martes, 18 de agosto de 2009

Hermenéutica de una nerda en minifalda


Versión original del artículo "La revolución en minifalda" publicado en la edición de ARCADIA MODA de julio 2009.

Antes de 1960 era normal que las mujeres se vistieran como sus madres. En los catálogos de compras de los almacenes Sears de 1962 se mostraba a madres e hijas como compañeras de costura, felices de usar la misma pinta. En los sesentas empezó ese deseo de la juventud por mostrar una expresión particular. Desde entonces los jóvenes son contraculturales por definición. Quieren y construyen su identidad como un opuesto a la del adulto, de lo establecido. Y eso, ¿cómo lo hacen? ¡Con la ropa! La ropa es su principal acción política.

En los años 60 empezaron las rebeliones de las minorías: las feministas y los negros hicieron varias protestas en EEUU, se pasó el Acta de los Derechos Civiles, que buscaba evitar la segregación, (1964). Curiosamente fue en esta época cuando apareció la (auto)-segregación en su manifestación más formal: la contracultura. Antes de los 60 la contracultura era solo una contra. Pensamiento disidente siempre ha habido, pero para que este se volviera cultura, tuvo que aglutinar un grupo y convertir sus ideas en una forma de vida, crear una pose que identificara su rebelión. Para unir a un grupo se necesitó una imagen (la ropa) y un medio masivo (la televisión). La televisión le mostro al mundo cómo se debía pensar y qué ponerse. La cajita mágica evidenció lo que era el status quo, y entonces hubo algo contra lo cual rebelarse.

¿Por qué se negaban los jóvenes hippies a usar corbata? Porque estaban interesados en rebelarse contra una sociedad que cada vez era más conformista y represiva (representada en la corbata). Los hippies, en la época de la psicodelia, que llegó a su culmen entre 1965 y 1967, eran cosmonautas del espacio interior. Por supuesto, la expresión (el término es de Alexander Trocchi) tiene que ver con el consumo de drogas en la época, que resultaba perfectamente coherente con el ideal del hipismo: buscar nuevos modelos de pensamiento, nuevas realidades distintas a Vietnam y a la gente de vida correcta y moral intachable que proponían los cincuentas.

Las imágenes de los trips pasaron al arte psicodélico y de ahí al diseño gráfico. Pronto empezaron a verse en las telas y los estampados, como un chiste interno para quienes sabían de dónde venían esos contrastes de color. Uno de los estampados más populares fueron las flores, que representaban la libertad y la comunión con la naturaleza. Las ideas de los hippies se convirtieron en ropa y después se desvanecieron relativamente rápido, pero el estilo se usa todavía, para hacer alusión, de manera muy light, a eso de hacer el amor y no la guerra.

Moda y contracultura entran en un ciclo inacabable, se reemplazan la una a la otra. Los sesentas fueron el punto álgido de la contracultura, cuando era todavía inocente y no era tan evidente que sería absorbida por la moda y regurgitada. Una vez la moda está instaurada, la contracultura la desafía, pero su irreverencia es tan atractiva que se hace popular, y al hacerlo pierde su fuerza política.

El icono sesentero que, sorprendentemente, todavía no ha banalizado su carga contestataria es la minifalda. En 1966 Mary Quant empezó a producir mini vestidos con el dobladillo 6 o 7 pulgadas arriba de la rodilla. Tomó la idea de los diseños hechos por André Courrègues. Cuando Courrègues, más adelante dijo que él había inventado la minifalda, Quant dijo, no la inventó ninguno, fueron las chicas en la calle.

Estas tendencias de la calle se han visto en revistas como Rags, que se publicaba mensualmente en San Francisco entre junio de 1970 y junio de 1971, y tenía artículos que mostraban, por ejemplo, la moda de las lesbianas. La versión contemporánea sería el blog The Sartorialist (thesartorialist.blogspot.com), que recoge las últimas tendencias del street fashion, y los desafíos espontáneos a la alta costura.

Fue la calle la que inventó la minifalda, una prenda paradójica porque sugiere poder y vulnerabilidad, independencia de los hombres y un deseo por complacerlos, un intento por cubrir y revelar, liberación y explotación. Por eso fue simultáneamente amada y condenada. Señalaba el cambio entre una mujer que pasaba de ser esposa y madre a alguien joven, soltera, orgullosa de su sexualidad y segura de su poder.

Hoy en día la minifalda sólo despierta tanto revuelo en aquellos con altiplanicie mental. Pero precisamente por eso, porque hay quien la condena, todavía es válida como forma de rebelarse. La minifalda en la gata es moda (porque es obvia), la minifalda en la nerda es contracultura (porque fueron las académicas feministas las que se rebelaron contra la falda y decidieron usar pantalón).

Elizabeth Smith Miller, una sufragista estadounidense en 1800, fue la primera mujer en usar pantalón, para disentir del modelo de mujer de la época, envarillada en su corset, sumisa y obediente. Los pantaloons se hicieron populares por otras sufragistas, Amelia Jenks Blommer y Fanny Wright, otra feminista que dirigía el periódico Free Inquirer en 1825. Una de las colaboradoras de esta publicación, Elizabeth Cady Stanton, resumió lo que significaba para las mujeres de la época usar pantalones: la pregunta ya no es ¿cómo te ves, si no, ¿cómo te sientes?. No era sólo un cambio de imagen, era un cambio de perspectiva.

Ser contracultural es cambiar la perspectiva. Por eso, si el feminismo de hoy quiere ser contracultural, tiene que reconquistar la minifalda, como hicieron los gays con el bigote. En los setentas, el bigote fue recogido por los homosexuales como emblema, como parodia. De esta manera, el bigote dejó de estar ligado al concepto de virilidad; cualquiera puede ser viril, basta con pegarse un bigote. Un feminismo contracultural buscaría retar los modelos de mujer impuestos por la sociedad: Ej. Las académicas usan pantalones y pelo corto y nunca tacones y maquillaje. De hecho, esto hacen muchas chicas que trabajan en un campo laboral reconocido como masculino; la academia, la fuerza pública y la política.

Rebelarse contra el status quo implica asumir una posición, una imagen, entonces, una minifalda deja de ser una prenda para convertirse en un símbolo. Le debemos a los sesentas la minifalda, pieza que ha cambiado de bando una y otra vez, y continua teniendo una carga política. Le debemos la contracultura a los sesentas porque en ellos nace la idea de juventud. La juventud necesita unirse para tener una sensación de identidad, y rebelarse contra el establecimiento para definirse. Por eso contracultura y juventud nacen juntos, y persisten en su unión como siameses.

Contracultura y moda están ensartadas en una dialéctica que mueve la historia, las ideas, la economía, y la estética. Se persiguen, como dos serpientes mordiéndose la cola. Lo dice mejor una chica en minifalda: más que oponerse, la moda y la contracultura se complementan como hombre con hombre y también mujer con el hombre del mismo modo, en el sentido contrario…”



12 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente columna Catalina por cosas esta es te llevas todo mi respeto y mi amor...take care...

Poblin King dijo...

Es tan bueno que me da un poco de pena no poner un comentario a la altura. Gracias por seguir abriéndome los ojos a lo profundamente superficial.

JuanOS dijo...

Algunas dudas: La Contracultura ¿estaría condenada a perder el impulso de sus participantes por el envejecimiento de estos?, ¿implica siempre una posición estética?, ¿debe necesariamente manifestarse a los demás?, ¿si no se manifiesta, podría generar al sociópata?, ¿no permite simplemente actuar en contra? (De las minifaldas no preguntaré, me gustan, pero no me parece que un porcentaje siquiera mínimo de mujeres tengan una fundamentación tan elaborada o sofisticada para decidir su uso; es muy generoso afirmar lo contrario, en todo caso, todo es un proceso).

astronautaperdido dijo...

Encantador artículo o post o expresión de ideas. Aprendí de moda, un tema que desconozco absolutamente y me divertí leyendo...

Simplemente yo pienso quizá ingenuamente pero con mucha esperanza, que el legado hippie no ha quedado atrás. Es por ello que hoy hablamos de polución ambiental, de ecodiseño, de búsqueda de la felicidad y la paz interior... Si, se ha comercializado, si, se ha banalizado, si, la economía y la tv han absorbido el mensaje y nos lo han entregado en forma de "compre, compre ahora", cierto...

Pero para mi, de nuevo quizá ingenuamente, parte de la vida es mantener vivo el sueño hippie:

http://www.flickr.com/photos/federicoruiz/3770487374/

Anónimo dijo...

bueno , aca que estamos todavia en los 50's y que se viene la guerra de vietnam... vendria bien que mas nerdas usaran mas minifaldas, pero por otro lado, me asustò mucho ver a vichi davila en minifalda entrevistando a hugo chaves...

Emmanuel Ariza dijo...

no se por que al leer tu articulo me acuerdo de una linea de una cancion de Hora Local:

"los Hippies encontraron solucion para todo, menos para los problemas"

Un Saludo catalinaPorDios

camilopalabra dijo...

En un país tan vetusto como Colombia, donde las mujeres más que nada son objetos decorativos (Cuanto nos complacen los reinados de belleza y el decir con mueca de varón envalentonado, que nuestras mujeres son las más lindas)no sé hasta que punto una minifalda pueda representar la libertad de la mujer. Las representaciones contestatarias terminan siendo mitificadas por el sistema para posteriormente convertirlas en mercado. Pasó con todo, los hippies, los punks, los bohemios, los _"artistas". las modas, uniformizan a los hombres y al hacerlo, debilitan el caracter transgresor que tenían al comienzo.

La mujer no necesita mostrar más su cuerpo para ganar un espacio, lo que necesita es recuperar su voz, pero una voz que no sea más un eco de las fantasías de los hombres (por supuesto que a mi me parecen muy sexys las minifaldas, a quien no?). Ahora, cómo recuperar esa voz, cómo conseguir validar a la mujer sin que esta Remplace su ideario por el "poderio masculino" y por ende, repita los mismos errores que llevamos haciendo por siglos y siglos? Pregunta jodidisima, y que por supuesto no se va a resolver en los "comentarios" de un Blog.

La diversidad debe ser contemplada, nada más aterrador que la igualdad absoluta entre hombres y mujeres, sería una vida sin chispa, sin imaginación, sin sensualidad, sin aventura, pero como lograr que la mujer ocupe un lugar preponderante donde su cuerpo no sea lo único que tiene la capacidad de "hablar"??

La conquista la tienen que hacer ustedes. Muchas veces, las más machistas son las mujeres...

ApoloDuvalis dijo...

Pues uno esperaría que en una ciudad tropical como Cali las faldas y minifaldas fueran más populares entre las jóvenes, pero lo que más se ve son los jeans sin bolsillos (desastre). Las "raras" que consideran el jean un símbolo del consumismo gringo, prefieren los pantalones de cuadritos o de dril, rara vez una minifalda.

Muy bacano que nos pensemos (hombres y mujeres) qué postura política queremos expresar con la forma como nos vestimos, no sólo usando el criterio de qué tanto lo que me pongo me ayuda a "levantar". Y ojalá nos tomáramos en serio la responsabilidad de la contracultura (si no cuestionamos las falla de lo establecido cuando somos jóvenes, ¿entonces cuándo?) en lugar de solamente ver cómo encajamos para ser aceptados fácilmente.

Anónimo dijo...

Bueno, a mi no me gusta usar minifalda, siempre me ha parecido incómoda, en mi caso, en casa me han obligado practicamente porque " te sienta bien" "porque sino lo haces vas a parecer una "marimacha" "qué desperdicio no mostrar las piernas" "que pecaito".Para mí que puedo ser una excepción ya lo sé, ha sido una tortura ponerme una minifalda, es incómoda. Esto lo digo porque creo que el uso de una prenda simbólica en un contexto machista, cerril y obtuso es un arma de doble filo. Me parece mas bien que las mujeres deberían reafirmarse con sus gustos, no los que les imponen por reglas de belleza o el ser sexi etc etc. Estoy de acuerdo con Camilo, la mujer debería búscar su VOZ de otra manera, sin miedo a las etiquetas o al esteriotipo, atreverse a no ser parte del canón de belleza creado por los hombres y nutrido por las mujeres. A sentirse cómodas en su propia piel con cualquier prenda, sin necesidad de demostrar a toda costa que se es sexi y contracultural al mismo tiempo. A mi me cansa, tengo ganas de ser valorada como cualquier hombre que no necesita maquillarse o vestirse sexi para que le digan guapo, bonito o interesante.
En fin, habrá que enseñarle a las jovencitas de este pais, no a las privilegiadas que van a la universidad y reciben clases de género y todas esas cosas, cómo es eso de ser contracultural con la minifalda y no con unas tetas postizas.
Licia

Natuzzx dijo...

estoy leyendo esta columna un dia despues del dia de la mujer, y definitivamentemehizo abri los ojos frente al concepto que ya habia arraigado en mi mente sobre moda y el efecto social, politico y cultural que causa este sobre el ser humano,el invento de la falda en su epoca resulto ser util para la manifestacion de una idea, la liberacion del ser oprimido, pero hoy en dia ya no se puede decir lo mismo,una vez me hicieron la pregunta ¿que piensa usted de las reinas de belleza? y yo sin pensarlo dos veces dije que eran innecesarias,hoy con este articulo, pienso que una falda y un maquillaje elaborado no hace a una mujer.

Natuzzx dijo...

Estoy leyendo esta columna un dia despues del dia de la mujer, y definitivamentemehizo abri los ojos frente al concepto que ya habia arraigado en mi mente sobre moda y el efecto social, politico y cultural que causa este sobre el ser humano,el invento de la falda en su epoca resulto ser util para la manifestacion de una idea, la liberacion del ser oprimido, pero hoy en dia ya no se puede decir lo mismo,una vez me hicieron la pregunta ¿que piensa usted de las reinas de belleza? y yo sin pensarlo dos veces dije que eran innecesarias,hoy con este articulo, pienso que una falda y un maquillaje elaborado no hace a una mujer.

Anónimo dijo...

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