martes, 18 de agosto de 2009

Hermenéutica de una nerda en minifalda


Versión original del artículo "La revolución en minifalda" publicado en la edición de ARCADIA MODA de julio 2009.

Antes de 1960 era normal que las mujeres se vistieran como sus madres. En los catálogos de compras de los almacenes Sears de 1962 se mostraba a madres e hijas como compañeras de costura, felices de usar la misma pinta. En los sesentas empezó ese deseo de la juventud por mostrar una expresión particular. Desde entonces los jóvenes son contraculturales por definición. Quieren y construyen su identidad como un opuesto a la del adulto, de lo establecido. Y eso, ¿cómo lo hacen? ¡Con la ropa! La ropa es su principal acción política.

En los años 60 empezaron las rebeliones de las minorías: las feministas y los negros hicieron varias protestas en EEUU, se pasó el Acta de los Derechos Civiles, que buscaba evitar la segregación, (1964). Curiosamente fue en esta época cuando apareció la (auto)-segregación en su manifestación más formal: la contracultura. Antes de los 60 la contracultura era solo una contra. Pensamiento disidente siempre ha habido, pero para que este se volviera cultura, tuvo que aglutinar un grupo y convertir sus ideas en una forma de vida, crear una pose que identificara su rebelión. Para unir a un grupo se necesitó una imagen (la ropa) y un medio masivo (la televisión). La televisión le mostro al mundo cómo se debía pensar y qué ponerse. La cajita mágica evidenció lo que era el status quo, y entonces hubo algo contra lo cual rebelarse.

¿Por qué se negaban los jóvenes hippies a usar corbata? Porque estaban interesados en rebelarse contra una sociedad que cada vez era más conformista y represiva (representada en la corbata). Los hippies, en la época de la psicodelia, que llegó a su culmen entre 1965 y 1967, eran cosmonautas del espacio interior. Por supuesto, la expresión (el término es de Alexander Trocchi) tiene que ver con el consumo de drogas en la época, que resultaba perfectamente coherente con el ideal del hipismo: buscar nuevos modelos de pensamiento, nuevas realidades distintas a Vietnam y a la gente de vida correcta y moral intachable que proponían los cincuentas.

Las imágenes de los trips pasaron al arte psicodélico y de ahí al diseño gráfico. Pronto empezaron a verse en las telas y los estampados, como un chiste interno para quienes sabían de dónde venían esos contrastes de color. Uno de los estampados más populares fueron las flores, que representaban la libertad y la comunión con la naturaleza. Las ideas de los hippies se convirtieron en ropa y después se desvanecieron relativamente rápido, pero el estilo se usa todavía, para hacer alusión, de manera muy light, a eso de hacer el amor y no la guerra.

Moda y contracultura entran en un ciclo inacabable, se reemplazan la una a la otra. Los sesentas fueron el punto álgido de la contracultura, cuando era todavía inocente y no era tan evidente que sería absorbida por la moda y regurgitada. Una vez la moda está instaurada, la contracultura la desafía, pero su irreverencia es tan atractiva que se hace popular, y al hacerlo pierde su fuerza política.

El icono sesentero que, sorprendentemente, todavía no ha banalizado su carga contestataria es la minifalda. En 1966 Mary Quant empezó a producir mini vestidos con el dobladillo 6 o 7 pulgadas arriba de la rodilla. Tomó la idea de los diseños hechos por André Courrègues. Cuando Courrègues, más adelante dijo que él había inventado la minifalda, Quant dijo, no la inventó ninguno, fueron las chicas en la calle.

Estas tendencias de la calle se han visto en revistas como Rags, que se publicaba mensualmente en San Francisco entre junio de 1970 y junio de 1971, y tenía artículos que mostraban, por ejemplo, la moda de las lesbianas. La versión contemporánea sería el blog The Sartorialist (thesartorialist.blogspot.com), que recoge las últimas tendencias del street fashion, y los desafíos espontáneos a la alta costura.

Fue la calle la que inventó la minifalda, una prenda paradójica porque sugiere poder y vulnerabilidad, independencia de los hombres y un deseo por complacerlos, un intento por cubrir y revelar, liberación y explotación. Por eso fue simultáneamente amada y condenada. Señalaba el cambio entre una mujer que pasaba de ser esposa y madre a alguien joven, soltera, orgullosa de su sexualidad y segura de su poder.

Hoy en día la minifalda sólo despierta tanto revuelo en aquellos con altiplanicie mental. Pero precisamente por eso, porque hay quien la condena, todavía es válida como forma de rebelarse. La minifalda en la gata es moda (porque es obvia), la minifalda en la nerda es contracultura (porque fueron las académicas feministas las que se rebelaron contra la falda y decidieron usar pantalón).

Elizabeth Smith Miller, una sufragista estadounidense en 1800, fue la primera mujer en usar pantalón, para disentir del modelo de mujer de la época, envarillada en su corset, sumisa y obediente. Los pantaloons se hicieron populares por otras sufragistas, Amelia Jenks Blommer y Fanny Wright, otra feminista que dirigía el periódico Free Inquirer en 1825. Una de las colaboradoras de esta publicación, Elizabeth Cady Stanton, resumió lo que significaba para las mujeres de la época usar pantalones: la pregunta ya no es ¿cómo te ves, si no, ¿cómo te sientes?. No era sólo un cambio de imagen, era un cambio de perspectiva.

Ser contracultural es cambiar la perspectiva. Por eso, si el feminismo de hoy quiere ser contracultural, tiene que reconquistar la minifalda, como hicieron los gays con el bigote. En los setentas, el bigote fue recogido por los homosexuales como emblema, como parodia. De esta manera, el bigote dejó de estar ligado al concepto de virilidad; cualquiera puede ser viril, basta con pegarse un bigote. Un feminismo contracultural buscaría retar los modelos de mujer impuestos por la sociedad: Ej. Las académicas usan pantalones y pelo corto y nunca tacones y maquillaje. De hecho, esto hacen muchas chicas que trabajan en un campo laboral reconocido como masculino; la academia, la fuerza pública y la política.

Rebelarse contra el status quo implica asumir una posición, una imagen, entonces, una minifalda deja de ser una prenda para convertirse en un símbolo. Le debemos a los sesentas la minifalda, pieza que ha cambiado de bando una y otra vez, y continua teniendo una carga política. Le debemos la contracultura a los sesentas porque en ellos nace la idea de juventud. La juventud necesita unirse para tener una sensación de identidad, y rebelarse contra el establecimiento para definirse. Por eso contracultura y juventud nacen juntos, y persisten en su unión como siameses.

Contracultura y moda están ensartadas en una dialéctica que mueve la historia, las ideas, la economía, y la estética. Se persiguen, como dos serpientes mordiéndose la cola. Lo dice mejor una chica en minifalda: más que oponerse, la moda y la contracultura se complementan como hombre con hombre y también mujer con el hombre del mismo modo, en el sentido contrario…”



¡Más trinos, menos lora!


Publicado el 31 de julio de 2009 en la sección de Opinion de ElEspectador.com
Los mal llamados “nuevos medios” (que no son tan nuevos) ayudaron a que Obama ganara la presidencia de EEUU, y sobretodo, lo hicieron ver como un candidato conectado con los jóvenes, un tecnócrata con las capacidades para entender y dirigir un mundo de tecnócratas.

En Colombia no fue hasta febrero que a nuestros candidatos presidenciales se les ocurrió la brillante idea de usar Twitter en sus campañas. Twitter traduce algo así como “trinador” y a cada mensaje de 140 caracteres se le llama trino. Hacer campaña se volvió más complicado todavía, ya no se trata de dar lora, hacer alianzas y cargar bebés frente a las fotos, ahora, los pobres candidatos tienen que interactuar directamente con el público a través de este microblog, la mayoría para “acreditar modernidad” como dice Javier Moreno. El problema es que tener una cuenta de Twitter no lo hace a uno un duro de Internet, peor, desnuda como muchos de estos candidatos se ven retados por la tecnología.

El primero de los precandidatos en abrir una cuenta en Twitter fue Germán Vargas Lleras el 9 de febrero. Hasta el día de hoy cuenta con 795 seguidores y ha hecho 306 trinos. Vargas, en general se pega del gerundio para contarnos qué está comiendo y que pueblo visita, cómo trota por la carretera o come arepa de huevo. Comenta Julián Ortega que Vargas responde literalmente a la pregunta de Twitter “qué estas haciendo”, sin siquiera decirnos qué piensa. Miguel Olaya lo denomina “el perfecto secuestrable” porque siempre avisa donde está. Esto, muestra que Vargas no tiene muy claro para qué sirve esta herramienta, a duras penas contesta las preguntas que le hacen y sus ideas políticas se quedan cortas frente a sus comentarios gastronómicos.

A Vargas Lleras le siguió Rafael Pardo el 25 de febrero. Pardo, a diferencia de Vargas Lleras, sí le contesta a los demás twitteros sus preguntas, por eso con menos trinos (267) ya tiene 1240 seguidores. Cuenta que no está de acuerdo con penalizar la dosis personal y muestra interés por saber cómo funcionan los blogs, cómo se promocionan, y por qué en Colombia los bloggers no son referencias mediáticas tan importantes todavía. En 140 caracteres propone ordenar la séptima, promover horarios flexibles de oficina, incentivar la bicicleta y atajar a las motos.

Gina Parody twittea también desde el 25 de febrero, pero solo ha hecho 14 trinos. Sus 442 seguidores seguro se deben a que estuvo nominada al reinado de Miss Twitter.

Siguen en antigüedad Sergio Fajardo y Antanas Mokus. En realidad tienen bastantes seguidores, Mokus tiene 858, pero no sigue a nadie, es decir, habla solo como buen filósofo. Fajardo tiene 1850 seguidores, es el más popular. Estos dos candidatos se asocian con ideas nuevas y tienen buenas posibilidades con el público twittero, sin embargo tienen este medio subutilizado, con menos de 30 trinos cada uno.

Los debutantes de mayo fueron Iván Marulanda, que se la pasa diciendo que no es primo de Manuel, Martha Lucía Ramírez y Andrés Arias. Marulanda twittea un plan de gobierno en 140 caracteres: “Bajr $ guerra 3% PIB, invtir educ salud vivda invtgación ciencia y tecngía, crédto peq y med empr, tierra campesns, desar infraest”. Hay que darle puntos por conciso, por el uso creativo de sus abreviaturas y por no volarse tildes.Martha Lucía Ramírez tiene 2 cuentas, una se la maneja Laura Daza y en la otra, más interesante, la maneja ella misma. Uribito tiene 436 seguidores con @andresarias2010, y cuando pidió comentarios sobre sus trinos le dijeron que interactuara más con la gente. “Cometí el error de utilizar twitter solo para comunicar algunas cosas, buscaré el tiempo para interactuar con todas y todos como se debe.” Dijo Arias, y ésta es la primera promesa de su campaña que no cumple, porque el resto de sus trinos han sido igual de aburridos.

Un twittero bien esquizofrénico es Armando Benedetti, que se define como “un ser mediático” y recomienda leer a Felipe Zuleta mientras apoya el referendo. En junio entraron a Twitter Carlos Gaviria, José Galat y Piedad Córdoba, ninguno trina mucho, y Gavirira y Galat, que son mas cuchitos, no lo hacen directamente sino por intermediario, tal vez algún pasante de derecho. Aún así no son tan terribles como Petroque solo tiene 2 trinos. El premio al peor twittero político se lo lleva Juan Manuel Santos, a quien hay que mandarle un petición para poderlo seguir y nunca la contesta.

En el otro extremo se encuentra Cecilia López, que es la política twittera más querida. Es carismática, parece bastante franca y contesta todo y en 15 días ha hecho algo así como 700 trinos y tiene ya 592 seguidores. Lo que podemos ver es que quienes mejor entienden de que se tratan los “nuevos” medios son Pardo y López, ambos del partido Liberal. Pardo parece inteligente, pero tiene más carisma una rodilla. López, por otro lado, ha ganado puntos entre los tecnócratas, masturbadores solitarios que siempre aprecian las intervenciones femeninas. La izquierda saca un 0 en tecnología y los de derecha hicieron la tarea pero están un poco despistados.

¿Y todo este chismerío por qué es importante? Porque Twitter es una forma fácil y rápida de enterarse de la opinión popular, y eso ¿a quién puede interesarle más que a un político? Por otro lado, los votantes queremos alguien que tenga contacto con nosotros, nos oiga y nos entienda, y sea capaz de dirigir un país en el 2010, no en 1986, y para eso es vital ser un tecnócrata, entender las comunidades virtuales y el nuevo flujo de información que mueve la opinión pública. En otras palabras, preferimos los trinos concisos a la lora de los discursos, respuestas inmediatas y directas de los candidatos y una interacción real, no llena de intermediarios. Esto solo lo permite Twitter.


martes, 28 de julio de 2009

Sabia mujer latina


Publicado el 17 de julio de 2009 en la sección de Opinion de ElEspectador.com

“Quiero pensar que una sabia mujer latina puede tomar mejores decisiones que un sabio hombre blanco” dijo una vez Sonia Sotomayor. Esta ha sido la frase más repetida en los noticieros gringos de esta semana. El cuento es que una mujer latina (:O) está a punto de ser parte de la Corte Suprema de Justicia estadounidense.

En Colombia, para que el público general se emocione tanto con la política tocaría meter de senador a Julio Nava para que arranque narices. A los gringos les basta con que se diga mujer y latina, y se alborotan; pero eso está muy bien: se plantea un debate interesante en el que los ciudadanos opinan con vehemencia: ¿Puede o debe pesar el origen étnico y las experiencias vividas en las decisiones de un juez? ¿Es realmente ciega la justicia? ¿Objetiva? ¿Racional? No; y esto es lo que representa Sotomayor: que un juez antes que juez, es una persona con una historia de vida.

Sotomayor nació en 1954, el año en que un caso de la Corte Surprema que resultó en que se prohibiera la segregación en los colegios públicos norteamericanos (Brown Vs. Board of Education). Como podemos ver, la juez nace ya inmersa en esta discusión, sobre la acción afirmativa y los derechos de las minorías. Se graduó de Princeton con excelentes notas, y tiene un record impecable como juez: es decir, encarna el sueño americano: salir adelante en el país donde, si te esfuerzas, todo lo puedes.

El reto de los republicanos es mostrar que como es latina y mujer, su criterio como juez está sesgado. Es su única caída. Todas estas zancadillas, Sotomayor las ha esquivado con pericia fajardista. Aun no sabemos hacia donde se inclina. Sería perfectamente discreta y neutral si no fuera por la frase de la sabia mujer latina, que resuena en el ambiente con sabor a cliché. El miercoles Jeff Sessions le dijo a Sotomayor que él estaba muy ofendido por su comentario, “usted ha evidenciado una filosofía de la ley que sugiere que el pasado étnico y las experiencias pueden y deben impactar naturalmente las decisiones de los jueces, y yo pienso que esto va en contra del ideal americano”.

Yo me pregunto si ese ideal de Sessions es verosímil. Lo pregunto con suspicacia porque Sessions voto por Alito, uno de los jueces actuales de la Corte Suprema y hombre blanco, que dijo en su audiencia en el 2006: “cuando me encuentro con un caso que involucra a un inmigrante, no puedo dejar de pensar en mis ancestros. Cuando recibo un caso de discriminación, debo pensar en las personas de mi familia que han sufrido discriminación por su pasado étnico, religión, o género, y tomo todo esto en cuenta”.

Sessions parece pensar que cuando un hombre blanco afirma que su experiencia pesa sobre su juicio es natural. Sotomayor, en cambio, le provoca miedo por la ira latina, la ira de los segregados. Los gringos aprietan sus nalguitas como si la frase la cantara Molotov. En EEUU los pardos deben ser calladitos y mesurados, porque cualquier otra cosa los hace ver como animales rabiosos. Un ejemplo excelente de un pardo emancipado, y por ende, aceptado sin miedo por los blancos, es Obama, tan correcto, tan blanquito, que olvidaríamos que es negro si su piel no nos lo recordara constantemente.

Sotomayor ha tratado de embarajar su comentario diciendo que su intención era inspirar a jóvenes latinas para que siguieran sus pasos, y que en ningún momento se trató de decir que las decisiones de una raza son mejores que las de otra. Sin embargo, la frase es evidente y no admite volteretas retóricas. Sotomayor creció en un tiempo donde se pensaba algo que hoy suena ridículo: solo los hombres blancos podían ser senadores. Es apenas lógico que Sotomayor tenga preferencias. Fue una torpeza hacer un juicio comparativo de valor pero también tiene todo el derecho de llenarse la boca con su etnicidad; después de todo está donde está gracias y a pesar de su origen latino.

Y esta etnicidad ¿afectará sus decisiones? Claro que sí. No hay objetividad pura, al menos no en un individuo. El discernimiento moral y ético esta fuertemente ligado a las experiencias de vida y a los valores culturales de cada persona. ¿La Corte Suprema puede aspirar a ser objetiva si incluye minorías raciales al mejor estilo de las comedias gringas y los enlatados para televisión? Tal vez, por que al menos así todos se ven cursimente representados, se amplía el espectro, se pueden ver las dos caras de la moneda, que hoy en día no son dos, sino muchas y múltiples superficies.


De madrugada

lunes, 6 de julio de 2009

Las chicas malas van a todas partes


Publicado el 5 de julio en El Heraldo, Revista Dominical.

Foto: Helen Gurley Brown

Desde 1972, Cosmopolitan le ha dicho a las mujeres del mundo cómo tener sexo inolvidable, cómo manipular, seducir, y ganarle la partida al ‘sexo fuerte’.

La última edición viene con los artículos genéricos para el verano: citas para el 4 de julio, los mejores vestidos de baño para tu forma de cuerpo, por qué los hombre son infieles, sexo caliente en la playa, la evolución del look de Jennifer Aniston y secretos para hacer cócteles. Esto, más un manual de posiciones sexuales y ‘tips’ de belleza, resumen el contenido mensual de la revista.

Uno podría pensar esta es una revista tonta para mujeres ‘necesitadas de macho’ y superficiales. Cosmopolitan puede parecer totalmente androcéntrica, gustarle a los hombres es su principal tema y bueno, admitamos que eso vende.

Es una revista para mujeres prácticas, que quieren salir adelante. Yo, que crecí leyéndola en las cajas de los supermercados, aprendí un par de trucos que he puesto en práctica con felices resultados. Aún así lo más importante que me enseñó fue a no pedir disculpas por ser mujer, por querer tirar o por usar un escote. Me enseñó que la sexualidad también es un arma y que no debo avergonzarme de usarla.

¿Cómo? Dirán muchas feministas. Si por lo que hemos luchado durante tanto tiempo es por dejar de ser objetos sexuales, porque no se nos defina por nuestro cuerpo. ¿Cuál es el problema con que nos definan por nuestro cuerpo? Las mujeres pensamos con el cerebro y también con el útero, y una diatriba feminista no va a lograr que seamos menos conscientes de nuestros gorditos o nuestras estrías. ¿Para qué luchar contra la corriente, si podemos usar la corriente a nuestro favor?

Cosmo es repetitiva, pero no está en la quiebra, un logro nada despreciable en un momento en que la crisis económica tiene a tantas publicaciones cerrando. Esto es gracias a su imagen atractiva y sus múltiples aplicaciones empíricas.

El milagro se lo debemos Helen Gurley Brown, quien ha sido la editora de la revista durante más de 30 años. En 1962 publicó el libro El sexo y la chica soltera (Sex and the Single Girl), título que definió a lo que se dedicaría por el resto de su vida. Portada tras portada, nos ha mostrado hermosas mujeres en mini-vestidos escotados, con mucho pelo y labios rojos, como si todas sus modelos fueran imitaciones de Jessica Rabbit.

En el periodo de posguerra las mujeres occidentales recibieron muchos ‘consejos’ (tal vez demasiados) sobre cómo vivir sus vidas. Las solteras que no habían conseguido marido eran objeto de lástima, y las que decidían no casarse eran repudiadas. Durante esos años, Brown era secretaria y después trabajó como ‘copy’en publicidad. Puso su carrera antes que su matrimonio y vivía lo que ella llamaba “un estilo de vida superlativo” en el que se permitió a sí misma actuar de acuerdo con sus deseos sexuales, y más importante todavía: no sentir remordimiento.

Las portadas de la publicación son ejemplos visuales de su filosofía. Brown percibió que a las mujeres también les gusta ver mujeres bonitas. Pensaba que sí, mostrar hace que los hombres miren, pero es bueno que a uno lo miren: la invisibilidad tiene muy pocas posibilidades.

Sus publicaciones están dirigidas a mujeres que buscaban trabajos, no carreras académicas, mujeres que necesitaban un feminismo práctico del día a día, sin elucidaciones sobre qué significa el género y todo el bla bla bla feminista.

Brown entendió, por ejemplo, que sus lectoras, mujeres de clase media, necesitaban ahorrar, por eso les aconsejaba dejar a los hombres pagar, sin que eso las hiciera menos independientes o libres. Cuando le decían manipuladora Brown contestaba “yo juego en la realidad”.

En la realidad han jugado las grandes mujeres de la historia. Estoy segura que Catalina II de Rusia, famosa por sus amantes, habría leído Cosmo, Virgina Woolf, cuyo marido le manejaba una imprenta mientras la dejaba en paz para que escribiera y tuviera aventurillas con otras intelectuales de la época, también habría estado suscrita. Ana Mendieta, Frida Khalo, se hicieron famosas por no tenerle miedo a su sexualidad ni tratar de racionalizarla como si fuera algo susceptible de disertaciones.

Ninguna se quedó quietecita en la casa, eran mujeres que más que saber tejer y bordar, sabían abrir la puerta para ir a jugar/trabajar/tirar. Esto es precisamente lo que Brown nos muestra en su revista, puede ser que las chicas buenas vayan al cielo, pero las chicas malas sabemos que se es más poderoso si se puede ir a todas partes.

Questionario Proust a Helen Gurley Brown, en la revista Vanity Fair: http://www.vanityfair.com/culture/features/2007/08/proust_brown200708

Después fue la gallina


Publicado el viernes 3 de julio de 2009 en www.elespectador.com

Desde que Liliana Pardo le regaló un huevo al presidente Uribe, el jueves pasado, se convirtió en una celebridad. Su nombre arroja 488.000 resultados en Google (pronto, 488.001 por esta columna).

El movimiento Tienen Huevo comenzó con el periódico El Grafitti, que se repartía en las universidades de Cali. En el 2002 quisieron hacer algo más contundente y se lanzaron a la Cámara con Camilo Romero. Se recogieron más votos de los esperados en tres meses. 30 personas hacinadas en una casa del centro de Bogotá improvisaron la campaña. Romero se quemó (a la gente que los apoyaba le dio locha votar), pero la experiencia sirvió para aprender dos cosas: primero que
tenían poder de convocatoria y segundo que la vuelta no era por la política sino por los medios de comunicación. Hacia el 2004 quisieron abrirse a otras ciudades del país y por eso convirtieron El Graffitti en la publicación Tienen Huevo. Liliana cuenta que la vio en una tienda de su barrio y les escribió para vincularse. Tienen Huevo sacó 3 ediciones impresas en el 2004 y se quebró.

Entonces decidieron cambiar el impreso por Internet, y así nació www.tienenhuevo.com. El blog, que se actualiza a diario, ganó el concurso del Blogger nacional de Semana.

“Internet rompe fronteras y barreas, es instantánea, inmediata, le dimos la vuelta al mundo en media hora” dice Liliana, que ahora se ve acosada por entrevistas. “¿Cómo los han tratado los medios?” le pregunto. “La FM está feliz con nosotros, medios regionales como El Heraldo, otros de Internet como www.lasillavacia.com han estado llamando. Caracol está pendiente, pero RCN nada”.

Esto para Liliana es una evidencia de la división de los medios en el país. “Semana tiene huevo, nos puso en bajada por no darle la mano al presidente, y no sabemos nada de Vladdo”. La crítica de Semana, como la de muchos, se centra en los modales de Liliana. Cuando llegó el momento de darle la mano se vio rodeada por la guardia presidencial. Decidió no hacerlo, no ser una lady. Eso no habría sido consecuente. “A mi me impresiona lo que indigna a la gente en este país; los crímenes de estado no les molestan, pero si alguien no da la mano, eso sí es terrible”.

“¿Qué cree que hizo Uribe con el huevo?” pregunto. “Espero que se lo diera a sus hijos, ellos también tienen huevo.” El gesto de Liliana, aunque no es el primer ataque de Tienen Huevo (en el 2007 le reventaron uno a Juan Manuel Santos), ha convertido a este item de la canasta familiar en un arma, en un símbolo de la inconformidad, con un slogan poderoso, efectivo y fácil de recordar. Me dice que lo que pretenden es poner a pensar a la gente, provocarla a que opine y salga del facilismo y la apatía.

¿Por quien votaría Liliana? No sabe. “A todos los que podían hacer algo los mataron”. “¿Quiénes son esos?” le pregunto, “Gaitán… Garzón. ¡Garzón es nuestro gallo!” Para Tienen Huevo el humorista es un modelo de política que usa los medios y la parodia, y esto es lo que les parece más efectivo. “El huevo no es política, es opinión y humor”, me dice Liliana, yo pienso es las tres.

Liliana trabaja como voluntaria para proyectos sociales en Cazucá. Su trabajo le muestra lo mal que está el país y por eso no entiende porque muchos colombianos aseguran que vamos bien. “¡Todos tienen huevo!” me dice, y afirma que ella tampoco es de izquierda, porque a la izquierda le falta humor, por eso no me contesta quién le gusta más, si Petro, o Gaviria o Lucho. Las izquierda es aburrida y mamona, se toma todo muy en serio, por eso muchos jóvenes, aunque están de acuerdo con sus ideas no se sienten identificados.

Por eso esta es una iniciativa valiosa. Permite la identificación de demografías a las que antes les daba lo mismo la política. Viene espontáneamente de un grupo de jóvenes, es barata e independiente. Lo mejor es que no son los únicos. Últimamente hemos visto en Colombia varias acciones políticas jóvenes, como la manifestación de Porte su dosis de personalidad y las animaciones de El pequeño tirano (www.parodiario.tv). Aunque siguen siendo underground, han sido iniciativas exitosas porque han sido reconocidas y difundidas gracias a la Internet, un territorio mediático que sigue siendo democrático y que en gran medida está en manos de nuevas generaciones.

Me llama la atención que Liliana me hable siempre en plural; es una maña bastante izquierdosa. Aún así lo entiendo, Tienen Huevo está convirtiendo en una causa política (pollítica, dirá ella) y de ahí que sus declaraciones vengan en nombre de todos los involucrados. En un país donde siempre había sido primero la gallina: las instituciones, el establecimiento, la política tradicional; empieza a verse un cambio. Hay jóvenes que están haciendo política sin untarse de los medios tradicionales. Ponen primero el humor, la inexperiencia, los mensajes crudos, el huevo. Es probable que con el tiempo este tipo de gestos pierdan su frescura, pero cuando se conviertan en gallina, sabremos siempre, que primero fue el huevo.

domingo, 28 de junio de 2009

¡Michael Jackson tu papá!

lunes, 22 de junio de 2009

La estocada


Publicado el viernes 19 de junio de 2009 en elespectador.com, y el sábado 20 de junio de 2009 en la sección de Opinión, del periódico El Espectador, edición impresa.


Hay una peñonera en Irán y yo me enteré por Twitter.

Twitter es un servicio gratuito de microblog, que hace las veces de red social y que permite a sus usuarios enviar mensajes por la web o desde un teléfono móvil. Estas actualizaciones se muestran en la página de perfil del usuario, y son también enviadas de forma inmediata a otros usuarios que han elegido la opción de recibirlas. Lo último que imaginaron sus creadores es que sería un medio para la revolución. Cuando más, estaban pensando en hacer plata.

En el peor de los casos Twitter se iba a convertir en el medio para que estudiantes borrachos le terminaran a sus susodichos en no más de 140 caracteres. Nunca se imaginaron que tuviera que ver con el gobierno Iraní. Sin embargo, las redes sociales, con su aplanamiento surreal del mundo, han hecho posible algo tan inverosímil.

Después de la elección en Irán, los gritos de protesta de quienes apoyan al candidato de la oposición Mir-Hossein Mousavi, se oyeron en las calles. Más que en las calles, en un medio que ni siquiera existía la última vez que Irán tuvo una elección: Twitter. Y, ¿Qué hace a Twitter el medio del momento? Es gratis, portátil, muy personal y rapidísimo. También está hecho para difundir noticias rápidamente. Twitter es la sublimación del "¿en qué estás pensando?" de Facebook. Una y otra vez, sus usuarios envían cortos mensajes a todos sus seguidores. El resultado es un flujo de ideas sueltas que van desde lo trivial (se me partió una uña), lo profundo (tengo una encrucijada del alma), lo práctico (nos vemos a las 5) y links, muchos links, de noticias inmediatas y cosas que suceden en la web.

Ustedes me dirán que en la web no suceden cosas y que eso suena como un montón de autistas hablando solos. Lo último es cierto. Los twitteros hablan solos por ahí, como lady Macbeth (lejos de mi esta horrible mancha, habría twitteado ella). Lo primero es cierto. En la web sí suceden cosas, internet es un territorio virtual en donde se arman líos y se tejen relaciones que estiran la mano, desde su virtualidad, hasta la polvorosa vida real.

Pero, se preguntarán, para qué sirve una tecnología que me permite decirle a 50 amigos, a la vez, que voy a desayunar un redbull y un buñuelo. ¿Aburrido? Es más interesante de lo que parece. El escritor Clive Thomson dice que esto es una hiperconciencia del ambiente. Siguiendo estas frasecillas aparentemente insignificantes uno tiene un vistazo de las rutinas del día, de los amigos. ¿Bobo? No, así como no es bobo llamar a los amigos a preguntarles el que andan. De hecho, Twitter tiene la ventaja de que elimina del vocabulario el insoportable "¿Qué máaaaas?"

Twitter permite, opinar, y difundir noticias inmediatamente. Por eso es ideal para mover masas. Imaginen lo que hubiera sido el Bogotazo si hubiera existido Twitter. En junio 13, cuando las protestas por el nombramiento de Ahmadinejad empezaron a dimensionarse, el gobierno iraní trato de callarlas, y Twitter explotó con mensajes de gente que se oponía, en farsi, en ingles, en español, hasta con emoticons.

Aparecieron tweets de este tipo: "a las dos de la mañana llegaron agentes a la casa de mi vecina y se llevaron a su hija", "regimientos Ashora se mueven de Valiasr a la estación nacional de televisión. Allí están ya quienes apoyan a Mousavi. Entre esos, mi padre.", "Hay una muerte en Shiraz. Fuego abierto en otras ciudades."

Las virtudes de Twitter son sus mismas debilidades. No podemos comprobar las fuentes de toda esta información, no se sabe quién escribe. El sentido común impide que Twitter se convierta en una herramienta para la anarquía porque se necesitan dos dedos de frente para saber que Twitter no es información para tomar tan en serio. Pero, ¿a quién le importa si es verdad? Su honesto desafío a la certeza es algo que no tienen otros medios "más respetables". Twitter no comenzó la protesta en Irán, pero fue leña para el fuego.

Yo no soy ninguna experta en los problemas políticos iraníes, pero me enteré por Twitter, y eso me obligó a prender la tele y ver esas manos catapultando escombros. Ahora resulta que Irán me interesa, porque, aunque no sé quién tiene razón, siento mucha curiosidad por la protesta. Twitter magnifica las repercusiones políticas de las protestas y eso es bueno porque dificulta el accionar de los gobiernos totalitarios, que gobiernan por la fuerza, y controlando el consenso de la opinión y los medios. La tiranía, en otras palabras, es un monologo, y Twitter, con su esquizofrenia de voces, lo ha herido de muerte.

Diatriba contra un hombre con caspa

Publicado en la Revista Soho, edición de junio de 2009.

¿Qué es lo que más asco le puede producir a una mujer de todas nuestras cochinadas? Para Catalina Ruiz-Navarro, la columnista de El Espectador, la respuesta pesa sobre los hombros. Una caspa de diatriba.

No puedo escribir esto sin rascarme compulsivamente la cabeza. Pensar en la caspa me produce paranoia, como si burlarme del problema despertara la justicia divina, y fuera yo a convertirme en una casposa horrible con un cuero cabelludo hojaldrado que arruinaría mis posibilidades de ser feliz.

Y sí, la caspa es como un nevado-obstáculo-infranqueable. Más que asquerosa, la caspa es imperdonable, no hay excusa dermatológica que pueda absolver a un casposo. La caspa es un condimento para el rechazo, una flaqueza en la fibra moral. ¿Por qué? Porque a la gente le da caspa porque quiere. En el siglo XXI la caspa es un problema remediable, a menos que, claro, uno sea un sucio asqueroso, un idealista mamerto, un flojo asocial que deliberadamente no compra champú en su esfuerzo por repeler.

La caspa permea el cerebro y produce casposos ladrones de CD, esos tipos que se van antes de pagar la cuenta, que no devuelven los libros y siempre se les "olvida" comprar condones. Por eso en los comerciales, quien se libra de ella resulta ser un triunfador yuppie que sale a perrear a las discotecas, un casposo por defecto que se ha quitado un peso de los hombros, pero su personalidad carga las escamas.

Un casposo es imperdonable porque confía ciegamente en su belleza interior. La sociedad, más que su desidia, castiga su ingenuidad. Su desafío a las convenciones de la gente nice produce reacciones viscerales. Tal vez por eso, ni los irreverentes héroes de ficción han tenido caspa: ni Jesús, ni Scarlett O'Hara, ni Hannibal Lecter: la caspa no permite el heroísmo, se puede admirar incluso a un personaje sucio e impertinente, como Huck Finn, pero estoy segura de que Tom Sawyer no le habría dirigido la palabra de haber fijado los ojos en un polvillo blanco sobre su hombro.

Dice mi mamá que hay un casposo social que es al que simplemente le cae "nieve en el saco", como el man del bus en el comercial contra la cocaína que ganó tantos premios. Aquí en realidad los casposos son ambos, el periquero y el sucio. Ah, y los publicistas, casposos también por su inteligencia nauseabunda (claro que al menos no son los de la mata que mata).

Un amigo cuenta que su jefe tiene caspa y es bajito. Mi amigo lo mira fijamente desde su estatura y su limpieza, y disfruta la pequeña venganza de ensañarse con las costras que se caen al piso, dejando un rastro de ADN. A veces, dice, quiere matarlo, pero ¿y si una escama delatora quedara en su ropa? Él sabe que la caspa deja rastro, el rastro de la malparidez existencial, del descuido.

Dice María Luisa que la caspa es de puro manteco. Sobre hombreras de paño se ve aún peor. Las dos aseguramos no haberla tenido, ni haber salido con un man que la tuviera. En las familias de bien hay cáncer, hay maricas, hay embarazos adolescentes, pero ¿caspa? Caspa nunca. La caspa es aberración de aberraciones; coprofilia, vaya y venga, pero la caspafilia es inimaginable. La gente funciona con todos sus orificios en las formas más inverosímiles, pero la caspa no tiene fetiche, y menos siendo, como informa Wikipedia, extensiva a la ingle.

Cristina dice que tal vez si le diera caspa a un tipo después de que ella ya lo quiere, y ya lo vio cortarse las uñas de los pies sin salir corriendo, podría soportarlo. Es decir: la caspa es una cosa tan horrible que solo se perdona con amor. Imagínese, no basta el cariño, ni la simpatía, se necesita amor: un conocimiento tan profundo, una familiaridad tan clara, una ceguera tan legendaria; amor es lo único que puede compensar la repulsión que la caspa produce.

Como yo soy más bien "de buenas en el juego", me entra un terror sombrío. Un ejército de casposos me perseguirá en mis pesadillas, una maldición se conjura en este momento, ¡Dios mío! Si me da caspa, no habrá piernas largas que valgan, ni pestañeo posible, y ya mi cabeza pica, ¿es la crema para peinar? No sé. En mi uña aparece una escama blanca, semitransparente: es el fin. ¿Me querrán María Luisa, Cristina y mi mamá mañana? ¿Tendré una vida de escritora miserable que habla desde su ensañamiento contra la sociedad que la rechaza?

No. Por eso se inventaron el champú.

martes, 16 de junio de 2009

Gótico Tropical


Publicado en la Revista Dominical del periódico El Heraldo, 14 de junio de 2009.

“El Caribe es una contradicción. ¿Qué hay más gótico que Salgar? ¡Salgar es un pueblo gótico!”. Esto me dice María Isabel Rueda, sentada en su apartamento en Bogotá. En las paredes se ven algunas de sus obras, otras de amigos suyos, y de resto, blanco. En el cuarto tiene una foto de su gata, “que se murió hace poquito”, me cuenta muy triste, y que era su hija.

Gótico tropical. La afirmación puede parecer desconcertante, pero empieza a tener sentido a medida que uno habla con María Isabel, tal vez una de las artistas jóvenes más brillantes que ha dado la Costa. Sus obras, insospechadamente, resultan de una crudeza Caribe que desconcierta. “Nacer al lado del mar, descalza, ¿en qué medida nos afecta?”, duda cuando le pregunto si se considera una artista costeña. ¿Qué diablos será ser costeña, más aún ser una artista costeña?, me pregunto yo. Ahora mi consulta parece estúpida.

No hay nada en su obra de las frutas, las negras, las faldas, los colores, la ricura, la pereza, la calle, el calor, los abanicos, que se han venido a asociar con el arte costeño, si es que eso existe, gracias a pintores como Obregón, Grau, Rosario Heinz (con los que se han encariñado tanto los hoteles y las brochures turísticos). Su obra es pálida, un poco lánguida, inmóvil, como con una sensación de eternidad que remite a lo europeo. María no es una costeña dorada y voluptuosa, parece, más bien, un muñequito de Tim Burton.

Pero su obra es costeña. O eso al menos es lo que yo siento. Las dos sabemos que vivir al lado del mar sí la ha afectado. Cuando veo su trabajo, de una forma inverosímil, pienso en el mar. “Desde la Costa se ve la vida diferente”, me dice. “Yo he vivido en Bogotá, y no pertenezco al estereotipo del Caribe, pero sí se ve la vida diferente”.

María Isabel ha reflexionado sobre el estereotipo latinoamericano. En Lo uno y lo otro, una serie de fotografías sobre El Che, retrata gente muy variada con la camiseta del revolucionario. Nos pone a pensar sobre Latinoamérica como un producto, como una marca, y dice: “Nos une lo que nos venden.”

El retrato también fue el tema de una de sus obras más conocidas, Vampiros en la Sabana, que son una serie de retratos de personajes góticos (vampiros) encontrados en Bogotá. Los retratos, en blanco y negro, hablan de lo que sería el título de su revista: Gótico Tropical. Los personajes, hieráticos y blancos, aparecen entre la vegetación de la zona tórrida, y bajo el sol brillante de la sabana.

Las fotos sirven como documento, en este caso son documento de los fantasmas. “Es un chiste”, me dice, “no se puede documentar la fantasía. Estas fantasías existen solo porque tenemos el elemento foto. Pero la foto no es un documento, porque involucra la mirada de quien la toma”. Tal vez en realidad nada puede ser un documento, porque los documentos tienen un supuesto objetivo, que no existe, así que nunca se puede escapar a la mirada.

¿De dónde viene la mirada de María Isabel? Ésta es mi teoría: viene del Caribe.

Más allá es su última exposición en la Galería Casas Reigner de Bogotá. Las fotos, tamaño pliego, parecen hacer huecos en las blancas paredes de la galería. Son ventanas por las que entran soledad, y brisa, calientan el cuerpo y hielan el alma.

Es un tema del romanticismo, pero en caliente. María Isabel dice que se acordó de Friederich, un pintor alemán que mostraba los acantilados y las tormentas, con pequeños personajes torturados, cuyo espíritu era el paisaje.

Una de las fotografías de Más allá, captada en el muelle de Puerto.

Aquí los torturados son tranquilos bañistas, como los burgueses felices de los cuadros impresionistas. La luz también es luminosa, como en Monet. Por eso las fotos hablan de ser feliz e insignificante, dulce y trágico a la vez. El paisaje se vuelve retrato, excusa y alegoría.

Sobre esta obra, varios críticos han señalado reflexiones geopolíticas: la frontera azul del Caribe, pensar al país desde sus bordes. María Isabel dice que le parece bien que digan eso, pero que ella no piensa tan conceptualmente, busca crear sensaciones, los sentimientos primero. En Más allá, la artista toma la mirada de voyeur y lo convierte en un espectador de campo abierto, que se esconde bajo el sol, y gracias a su insignificancia frente al paisaje.

Esa vuelta al romanticismo es un desafío a la modernidad. María Isabel dice que el proyecto de la modernidad está caído, y eso es interesante si tomamos en cuenta que ella tiene obras como The End y Mano en el fuego, que son dibujos o animaciones hechas con acrílico negro, y con un estilo entre cómic y neoclásico.

Pero claro, ese neoclasicismo también es un chiste porque sus temas son el amor y la tragedia, la muerte, el desastre. La modernidad caída son las ruinas del Muelle de Puerto Colombia. Son los espacios vacíos. La naturaleza que le ha ganado a la máquina.

“El Carnaval de Barranquilla es gótico”, afirma, “lo de Joselito, las viudas llorando… ¡La Costa es oscura! Uno tiene el estereotipo de lo surfer, ¿quieres torsos desnudos? Mira los flagelantes, tomando ron, con un picó, eso sí que es raro.”

Me dice que no hay nada más gótico que La Guajira. Tiene razón, después de todo, se mete hasta el mar así, como si pelear quisiera, como engreída, como altanera. El adjetivo me resulta extensivo hasta el vallenato.

Tiene sentido que el Caribe sea gótico, la región le baila a la muerte en un largo garabato, y se ríe, pero de su exilio, su olvido y sus tristezas. Barre bajo los párpados, como si fueran una alfombra, lo macabro de las Bananeras, los tugurios con hambre, la soledad escabrosa de saber la inmensidad del mar.

Suena el teléfono y es una amiga con un chisme. Yo tengo que bajar a comprar un CD para que me queme las fotos, y en las escaleras viejas y retorcidas de su edificio, veo cómo se imponen unas baldosas aguamarina. Después de todo mi pregunta tiene sentido.

María Isabel habla de un Caribe cálido que hiede a peste negra. Un Caribe seco y trágico que aparece también en los cuentos de Cepeda Samudio, en los poemas de Gómez Jattin. Es un Caribe medieval, terriblemente real, que se esconde como maleza entre las rendijas de los colores y la algarabía. Un Caribe gótico y tropical.

www.flickr.com/photos/mariaisabelrueda/


El mejor desinfectante


Publicado el 5 de junio de 2009 en elespectador.com


Los más de 100 millones de usuarios de Facebook corren el riesgo de estar siendo espiados o estudiados.
A la hora de crear un perfil pueden agregar, bajo su responsabilidad, información personal detallada, desde un currículum vitae hasta sus hábitos alimenticios. El portal puede ser utilizado como una herramienta de segmentación para eficaces campañas de marketing e incluso para tesis académicas. ¿Y qué?
La baronesa Susan Greenfield, en una intervención que hizo en el parlamento inglés el 12 de febrero de este año, sugirió que las comunidades virtuales podían afectar los sistemas básicos del cerebro para producir experiencias placenteras. La hipótesis de la baronesa es que esto llevará a las mentes de mediados del siglo XXI a infantilizarse, tener cortos periodos de atención, propensión al sensacionalismo, inhabilidad para empatizar y un sentido difuso de la realidad. De nuevo, ¿y qué?
Quejarse no puede echar el tiempo atrás ni frenar el auge de las comunidades virtuales. Son cambios en nuestras interacciones sociales a los que tenemos que adaptarnos antes que renegar. Conozco algunos pocos que no están en Facebook, unos por rebeldes, otros por conservadores, otros por convencidos de que es una conspiración, en fin. El único resultado de tanta prevención es que los excluyan de eventos sociales, conversaciones, y que el resto de la gente tuerza los ojos cada vez que tenga que hacer el esfuerzo de mandarle un e-email, a su correo electrónico y no a Facebook.
Es cierto que a los usuarios pueden espiarnos y estudiarnos, y que tanto quizzecito tonto nos hace perder el tiempo. Pero unas por otras. Facebook es una vitrina en la que uno se muestra, puede semejar las vitrinas de Amsterdam, o tener un vidrio mohoso, según queramos. Que subieron una foto suya que no le gustó, destaggéese, es fácil. Que se emborrachó y la foto la va a ver su jefe, pues, quien lo manda a emborracharse, o a tener un jefe mojigato. Ser mosquita muerta es de mal gusto. Si usted es un beodo, tal vez ese puesto de prefecto de disciplina no sea idóneo para usted.
Yo no sé por qué la vida privada debe ser tan privada. Si no quieres que se sepa, no lo hagas. El ojo público es el mejor regulador social. Si la gente minimizara sus secretos el DAS no tendría tantos problemas. Si usted cree que algo que va a hacer será reprobado socialmente, no lo haga, o al menos no lo haga en público, y ojo, que hacerlo frente a una cámara, hoy por hoy, es hacerlo público. Facebook, además de boletiarnos, funciona muy bien para hacer contactos, facilita las interacciones sociales para los tímidos, los flojos y los ocupados. Y si su preocupación es que sus datos estén en internet, no se preocupe, porque ahí están hace rato.
En 1954 apareció el libro Seducción del inocente, del psiquiatra Fredric Wertham. El libro alertaba contra los efectos negativos de los medios masivos de acogida popular, en su momento, los comics. Estas preocupaciones no se han disipado desde entonces, de satanizar el comic, se pasó a la televisión, a la música rock a los videojuegos y así.
Cuando se inventó la lectura, esta afectó cómo pensábamos, y nuestras expresiones visuales, y eso no fue necesariamente virulento. Efectivamente hay relación entre el uso excesivo de internet y los desordenes de atención, ansiedad social y depresión, pero también hay resultados sorprendentemente positivos. Gary Small estudió en la Universidad de California, en los Ángeles, cómo respondía el cerebro a los estímulos de un buscador de internet. Se compararon cerebros cibernautas asiduos con otros que apenas navegaban. Descubrieron que los tecnócratas usan, al tiempo, más zonas del cerebro, no sólo la parte visual y de lenguaje, sino también regiones frontales que se ocupan de la toma de decisiones y la memoria a corto plazo.
Nuestros cerebros, nuestra manera de interactuar socialmente y comunicarnos están cambiando aceleradamente. ¿Y qué? Nos estamos adaptando a un nuevo medio, que requiere otras habilidades y que tiene diferentes prioridades. Los cambios nos son buenos o malos, son sólo cambios. El miedo masivo a la globalización y democratización de la información no va a hacer que éstas se detengan. Tal vez en el futuro, eso de que los trapos sucios se lavan en casa, será simplemente una elegía a la doble moral. Facebook invade nuestra privacidad, pero nos obliga a lavar los trapos sucios afuera, y eso es fantástico, después de todo, el sol es el mejor desinfectante.

viernes, 12 de junio de 2009

I love pink!



Dos poemas que me gustan de Sylvia Plath y un cuadro de Cecily Brown, Justify my love.


Mad Girl's Love Song

I shut my eyes and all the world drops dead;
I lift my lids and all is born again.
(I think I made you up inside my head.)

The stars go waltzing out in blue and red,
And arbitrary blackness gallops in:
I shut my eyes and all the world drops dead.

I dreamed that you bewitched me into bed
And sung me moon-struck, kissed me quite insane.
(I think I made you up inside my head.)

God topples from the sky, hell's fires fade:
Exit seraphim and Satan's men:
I shut my eyes and all the world drops dead.

I fancied you'd return the way you said,
But I grow old and I forget your name.
(I think I made you up inside my head.)

I should have loved a thunderbird instead;
At least when spring comes they roar back again.
I shut my eyes and all the world drops dead.
(I think I made you up inside my head.)


Female Author

All day she plays at chess with the bones of the world:
Favored (while suddenly the rains begin
Beyond the window) she lies on cushions curled
And nibbles an occasional bonbon of sin.

Prim, pink-breasted, femenine, she nurses
Chocolate fancies in rose-papered rooms
Where polished highboys whisper creaking curses
And hothouse roses shed inmortal blooms.

The garnets on ther fingers twinkle quick
And blood reflects across the manuscript;
She muses on the odor, sweet and sick,
Of festering gardenias in a crypt,

And lost in subtle metaphor, retreats
From gray child faces crying in the streets.

lunes, 8 de junio de 2009

El Santo Cachón


Publicado en http://www.plandenoche.com/ el 8 de junio de 2009.

La fama de Agua Helada llegó hasta Bogotá. Niiiiña si parece Europa! Nuevayor! A mí la curiosidad me pica y le digo a Carlosmanuel, un amigo medioexiliado en La Samaria, que vayamos y chismosiemos la nueva discoteca a donde todoelmundo va. Nos costó trabajo encontrar la entrada, hasta que ingresamos extrañados al centro comercial. Junto a la taquilla, un grupo de chicas entaconadas y vestidas de colores, pasan el peso de su cadera de una pierna a la otra y hacen pucheros a sus chicos respectivos. Otras, un poco más ariscas, van entrado con un solo man, bien, pelo-en-pecho, que les quería pagar el cover, y mientras se cierra el ascensor alcanzamos a oír un –¡Machista! ¿Tu no respetas?-.
El ascensor se abre frente a dos niñas que bailan, de espaldas a nosotros y hacia la baranda que da al interior del lugar. El pelo castaño les llega rectecito hasta mitad de la espalda. Entramos. Hay telas blancas en el techo, palmeras, luces azules, y al fondo, unas cortinas de huérfana garciamarquiana. Eran las cinco e la mañana. Un seminarista un obrero. Con mil papeles de solvencia. Que no le dan pa ser sincero. Y nos abrimos paso al fondo donde parece que está la barra, pedimos una media de ron que vale 60 (con las seiscientasmilbarras que cuesta la botella de whisky saco visa para un sueño- digo, y Carlosmanuel se ríe aliviado porque, a fin de cuentas, el que paga es él).
Junto a la barra hay una pareja. Ellos le invirtieron al José Cuervo. La chica balancea su tacon de puntilla en la barandita de la silla, que también es larga y plateada. Tiene puesto un shortcito blanco, y un topcito morado (los diminutivos implican la talla s). La piel, anaranjado brillante, hace ver un poco más pálido su pelo liso. Paleta de colores Paris Hilton con carnes de barranquillera. El man también es un clásico. Camisa blanca remangada en los codos, reloj metemonos, jeans, contextura mediana, pelo castaño corto.
Se bailan un merengue amacizado junto a nosotros, que nos intimidamos y salimos a la terraza a fumar. Afuera el viento mueve el pelo de varias mamacitas indiscutibles, parecidas, e indistintas, como sacadas de video de Htv. Nos sentamos en unas camas blancas de plástico que hacen las veces de sofá y Carlosmanuel fuma y dice –Nojoda En Cuerpo Ajeno era excelente, soft porn horario triple A. Salvador Cerinza y el sobrevalorado Danilo Santos.- Armando el siniestro, Generoso el Guajiro-, digo yo. Mejor dicho, como si la generosidad del man fuera TAL, que antecede al epíteto.- Dice. Igual es puro nombre alegórico de novela, como las malas que se llaman Bárbara.
Youtube hace que se disminuyan mis preocupaciones por el alzheimer.
Desde el borde de la terraza vemos salir a la mona del shorticito blanco. Manotea aspavientosa con otro tipo distinto al que estaba con ella antes. Se ve más o menos lo mismo pero éste es de camisa gris y más flaco. El hombre señala a “el primo”, que estaba allá, junto a nosotros, asomado, con su camisa blanca arremangada y una copita sin tequila en la mano, mirando la pareja. Tristemente, él voltea la cabeza y se va.