martes, 15 de diciembre de 2009

Perros y gatos



En octubre el gobierno iraní liberó al periodista Maziar Bahari, detenido pocos días después del comienzo de las manifestaciones postelectorales de junio pasado. Bahari fue acusado de ser un espía de la CIA, el MI-6, Mossad y “Newsweek”, revista americana para la que trabaja. Fue retenido por el IRGC, Cuerpo de Guardia Revolucionaria Islámica, una unidad poco conocida antes de las elecciones.

Estuvo retenido por 118 días. Su torturador lo consideraba americano aunque fuera canadiense. Le contó cómo sus hermanos se habían especializado en “romper el alma de un hombre sin usar mucha violencia contra el cuerpo”. Lo encerraron en una celda de 20 pies cuadrados que parecía una tumba, lo interrogaron sobre las fiestas a las que había asistido que debían ser “como tener su propio New Jersey en Tehran” en donde urdían planes para “erradicar la religión pura de Muhammad y reemplazarla con el Islam americano, el Islam de New Jersey”. Algunos de los argumentos que sustentaban su cautiverio incluía frecuentar mujeres sin velo, ser amigo de intelectuales y artistas iraníes (espiás según el guardia) y haber sido entrevistado en The Daily Show, un programa de comedia política estadounidense.



Es evidente que el asunto fue un malentendido, pero a Bahari no le fue posible convencer a sus captores y sólo lo liberaron gracias a la presión internacional. El problema fue básicamente que un mismo gesto, ej. “que una mujer no use velo”, es interpretado de maneras diametralmente distintas en dos culturas. Si no hay un conocimiento de la otra cultura no hay traducción posible, sin un conocimiento previo del contexto cultural, el captor de Bahari no puede comprender que Newsweek es una revista y no una organización americana para el espionaje.

Este incidente me recordó un capítulo de un libro de Vitus B. Dröscher (un zoologo popular en los 70) Hay que aullar con los lobos. En uno de los capítulos del libro Dröscher habla sobre por qué no se entienden los perros y los gatos. Según Dröscher, el enfrentamiento perpetuo entre perros y gatos se debe a un problema de lenguaje. Cuando los perros estiran sus patas delanteras y levantan y mueven la cola, esto indica que quieren jugar. Cuando los gatos lo hacen, esta posición indica una amenaza. Cuando los gatos ronronean suavemente quieren cariño, mientras los perros entienden esto como un gruñido. Cuando perros y gatos se crían juntos no tienen estos problemas de lenguaje y se llevan bien, al menos según Dröscher.

Gringos e iraníes se comportan, en este caso, como perros y gatos, pues lo que unos hacen con fines cómicos los otros lo interpretan como una afrenta. Si ambas culturas tuvieran una mejor comprensión la una de la otra probablemente se resolverían muchos problemas.

La mayor dificultad que solo una minoría tiene suficientes conocimientos culturales y/o herramientas para entender al otro. Pero los soldados, los que se encuentran cara a cara en la calle, fundan su comportamiento solo en paradigmas culturales. Así como los captores de Bahari estaban convencidos de que New Jersey era un paraíso del consumismo y el pecado, occidente está convencido de muchas otras afirmaciones sobre oriente, como “que son el enemigo terrorista del imperio”.

No me crean tan hippie. La diplomacia cultural no va a solucionar todo, pero la enemistad cultural es también lo único que podemos combatir desde lo cotidiano. Tanto los iraníes como los estadounidenses se identifican el uno al otro como barbaros. En realidad, ser civilizado consiste en entender que lo bárbaro no existe.



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Me gusta pensar en soluciones como la educación diplomática en pequeñas esferas, en que cada individuo pueda hacer un microejercicio de diplomacia. Y comenzare por dejar de creer que las casas en Venezuela están todas pintadas de color curuba.

1 comentario:

Reinaldo dijo...

Hago la analogia a Babel. Y entonces a partir del momento en que los hombres empezaron a mudar y diferenciarse hasta del modo de quitarse los zapatos, empezaron las discusiones y los conflictos. Nada mas se puede esperar.