESPECTADOR.

Siempre hay alguien que defiende el papel. Cada vez que los impresionantes índices de crisis de la prensa impresa nos obligan a preguntarnos si el papel está destinado a desaparecer, alguien dice “no, el papel no morirá”.

Entonces, con un romanticismo victoriano, ese alguien habla de su olor, de su textura, de la tinta, de la tradición. Dice, que es portátil, que lo puede subrayar, apropiárselo, en fin, virtudes que la tecnología ya reemplaza con creces. Cuando se contrasta este argumento con el gran daño ecológico que significa la industria del papel, el gusto por el impreso parece de una aristocracia manierista y ridícula.

Una campaña estadounidense para estimular la lectura de prensa impresa define al periódico como “el primer dispositivo de información portátil”, y existen varias organizaciones como www.newspaperproject.com, que nos explican, vía web (para mayor ironía), porqué el impreso es indispensable. Lo que parece más desesperado de estas campañas es que el impreso se ha aliado con los medios virtuales pensando que si no puede con su enemigo debe unirse a él, y esta posición es una franca derrota. La industria editorial impresa se enfrenta hoy en día a 3 problemas: el primero es que casi toda la información en internet es gratuita, y accesible en cualquier parte, el segundo es que la gente lee cada vez menos y se desespera cada vez más rápido con un texto largo, si acaso se enfrenta con alguno, y el tercero es que no sólo el papel es carísimo, su competencia directa, internet, es prácticamente gratis en comparación. Ni siquiera hablar de las ventajas milenarias del periódico para la justa meditación en el baño resulta un argumento viable. Hoy en día se empiezan a desarrollar aparatos como el Kindle (dispositivo de lectura, que es a los libros lo que fue el Ipod a los cd’s), perfectamente portátil y permite cargar una biblioteca entera en un solo dispositivo.

Mientras los periódicos en internet cumplan las mismas funciones de los periódicos impresos estos últimos están destinados a morir. Dicha muerte puede ser una ganancia. Durante mucho tiempo se pensó que un buen artista era aquel que podía representar la realidad lo más acertadamente posible en medios plásticos, como la pintura y la escultura. El arte de este entonces era útil, permitía la creación y reproducción de imágenes. Con la aparición de la fotografía muchos pintores fueron reemplazados y se vaticinó, como ya había pasado en el Romanticismo, la muerte de la pintura. Lo que sucedió fue maravilloso: superado el problema técnico de la reproducción de la imagen los pintores empezaron a reflexionar sobre el material, el soporte y la forma en que veían el mundo, de ahí nacieron el Impresionismo, el Fauve, el Expresionismo en fin, todas las vanguardias del siglo XX. La fotografía fue un avance técnico que liberó a la pintura de una función técnica y utilitaria, la Internet, podría ser lo mismo para los medios impresos.

La muerte de la prensa impresa como la conocemos es irremediable pero también es algo liberador. El impreso debe convertirse en algo que realmente no pueda ser reemplazado por internet. Las noticias escuetas y claras están cubiertas por la red, que tiene la ventaja de ser inmediata. Las noticias impresas tienen la desventaja de que son costosas y su vida es corta: nadie lee el periódico de ayer. La prensa impresa ya no se necesita para informar, la prensa impresa es un artículo de lujo que debe entenderse a sí mismo como tal, explorar sus posibilidades; de diagramación para proponer algo que no pueda encontrarse en internet, de análisis para exigir un tiempo propio, y de gran virtud: ser un objeto, tridimensional, palpable, mucho más que información.

Aunque no puedo imaginar todavía cómo serán los impresos del futuro, puedo decir que su ganancia está, no en la información que contienen sino en su valor como objeto, (de lujo, de fetiche, de memoria). La prensa impresa como objeto se ha desligado de su contenido. La añoranza por el papel es válida, pero la añoranza de las noticias impresas es tonta, porque la función del periódico como soporte de información es obsoleta. Los periódicos deben encontrar una función en sí, que los redefina como objeto de colección y consumo, y olvidarse de lo que fueron una vez, para no tener un problema tan indigno como la competencia con un medio advenedizo, pero tremendamente eficiente: la Internet.

viernes, 13 de marzo de 2009

Libertad u orden



Publicado el 27 de febrero de 2009 en la sección de Opinión de EL ESPECTADOR.
SI YO FUERA TODOPODEROSA, QUErría ser omnisapiente porque el conocimiento garantiza la permanencia del poder.
Tal vez, precisamente por eso, Dios es omnisapiente, y nos dicen que él siempre sabe si nos portamos bien o mal, y no nos desampara ni de noche, ni de día. Su omnisapiencia nos da seguridad. También nos da orden: ante una presencia que lo sabe todo, uno se ve obligado a autorregularse constantemente, hasta el punto de incorporar, como propias, ciertas reglas. Mi bisabuela, por ejemplo, procuraba no mirarse cuando se estaba bañando, y probablemente tiraba con la luz apagada para evitarse problemas que pudieran negarle su visa al cielo. Dios, morbosamente, seguro que sí la miraba.

La aterradora idea de un dios que nos espía para asegurarse de nuestro buen comportamiento es la misma del panóptico de Jeremy Bentham. El panóptico es la utopía arquitectónica de un régimen: un modelo de cárcel en el que se puede vigilar todo desde un punto sin ser visto, al mejor estilo de Dios. Para Bentham, esta pequeña y maravillosa cárcel podía ser empleada como recurso para toda una serie de instituciones, incluido, claro, el Estado moderno. Hoy en día las cámaras, la internet, el live feed y las llamadas chuzadas han convertido el panóptico en un dispositivo tecnológico indispensable. La forma como la sociedad moderna se regula.

Para que el modelo del panóptico pueda ser adoptado por un Estado hay que asumir que los integrantes de una nación no tienen la capacidad suficiente para darle un buen uso a su libertad y por eso hay que instaurar un sistema de vigilancia que, con una autoridad semidivina, observe y decida qué está bien y qué está mal. Esta vigilancia obliga a que todos adoptemos la mirada del vigilante y, por ende, sus parámetros para dirimir entre lo bueno y lo malo, sin cuestionarlos realmente.

Al leer en el informe de la revista Semana sobre las atrevidas chuzadas del DAS (salpicadas de historias como la de Andrea Flórez, presuntamente asesinada en un crimen pasional y/o en un intento por callarle la boca) pienso que el asunto huele a intrigas, a conspiración, a una misión de alguien con licencia para matar, pero sobre todo, con licencia para decidir por nosotros qué es lo bueno y lo malo. Bajo esta lógica, los agentes del Estado hacen lo que sea para preservar el statu quo. El fin justifica los medios.

Se defiende un Estado-Dios, Estado-panóptico que ignora y subestima nuestra capacidad para tomar decisiones. En esa medida, el espionaje no es ético pero es comprensible. Es un claro síntoma de un Estado paternalista que, para dar orden y seguridad, puede apropiarse de nuestro libre albedrío.

Los métodos del DAS son turbios, pero aparentemente garantizan que los personajes peligrosos para el Estado no se salgan de control. Como de entrada se asume que salirse de control es malo, las chuzadas del DAS parecen perfectamente útiles y justificadas. Vivimos en una especie de voyerismo disciplinario que nosotros mismos hemos aceptado para protegernos. Las llamadas chuzadas no son, en esencia, muy diferentes de las cámaras y monitores de los porteros de los edificios. Tranquilamente sacrificamos la libertad de tener una vida privada para asegurarnos un orden.

Libertad y orden, las dos palabrejas que cuelgan sobre nuestro escudo nacional, son un oxímoron para el DAS. Si los colombianos queremos orden, tenemos que canjearlo por un poquito de nuestra libertad. No hay nada humanitario en ese acuerdo. El pensamiento disidente amenaza el orden, pero si no tenemos pensamiento disidente no tenemos libertad. Sin embargo, más del 80% de los colombianos han escogido el ‘orden’ en los últimos años, cansados de una libertad en la que había violencia e injusticia. El problema, claro, es que no hemos cambiado la libertad de tener una vida privada para tener orden; lo hemos hecho para tener vigilancia, control. El problema también es que lo hemos hecho voluntariamente. Por eso el escándalo del DAS no es tan escandaloso. Nosotros escogimos que se chucen los teléfonos, así como mi bisabuela escogió que fuera sólo Dios el que la mirara en la ducha.

Chartas de amor



La ciudad entera, emocionada por lo que se ha llamado “un alcalde que corta con la vieja politiquería que nos tiene jodidos”, mira a Char con ojos de quinceañera. Creo que este enamoramiento se ha dado porque, coquetamente, la administración actual ha hecho un fuerte énfasis en la creación de identidad. El programa de gobierno de Alejando Char, cuando era candidato a la alcaldía, en comenzó con una definición (y una intención explícita de comunicar esta definición): “Una ciudad que le diga a Colombia y al mundo lo que somos: una comunidad abierta, alegre, solidaria, segura y emprendedora, en la que quepamos todos y en la que todos vivamos dignamente.”
Notemos que los adjetivos que se usan para describir a Barranquilla y al alcalde son muy parecidos: abierto/a, alegre, emprendedor/a. El Espectador, en su edición del 8 de febrero, lo llama temerario, fiestero y familiar, valores que todo barranquillero querría tener. Char es un modelo aspiracional: ese empresario-turco-rumbero-casado-con- la- bonita-reina-del-carnaval. Barranquilla y el alcalde se identifican en sus narrativas.
Esta identificación que nos acelera el corazón en realidad lo que quiere decir es que hay un dialogo entre la identidad de la ciudad y la identidad del alcalde. Antes de parpadear diciendo “oh, tenemos tanto en común”, hay que recordar que cada valor tiene un defecto inminente. Aún así, lo importante de este proceso de enamoramiento es que nos ayuda a dibujar y re-establecer nuestra identidad como ciudad. El fuerte desapego al pasado y las constantes migraciones hacen que sea difícil tener una idea clara de la identidad barranquillera y por eso hemos caído en ser eso-que-no-es-Miami.
Barranquilla por mucho tiempo se ha pensado hacia el futuro. En 1962, el alcalde José Raimundo Sojo dijo en La Prensa: “Barranquilla no tiene historia…Barranquilla no tiene pasado. Es una fuerza de vitalidad arrolladora disparada hacia el futuro. Apenas si se detiene a contemplarse en el presente, labrando la miel del progreso en gigantesca colmena de cemento.” No es el primero en decir que Barranquilla es una ciudad sin historia, el mismo himno que la llama “savia joven del árbol nacional”.
Estas identidades perdieron vigencia porque la ciudad ya no es un caserío junto al río o una promesa de progreso, es una urbe ciertamente adulta, que no quiere quitarse los pañales. Hasta el cuento de que somos una ciudad joven es viejo. Es hora de que Barranquilla se piense con apego a su pasado a ver si se cimenta un futuro que no se vea arrastrado por los arroyos.
La idea del patrimonio histórico en una ciudad donde se ha tumbado al menos la mitad del Viejo Prado y donde se reemplazan los árboles de mango por palmeras, está un poco desdibujada en el imaginario urbano. Es interesante, por ejemplo, el esfuerzo de la última administración por rescatar el centro de Barranquilla. Este gesto refuerza la creación de identidad. Entender el centro como un patrimonio cultural y no como un barrizal, es da una sensación de historia y pertenencia que antes sólo asociaba con el Carnaval.
La identificación de la ciudad con el alcalde nos muestra que estamos llegando a un punto en el que existe tal cosa como “unos valores barranquilleros”, que se prolongan hacia el “siempre ha sido así”. Son todas generalizaciones y estereotipos que tienen un valor intangible pero que muestran que la ciudad ha salido de la adolescencia y se está reafirmando como un individuo.

Suena el vals de quinceañero y pienso en mis amigos con su pintica planchada , tan elegantes, tan encantadores, tan Char, y entiendo porque la ciudad se enamora. Eso dice más de la ciudad que del alcalde, nos dice qué nos gusta, qué queremos ser. Entenderlo reafirma la identidad de la ciudad y la ancla. Eso es valiosísimo, incluso si Alex Char nos parte el corazón.

viernes, 27 de febrero de 2009

El ‘show’ debe continuar


Publicado el 13 de febrero de 2009 en la sección de Opinión de EL ESPECTADOR.

LO MÁS EVIDENTE ES QUE EL MANEjo mediático de la tragedia en Colombia hace ver a políticos, periodistas y espectadores, como animales carroñeros. Si ya sabemos eso, ¿por qué tratamos las liberaciones como un espectáculo de pan y circo? Tal vez porque nos resulta muy atractivo.
Las imágenes del secuestro se han establecido en nuestro pensamiento cotidiano. Somos nosotros quienes las hemos incorporado a nuestro imaginario, e incluso, creado. ¿Qué nos revelan? Tienen un estilo estético definido, un amarillismo patriótico, tan llamativo como lo fue el barroco en el Mediterráneo. Este último, el barroco, es lo que puede darnos luces (claroscuros) sobre nuestro comportamiento.

El barroco es un estilo de arte que nació en pleno cisma protestante. Los protestantes acusaron a la estética vaticana de ser un poco traqueta y se entregaron a la lectura y la austeridad. Los católicos, conscientes de que sus pueblos estaban llenos de campesinos iletrados, se aliaron con los pintores en la campaña publicitaria más efectiva de la historia: el barroco. Las imágenes del barroco capitalizaron a la Iglesia y motivaron a convertirse a miles de campesinos conmovidos con el cuerpo semidesnudo y apuesto, de Jesús amarrado a un palo. Esta tendencia artística, entre otras cosas, permitió que el cristianismo se regara como verdolaga por el mundo.

Los colombianos tenemos miles de analfabetas, una especial sensibilidad por las estéticas recargadas, y el aprendido morbo católico; hemos adoptado un estilo barroco para nuestras imágenes del conflicto. El período barroco se caracterizó por gran pobreza e ignorancia en las clases populares, y buen desarrollo cultural. Nosotros, como buenos barrocos, tenemos el Hay Festival en una ciudad tan pobre como Cartagena y vemos, con los ojos fijos, como mirando a la cruz, imágenes ante las que cualquiera apagaría el televisor.

Una búsqueda rápida en Google me muestra que predominan tres colores: el blanco tela, el verde monte, y el piel piel; los recién liberados miran hacia arriba como en el éxtasis de Santa Teresa; y los pómulos de supermodelo de Alan Jara recuerdan un Cristo. Aun no siendo todos católicos creyentes, nuestra cultura barroca se ha desarrollado aglomerada frente al cuerpo de Jesús doliente, o una virgen ingridbetancouresca que, con suerte, nos honrará con el milagro de su llanto. Gracias a las liberaciones de los últimos meses, el país se come, goloso, las imágenes de quienes pronto se convertirán en santos locales y/o congresistas.

Tenemos una forma de ser y una forma de mirar barroca. Es nuestro mayor orgullo: gracias al barroco tenemos nuestros edificios coloniales y ese tal realismo mágico que nos hace tan pintorescos. Es nuestro mayor problema: hay una brecha gigante entre el país que queremos ser: una nación moderna, y el país que somos: un país de diferencias sociales y espectáculos. La forma en que los medios de comunicación y los espectadores tratamos las imágenes de los secuestrados es sólo un síntoma de un problema cultural mayor.

El barroco es un modelo anclado en la religión, en la superstición, el ilusionismo, y la incapacidad de formular políticas racionales que le convengan a la mayoría y no a unos pocos privilegiados. Casi que lo mismo puede decirse de Colombia. Este tipo de contrastes que “sólo a un colombiano se le ocurren” nos perfilan como un país que, en sus modelos culturales sociales y políticos, no ha salido de la Colonia.

Nuestro barroco es una forma de pensar tan arraigada que se delata cuando prendemos el televisor o leemos el periódico. Es una forma de pensar que afecta la resolución de nuestro conflicto porque se centra en el espectáculo y no en el debate. En esta forma de mirar son inherentes las diferencias sociales, la injusticia es inevitable, y la guerra conviene, porque esta última es el show, y el show debe continuar.

jueves, 12 de febrero de 2009

Peligroso pop



Publicado el 30 de enero de 2009 en la sección de Opinión de EL ESPECTADOR.

HAY UNA CULTURA POPULAR CAracterística de cada país, los ejemplos sobran, pero también hay una cultura popular común a todas: el pop americano.
Este bilingüismo cultural es una de las razones que explican la hegemonía de los Estados Unidos. La principal exportación de este país no son las manufacturas, los productos farmacéuticos o la tecnología, sino el pop. EE.UU. es una máquina maravillosa de producción de cultura en masa: sincretiza elementos de todas las culturas que han llegado a la tierra de las oportunidades, y produce la versión más amable y homogénea posible, digerible y popular como un burrito de Taco Bell, o como el mismo Obama, que tiene un poquito de todo y es el Mac Combo más vendido.
Es imposible no identificarse con Obama porque condensa en un bonito paquete su historia de superación, sus antepasados blancos, negros, inmigrantes, y encarna esos valores estadounidenses que, a punta de alquilar películas en Blockbuster, hemos asimilado como universales: el optimismo, la esperanza, la fe en el progreso, la informalidad y la convicción profunda en la igualdad humana.
¿Cuál es el lado flaco de este espigado y guapo presidente, deportista y rumbero, exitoso en el trabajo y dedicado a su familia, el partido perfecto, el hombre de mis sueños? Me contesta Semana, que dice que Obama puede ser todo lo trofeo-de-sala que yo quiera, pero igual la tiene negra: “La herencia de Bush y los retos que debe enfrentar sugieren que, salvo que se produzcan auténticos milagros, su luna de miel será corta. (…). Obama será el primer presidente negro, pero eso no le bastará para entrar en la historia. Tendrá que demostrar, en medio de un mar de adversidades, que sus promesas se pueden hacer realidad”.
Estoy de acuerdo. Su encanto no basta para solucionar los problemas del mundo; sin embargo, le basta y le sobra para pasar a la historia. Su despliegue mediático, su discurso no polarizado, y su empaque tan amable hacen del nuevo presidente un personaje pop irresistible. Ese carisma, típico de todos los grandes líderes nos tiene embobados, pero en la época de la explosión mediática es más útil que nunca. No importa en realidad si la logra o no, si es un buen presidente o no, la evidencia pragmática pasará a un segundo plano, porque nadie es objetivo frente al pop.
La cultura pop se ha vuelto parte de nuestra vida diaria, y esta omnipresencia le da un poder político fuertísimo. La voz del pueblo es la voz de Dios. Y la voz del pueblo es nada más y nada menos que el pop. La aceptación universal de Obama es síntoma de un mundo globalizado que cada vez es más homogéneo y que ha asumido los valores americanos, los buenos y los malos: el individualismo desenfrenado, y el consumo masivo. La amabilidad pop de Obama no lo hace menos americano que Bush, pero sí hace que sea difícil no tragar entero su discurso.
La arenga chavista contra “el imperio” es desproporcionada y mamerta, pero nos recuerda que el sueño americano es, efectivamente, el sueño americano, no el sueño venezolano, ni el colombiano, ni el japonés. Ahora, como Chávez no es tan cool como Obama (peor aún, es calentano —para molestia de Cristina de la Torre—) yo descarto su advertencia. De repente me parece que el sueño colombiano es el mismo que nos promete Obama en su discurso. Su imagen como producto de consumo es tan contundente que uno le cree antes de que emita palabra y eso nos hace terriblemente vulnerables.
El poder de Obama no es la presidencia del país más poderoso del mundo; es todo su paquete estético. Lo que puede hacer Obama para salvar el mundo, probablemente es poco, ya muchos han dicho que los problemas son grandes y él es sólo una persona. Pero no. No es sólo una persona. Es también un ícono pop, un producto de consumo, y eso y no su excelencia es lo que lo inscribe en la historia, y la afecta, con el consentimiento, o no, de todos. Sus más fuertes opositores pueden esbozar cualquier argumento racional y la cultura popular lo seguirá mirando como si fuera una Coca-Cola helada en medio del desierto. El fenómeno de Obama no será infalible pero nos muestra el nacimiento de una política-pop (¿una pop-lítica?), en la que la percepción es más importante que la verdad, y eso, eso es un peligro.

sábado, 7 de febrero de 2009

Love's gonna get you down


http://www.passion-paris.com/flash.html#page=d69&video=v549
La animación es lindísima, el mensaje es cruel, la recomendación es de Antonio.