domingo, 22 de noviembre de 2009

Por los valientes



Publicado el 20 de noviembre de 2009 en la sección de Opinion de ElEspectador.com

A mí me impresiona mucho que la gente quiera casarse. Es que casarse, es más que un simple contrato, público y privado.

Cuando uno se casa con alguien no solo le está diciendo “te amo” sino que también le está diciendo “estoy dispuesto a envejecer contigo aunque me canse de ti, y creo tan ilusamente que eso va a suceder que estoy dispuesto a firmar un papel y hacer un oso publico.” Esta diciendo, “no solo eres mi pareja si no que de ahora en adelante vas a ser mi familia, familia de mi familia, y viceversa”. Esta diciendo “creo que podría reproducirme contigo y me gustas tanto que no odiaré ninguna de tus características cuando las vea aparecer en mis hijos”. Para casarse se necesita ser muy valiente.

La mayoría de las personas de mi edad que conozco tienen problemas con el compromiso. Si sus susodichos se acercan demasiado huyen, y si se alejan los persiguen. Buscamos relaciones que sabemos que no pueden funcionar para poder mantener siempre la maleta debajo de la cama. Tenemos que estudiar y trabajar y cada vez es más difícil mantenerse solo, independizarse de los padres, hacerse una carrera y en realidad no queda tiempo para construir una relación.

Somos adictos al consumo y aun en nuestras relaciones emocionales queremos consumir y consumir y consumir. Muchos somos hijos del divorcio, solo podemos hablar con sarcasmo de una relación a largo plazo. Esa es mi generación, que no cree en nada y no se conforma con nada y que cuando le dicen la palabra matrimonio siempre niega que quiera casarse, se pone su máscara de autosuficiencia y con liberalidad dice que no, aunque por dentro sueñe con alguien que sepa a la perfección cómo prepararle los huevos y el café.

Si a pesar de todo eso uno sucumbe al amor la primera opción es vivir juntos, para poder escapar por si acaso, porque eso del contrato nos parece innecesario, anticuado, y porque no estamos dispuestos a poner las manos en el fuego por nadie. El estado debería estar agradecido de que alguien, en esta época, tenga la estabilidad/desequilibrio mental y emocional como para querer hacer un compromiso legal para toda la vida, llamarlo matrimonio, y formar una familia. Por eso no entiendo por qué se discute si debe ser legal el matrimonio entre homosexuales. Negar este derecho es negar que los homosexuales son parte activa de nuestra sociedad como si eso fuera nocivo, como si ser gay fuera un problema y no una condición natural, como si esa declaración de amor y confianza tan poco frecuente, no fuera deseable en cualquier circunstancia.

Los argumentos a en contra del matrimonio gay suelen ser que:

1. “El matrimonio debe ser entre un hombre y una mujer”: ¿por qué? ¿No debería ser simplemente entre dos personas dispuestas a formar juntas una unidad social?

2. “El matrimonio es para la procreación”, lo cual invalida cruelmente las uniones de parejas estériles y hace excusable que el marido deje a su mujer porque "no le supo dar un pelao".

3. “Las parejas del mismo sexo no deben criar hijos porque estos deben crecer con una figura masculina y una femenina clara”, pero ¿quién tiene realmente eso? Si muchos hemos sido criados por un solo padre, o por la aldea (el televisor) y no por eso somos unos desadaptados sociales. Lo que los niños necesitan para crecer bien es un hogar estable y amoroso, de ahí en adelante no importa cómo sea la conformación de ese hogar.

4. “Las relaciones homosexuales son inmorales y violan la institución de la familia” que supuestamente es algo así como “un papá y una mamá, un hijo y una hija”, felices y tranquilos como en un comercial de crema dental; algo que no existe ni en la Biblia, donde en la Sagrada Familia, María estaba teniendo el hijo de otro: el modelo familiar religioso en el que está fundada la sociedad en realidad es una ficción.

En septiembre se interpuso una demanda ante la corte constitucional contra las normas que prohíben el matrimonio como contrato civil entre parejas del mismo sexo y, por ende, les niegan la posibilidad de conformar un núcleo familiar a las personas homosexuales. De todo corazón espero que esta demanda pase porque que dos personas decidan casarse es un acontecimiento de valentía, es, como dice Neneh Cherry “ser suficientemente fuerte para hacerme débil en tus brazos”: no sé como un gesto como ese, venga de quien venga, pueda hacerle daño a una sociedad.

1 comentario:

Juanita dijo...

Aunque aqui nace una discusión de hace algun tiempo con algun@s, y por que diablos queremos repetir esa sacrosanta union familiar, enseñada genracionalmente? es decir si ellos mismos nos señalan pa´ que queremos vernos como ellos?